Ejercicio “LAGEX 2017” – San Gregorio (Zaragoza)

Jueves, seis menos diez de la madrugada. En Salamanca, donde estudia, David vuelve a casa después de una noche de fiesta. A esa misma hora, en Elche Juan Andrés prepara un nuevo biberón para su pequeño, hoy ha tocado noche toledana. En Soria, Patricia y Fernando duermen por fin en casa tras su viaje de una semana por Rumanía con ‘El Club de los 60’. Marta, en Guadalajara, termina de darse un toquecito de maquillaje en los pómulos antes de salir a coger el tren que le llevará a su trabajo en Madrid. Y en Badajoz,  Hakim sigue aún repasando temas para la oposición. Todos ellos viven bajo las estrellas del mismo cielo, en el mismo territorio y con la tranquilidad de saberse protegidos, incluso sin saberlo.

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Revisando el Centauro para que todo esté a punto. © Carlos Molero

Porque a esa misma hora, en medio de la noche, en un lugar remoto de Zaragoza, azotado por un viento gélido que no da tregua, Héctor, Luismi, Alberto, Sonia, Cris, Álvaro… hace rato que, un día más, están ya en marcha, ocupando sus posiciones frente a un enemigo imaginario, para repetir de nuevo procedimientos, tácticas, movimientos que engrasen la máquina que garantiza la seguridad de los españoles.

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El amanecer nos trae la incertidumbre del nuevo día, desplegados en una línea de posiciones en las “Casas Altas del Castellar”. © Carlos Molero

El lugar es un paraje conocido como “Casas Altas del Castellar”, en el Centro Nacional de Adiestramiento “San Gregorio”; el viento se llama cierzo y es la pesadilla invisible que se cuela a esta hora -y todas las horas- en esta inhóspita llanura de 33.000 hectáreas, antiguas tierras de pastoreo. Y allí desplegada, en “Casas Altas del Castellar”, está la máquina, el Grupo de Caballería “Santiago” I/12, el elemento de maniobra de nuestro Regimiento.

Ejercicio “LAGEX 17” de la Brigada Galicia VII

Pero no estamos solos. Si uno sobrevolase el campo de maniobras, encontraría por aquí y por allá a los zapadores, los batallones de infantes, la Artillería, el Grupo Logístico y el Cuartel General de nuestra Brigada, la “Galicia” VII, que entre el 5 y el 14 de noviembre ejecuta el ejercicio “LAGEX 17”.

Quizás Hakim, Marta, Fernando, Patricia, Juan Andrés o David no sepan muy bien, o no lo sepan en absoluto, qué supone “jugar a la guerra” durante nueve días, nueve días -uno tras otro- en los que el viento no deja de soplar, con una fuerza tal que los meteorólogos avisan, nivel amarillo, pues temen que se dispare hasta los 70 kilómetros por hora. Y de eso parece vanagloriarse ese vanidoso invisible, que te empuja, te rodea, se te mete en las entrañas, lo llena todo de polvo y tierra, azota metódicamente tu tienda de campaña por la noche, te arroja encima las lonas para que te golpeen mientras intentas dormir, obliga al matorral a inclinarse una y otra vez a tu paso; por todas partes, allá donde mires en ese infinito campo desolado, aliagas, tomillos, romeros te saludan como peleles empujados por el viento, y a ratos, parece incluso que el chaparral se carcajea de ti.

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En las “Casas Bajas del Castellar”, preparados ya para empezar con las actividades de día. © Carlos Molero

Y el viento es, digamos, la guinda del pastel que ya, hace cientos de años, describió en uno de sus momentos de lucidez el ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha en su “curioso discurso de las letras y las armas”: Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno se suele reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa, con solo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vacío, tengo por averiguado que debe de salir frío, contra toda naturaleza. Pues esperad que espere que llegue la noche para restaurarse de todas estas incomodidades en la cama que le aguarda, la cual, si no es por su culpa, jamás pecará de estrecha: que bien puede medir en la tierra los pies que quisiere y revolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las sábanas.

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“Adelante, jinetes de Farnesio, altas las frenes y alto el corazón”. © Carlos Molero

Son nueve días -uno tras otro- de comer en algún momento, quizás bajo la lona de la tienda comedor, quizás al amparo de un mísero chozo de pastor derruido en medio de ninguna parte, con frío y viento. De añorar el agua caliente, de intentar ducharse en algún momento. De subir y bajar de los vehículos acorazados, de moverte de acá para allá no importa la hora del día o de la noche, de dormir cuando sea posible, de tratar de solucionar mil y una averías que surgen un día tras otro, pues los “caballos”, los pobres, ya están mayores y tienen sus achaques. Y es que hay que hacer más con menos, ésa es la consigna. Quizás con más presupuesto… Sí, pero San Gregorio está muy lejos de los oídos que podrían atender esas palabras, el viento es muy fuerte y, por qué no decirlo, ni David, ni Patricia, ni Juan Andrés, Marta o Hakim, que no saben lo que aquí se hace, verían probablemente con buenos ojos invertir más presupuesto en la máquina que garantiza su seguridad, habiendo como hay otras necesidades, que es esa especie de mantra que todo lo aparca.

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Al caer la tarde, siempre hay un momento para recordar a quienes nos precedieron en el servicio a España. © Carlos Molero

¿Y cómo consigue uno sobrevivir tan en precario? ¿De dónde sale la comida que a uno le sirven en la bandeja?¿Qué pasa con el combustible?¿Cómo se puede reparar la mecánica de un monstruo de decenas de toneladas de acero en medio de la nada?¿Y si uno cae enfermo, sufre un accidente, se tuerce un tobillo o se rompe una muñeca? Para eso está el Escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que tiene preparado el comedor para que, cuando vuelvan de sus misiones, los jinetes de los escuadrones ligeros acorazados puedan sentarse a comer; que mantiene el taller de mantenimiento -el segundo escalón en la jerga- ‘non stop’ 24/7 para que puedan salir al día siguiente con sus vehículos, que se encarga de la asistencia sanitaria, que garantiza el enlace radio. Y como además es responsable de la protección del puesto de mando, pues se apunta en esta ocasión el tanto de realizar con éxito el primer disparo del nuevo misil contracarro ‘Spike’.

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VRCC-105 “Centauro” del Regimiento, junto a la “Caseta de Curdi”, momentos antes de iniciar un ejercicio de tiro en el asentamiento de “Tres Poyetes”. © Carlos Molero

Pero si Plana Mayor y Servicios está que no para, los dos escuadrones ligeros acorazados tampoco están holgazaneando, ni mucho menos, que a San Gregorio no hemos venido a pasar los días sin más. Tiro de mortero, tiro con las armas de dotación de los vehículos acorazados: cañón de 105 mm. del Centauro, cañón de 25 mm. del VEC, ametralladoras de 7,62 mm., lanzadores fumígenos… Durante un par de horas, en el asentamiento de ‘Tres poyetes’ se suceden las detonaciones, el tableteo de las armas automáticas, las entradas y salidas de posición de los VEC y los Centauro.

Y despliegues de líneas de posiciones, zonas de reunión, zonas de espera, pasos de línea a vanguardia, cruce de brechas… piezas del catálogo de misiones que tienen asignadas los hombres y mujeres que, dentro de nuestro Ejército, lucen en el parche las lanzas y los sables. Y esperas, muchas esperas, porque como dicen los guerreros viejos, la guerra es un 95 por ciento de espera y un cinco por ciento de tiros.

En el ‘poblado afgano’

Hay, además, visita VIP, nada menos que el general jefe de la Fuerza Terrestre, que viene a comprobar de primera mano el nivel de adiestramiento de la Brigada. Así que nos vamos al ‘poblado afgano’, el polígono de combate en población levantado en las “Casas Altas del Castellar”, donde al parecer la insurgencia, o los rebeldes, o los terroristas, o el enemigo -póngale el nombre que prefiera- se ha hecho fuerte, y va a haber que sacarlo de ahí, tiene toda la pinta de que por las malas.

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Pelotón de Caballería de nuestro Regimiento proporciona apoyo a una sección de Infantería que progresa por el polígono de combate en población -el ‘Poblado afgano-‘ en un ejercicio ejecutado ante el teniente general jefe de la Fuerza Terrestre, el FUTER Juan Gómez de Salazar. Por cierto, a esto se le denomina DVD: Distinguished Visitor Display. © Carlos Molero

De ello se va a encargar una sección de Infantería del batallón “Zamora”, apoyada en proximidad por un pelotón del Farnesio, con dos Vehículos de Exploración de Caballería. Nuestro grupo táctico permanece en anillo alrededor del poblado, un cerco que evite la huida del ‘enemigo’. Con los vehículos acorazados desplegados en desenfilada de torre, se sigue con atención cada movimiento en el poblado. Nos acompañan equipos OFA (observadores de fuegos aéreos) de Artillería, que se encuentran agregados al grupo, y en algún momento se les hará saltar a pista, cuando el rival se ponga cabezón y haya que ablandarlo.

Y así es, serpenteando a ras de suelo, no tardan en dejarse ver a retaguardia de nuestro despliegue dos helicópteros de ataque Tigre de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, nos sobrepasan como una exhalación y se lanzan en vuelo imposible sobre las casas del poblado, todas ellas tan iguales de forma y color que es difícil orientarse. Aunque bien pensado, de eso se trata, de hacer que las cosas, en los ejercicios, sean difíciles. ¿Cómo era aquello que decía el general Patton? “Una pinta de sudor te ahorra un galón de sangre”.

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Durante el tema ejecutado ante el general de la Fuerza Terrestre en el polígono de combate en población, intervienen helicópteros Tigre de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET). © Carlos Molero

“Valquiria para Lince, endex, endex”. El final del ejercicio se recibe con júbilo, tras más de siete horas rodando por el campo, y nos lleva en un repliegue en columna por una vaguada hasta el vivac en “Casas Bajas del Castellar”, unos minutos colmados de todo lo que uno pueda asociar con el concepto de la Caballería: velocidad, movimiento, viento, sol, polvo, arena, ruido, potencia… Hasta un águila real parece querer unirse a este escuadrón de acero y nos sobrevuela con su amenazadora silueta.

Conseguir que todo esto funcione requiere de paciencia, planificación, dosis de flexibilidad para adaptarse con rapidez a los cambios de programación de actividades que se van produciendo sobre la marcha. Eso supone que a todo este ir y venir se añadan reuniones de coordinación con el cuartel general de la Brigada, exposiciones de los temas tácticos que se ejecutarán en las próximas horas, diarios sitrep -puntos de situación- en los que se informa del estado de la Unidad -cuánta gente estamos, dónde y qué se come mañana, cuánto combustible hace falta, plan de actividades, a quién se ha evacuado al hospital-,  de las modificaciones en previsiones, horarios, despliegues… y de la previsión meteorológico, que anuncia que al huracán de la Caballería le va a seguir haciendo sombra el maldito cierzo hasta que el Regimiento vuelva, algún día de éstos, a la Base Militar “El Empecinado” tras concluir el LAGEX 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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