Ejercicio ‘Sirio’ 04. San Gregorio (Zaragoza)

La primera vez que fui a San Gregorio fue en octubre de 2004. Una experiencia inolvidable. Supongo que a quienes van allí por trabajo, les resultará indiferente (y bastante incómodo); a mí, aquel enorme desierto a las afueras de Zaragoza me dejó anonadado.

En aquel año, el Farnesio tenía programadas dos maniobras ‘Beta’. Aclaro, por si hay alguien que lee esto y no es de la “empresa”: las maniobras se denominan ‘Alfa’ si son para las unidades tipo compañía/escuadrón/batería. ‘Beta’, para las unidades Regimiento/Grupo; y finalmente ‘Gamma’, para las grandes unidades tipo Brigada y superior.

Ejercicio
© Carlos Molero

Bueno, sigo. Que el Farnesio tenía, en 2004, dos ‘Beta’ en San Gregorio: una en febrero y otra en octubre. El coronel del Regimiento me había animado a ir en febrero con ellos, pero al final no pudo ser por cuestiones laborales. ¡Menos mal!, porque esas maniobras fueron especialmente sufridas: frío, nieve, viento… Ya colgaré otro día algunas fotos de aquello, del ejercicio ‘Dragón’ 04.

Pero en octubre, sí; en octubre, al ‘Sirio’ sí que me alisté, y me dejaron ir. Unas maniobras bautizadas con el nombre de mi estrella favorita del firmamento de inverno tenían que salir bien sin ninguna duda; ¡y vaya que sí! (al menos para mí).

Ejercicio
© Carlos Molero

Recuerdo que, allí en San Gregorio, todo lo miro con curiosidad; con ojos de niño, supongo. Llevaba ya siete años cultivando la amistad de los jinetes de Farnesio en aquel Núcleo de Control de Material que tanta ‘marcha’ tenía en el cuartel de San Isidro, en Valladolid; hasta entonces el Regimiento había permanecido así como en la sombra, sin tropa, sin medios prácticamente; como una unidad movilizable en caso de necesidad. Pero en 2004, la situación era justo lo contraria, se había producido un giro de 180º

Hacía menos de un año que el Farnesio se había convertido en el Regimiento de Caballería de la División Mecanizada “Brunete”; tenía una organización muy potente, con dos grupos de Caballería entre los que se repartían tres escuadrones ligeros acorazados, uno mecanizado y uno de carros de combate; más un escuadrón de Plana Mayor y Servicios. El Regimiento que yo me encuentro desplegado en San Gregorio es, para mí, es-pec-ta-cu-lar: carros de combate M-60 ya un poco viejetes, sí; Vehículos de Exploración de Caballería, TOAs M-113, portamorteros, BMR contracarro… Y además, dos escuadrones que acaban de regresar a España de misión: uno de Kosovo y el otro, nada menos que de Iraq, de donde había vuelto después de entrar en combate en varias ocasiones con los seguidores del clérigo chií Moqtada Al Sadr (lo puedes leer aquí)

Ejercicio
© Carlos Molero

Sigo, que me enrollo. Ese sábado de octubre de 2004, -¿qué sería, el 9?-, hace bueno, temperatura perfecta, se puede estar en camisa sin pasar frío. Sol, una brisilla de lo más agradable. Lo que más recuerdo ahora es el azul del cielo. El azul del cielo y las nubes, unos cúmulos blancos durante toda la jornada que van y vienen, y que ponen el fondo perfecto para las fotos que no paro de sacar en todo el día. Ya ves que no tienen gran resolución, pues aún no tenía digital y las conservo en papel.

Y te preguntarás que en qué demonios me entretengo allí, en San Gregorio, todo aquel sábado. Pues como dirían algunas madres, en ‘hacer el zascandil’, je, je. Primero me llevan al vivac del Regimiento, donde me espera el coronel Mayoral; un poco de charla distendida, un paseo por el despliegue -que si la tienda comedor por aquí, que si la cantina por allá, que si las cocinas, que si el ‘Papa Charlie’, que si el nido de evacuación de heridos…

Ejercicio
© Carlos Molero

La primera sorpresa del día, aunque todo el día sea eso, una sorpresa tras otra: desde allí me voy al vivac del Grupo Ligero que andaba desplegado no recuerdo dónde. Otro inciso. San Gregorio es un desierto, sí; pero tiene sus referencias para guiarse: vértices, parideras y corrales abandonados, accidentes geográficos… En aquel momento no los conocía. Después, con el paso del tiempo, unas cuantas visitas más en años posteriores y un poco de curiosidad, pues han terminado por hacérseme familiares: la Cuesta del reloj, Tocaburros, el Corral de Matías, Tres Poyetes, la Hoya del borracho, la Paridera del Santísimo…

El caso es que a algún sitio de ésos me voy, para ver al Grupo Ligero. Voy a ir en un todoterreno, pero la sopresa es que, de repente, el capitán del Escuadrón de Plana me presta un chaleco antifragmentos, pues me anuncia que el traslado lo voy a hacer en un VEC, “bicho” al que me subo por primera vez en mi vida. Aún recuerdo, de pie dentro de la torre, junto al capitán del 1º Ligero, cómo me sube por las entrañas la vibración del motor que me corre desde los pies a la garganta, el viento que me azota el rostro, los continuos botes y frenazos, el polvo que levanta este leviatán de 17 toneladas de acero. Mientras nos vamos aproximando al vivac, nos cruzamos de cuando en cuando con otras unidades que también andan de ejercicio por allí, y con una sección ligera acorazada del Regimiento en plena ‘rotura del contacto’ frente a un supuesto enemigo.

Ejercicio
© Carlos Molero

Ya en el vivac del GCLAC, rancho y conversación; y más fotos, estupendas. Después de comer, mi tocayo Carlos me muestra cómo es por dentro un carro de combate M-60, me doy un paseo por el ‘segundo escalón’ -que es cómo, en la ‘mili’, llaman a lo que el común de los mortales entiende por taller-, veo un reabastecimiento de vehículos, el municionamiento de los M-60 del Escuadrón de Carros; y finalmente, ya avanzanda la tarde, acompañamiento al escuadrón mecanizado para ver un tiro con los morteros pesados, de 120 mm. Otro momento también inolvidable. Y de propina, regreso al vivac del Regimiento, no en todoterreno sino en el TOA con el capitán del “Meca”. Aprendo en ese trayecto un nuevo significado de la palabra zarandeo…

Ejercicio
© Carlos Molero

Y con las nubes ya tomando el color cárdeno que precede a la noche y el sol despidiéndome con su último guiño. Con el cuerpo aún recuperándose de vibraciones, golpes y zarandeos y el espíritu pleno de Caballería, dejo atrás las verjas del campo de San Gregorio para volver a mi mundo cotidiano; aunque me voy con la certeza absoluta de que, ya para siempre, a mi mundo cotidiano se unirá aquel secarral que dejo atrás y los hombres y mujeres que me han hecho sentir parte de él.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s