¿Quién fue Jorge Cristián, el “Príncipe de Hersemburgo”?

Entre los miles de documentos de los Archivos Generales del Reino de Bélgica, en Bruselas, se conserva una conformidad que dice haberse despachado “otra patente al Príncipe de Ombergh en Mons a 7 de marzo de 1649 de Maestre de campo de un tercio de Caballería que se ha de formar con cinco compañías de caballos, a saber, la del dicho maestre de campo, la del capitán La Haut, su sargento mayor, y las de los capitanes Croy y Andres Coog”.

Patente Ombergh
Conformidad para la patente de maestre de campo al príncipe de Ombergh.

Y de Bruselas, saltamos a Madrid, a la Real Academia de la Historia, entre cuyos fondos se custodia la colección “Salazar y Castro”, un gigantesco archivo de documentos oficiales que abarca desde la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XVIII. Entre esa infinidad de papeles, nos interesa fijarnos en uno en concreto, una carta con fecha de 3 de agosto de 1653, archivada en el volumen A-94 -dedicado a la correspondencia del landgraviato de Hessen-Homburg-, que en el índice viene resumida de esta manera: “Carta de Jorge Cristián, landgrave de Hessen-Homburg, a Luis Méndez de Haro, en la que se queja de que el archiduque de Austria, Leopoldo Guillermo, haya dispuesto del mando de su regimiento de Caballería de Flandes”.

Retrato del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg. Fuente: Wikipedia

Ambos documentos nos pueden interesar porque, de alguna manera, marcan el comienzo y el final del servicio a las armas reales de este príncipe alemán, Jorge Cristián, primer maestre de campo de aquel tercio que se iba a crear en Flandes con cinco compañías de caballos y que, con el tiempo, se ha convertido en nuestro actual Regimiento de Caballería “Farnesio” 12. Y de paso, nos permiten rectificar la identidad de ese “Príncipe de Ombergh”, al que durante muchos años se ha identificado como Federico II de Hessen-Homburg, primer maestre de campo del “Farnesio”. No fue a Federico, sino a su hermano mayor, Jorge Cristián, a quien se concedió la patente para el mando del tercio de Caballería.

El landgrave Jorge Cristián fue un personaje peculiar, muy de su época, y tenemos la suerte de que una historiadora alemana, Margarete Hintereicher, dedicase en 1985 un minucioso estudio a su biografía, lo que nos permite conocer muchos detalles y vicisitudes de la vida de este príncipe protestante que sirvió bajo las banderas de los Austrias en Flandes, se convirtió al catolicismo en 1651, viajó a España en busca de mejorar su posición, y por discrepancias sobre el tratamiento que había de recibir por parte del rey Felipe IV, terminó alistándose en el bando francés.

Caballería en Flandes, siglo XVII. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau

Conozcamos, pues, a quien fue el primer jefe que tuvo nuestro Regimiento Farnesio. Jorge Cristián de Hesse-Homburg nace el 10 de diciembre de 1626 en la actual ciudad de Bad Homburg vor der Höhe, que se encuentra a unos kilómetros al norte de Frankfurt (Alemania). Es el cuarto de los seis hijos del matrimonio formado por Federico, primer landgrave de Hessen-Homburg, y Margarita Isabel de Leiningen-Westerburg. Jorge Cristián no ostenta el título de landgrave de Hessen-Homburg hasta el año 1669, fecha en que le compra el landgraviato a su hermano mayor Guillermo Cristóbal, si bien en la documentación española aparece siempre mencionado como príncipe de Omburch, de Ombergh, o de Omburgh.

Es Hessen-Homburg, en su origen, un pequeño landgraviato surgido en 1622 por decisión del landgrave Luis V de Hesse-Darmstadt, estado vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico, de ceder a su hermano Federico la autoridad civil sobre esa parte del territorio de Hesse. Federico I es landgrave de Hessen-Homburg hasta su muerte en 1638, quedando entonces al frente del principado su viuda Margarita Isabel hasta 1648, en que es nombrado landgrave su tercer hijo, el ya citado Guillermo Cristóbal.

Con poco más de 20 años, Jorge Cristián pasa a servir en el Ejército del rey Felipe IV en Flandes. Su biógrafa Margarete Hintereicher sostiene que su alistamiento se debe a las gestiones que su primo Jorge II de Hesse-Darmstadt hace ante el gobernador de los Países Bajos, Leopoldo Guillermo de Habsburgo. Tal vez pueda extrañar la presencia de hombres de armas alemanes en los Ejércitos de los Austria, mas hay que tener en cuenta que el Sacro Imperio pasó por herencia a la Corona de España con Carlos I.

En esas tierras, desde entonces, se van reclutando tropas para las guerras que sostiene el emperador y sus descendientes. Con el paso de los años, y en especial en el siglo XVII, la recluta se ampliará a zonas del norte de Alemania, en los principados y obispados de religión protestante. Recluta que dará lugar a la distinción entre alemanes “altos” (los procedentes de zonas católicas) y “bajos”, de religión protestante, tal y como explica el historiador italiano Davide Maffi en su libro “En defensa del Imperio”.

Esa captación tiene dos objetivos. Por una parte, reforzar el dispositivo militar de la Corona de España; y por otra, evitar que esas fuerzas militares puedan ser puestas al servicio del rey de Francia, el principal enemigo de España. La presencia de alemanes en las filas del Ejército de Flandes no es, ni mucho menos, testimonial. El mismo Maffi explica que en diciembre de 1649, por ejemplo, la Infantería en Flandes está formada por 46.176 soldados, de los cuales 14.607 -es decir el 31,63 por ciento- son de origen alemán.

Patente de capitán

Pero volvamos a Jorge Cristián. El primer documento oficial que se conserva de su vida militar al servicio de España es la patente de capitán que se le concede en Bruselas el 21 de diciembre de 1648, para el mando una compañía de cien caballos-corazas que se encuentra vacante tras el deceso de su titular, el conde de Estrée. Este conde era Claude François d’Ongnies, uno de los muchos jefes de Caballería muertos en la batalla de Lens, en agosto de ese mismo año. Precisamente el deficiente empleo del Arma en esa batalla animará definitivamente al rey Felipe IV a agrupar sus compañías de Caballería en tercios, uno de los cuales -como veíamos al principio- queda al mando de Jorge Cristián de Hesse-Homburg. Tiene en ese momento 22 años.

Firma autógrafa del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg

El tercio de nuestro príncipe de Hessen-Homburg formará parte de la que, en las relaciones y documentos de la época, se denomina Caballería de Saint Omer y Aire, por tener sus acuartelamientos en las ciudades de Saint Omer y Ayre-sûr-la-Lys, en el actual departamento francés del Paso de Calais. Incluso en la relación de la campaña de Flandes del año 1650, que el secretario de avisos secretos de guerra Juan Antonio Vincart envía al rey Felipe IV, se puede leer una mención al tercio de Hessen-Homburg entre las primeras fuerzas que acuden a sitiar la plaza de Mouzon: “En esto, el marqués de Molenguien, habiéndose separado del Ejército, con la brigada de Don Baltasar Mercader, los Regimientos de Caballería del Príncipe de Omburch, del Príncipe de Guildeben…” Como curiosidad, dicho lugar, Mouzon, aparece mencionado en el himno del Regimiento Farnesio, compuesto en 1949, y si algún lector se lo sabe o lo ha cantado alguna vez, le resultará familiar: “¡Vivan los escuadrones de Farnesio, que triunfaron en Flandes y en Monzón!” (sic).

Relacion 1650
Página 70 de la “Relación de los sucesos de las Armas de Su Majestad en Flandes” del secretario Juan Antonio Vincart, correspondiente al año 1650. En el párrafo derecho, hay una mención al Regimiento de Cavallería (sic) del Príncipe de homburch

En 1651, y por motivos que nunca se aclararon, el príncipe Jorge Cristián se convierte al catolicismo, tomando los servicios espirituales de un jesuita francés, el canónigo Jean Arnauld. En noviembre de ese mismo año, Jorge Cristián envía una carta al rey Felipe IV, fechada en el campo cerca de Mons, en la que le informa de su conversión y le insiste en su voluntad de servir al Rey Católico: “Si bien es verdad que me he preciado siempre de muy obediente servidor de Vuestra Majestad, ahora me queda mayor confianza y eficacia de servirla, con los felices sucesos y gloriosos efectos que me puedo prometer de la divina que por su misericordia infinita me tiene alumbrado con la Santa Fe Católica Apostólica y Romana […] necesito de suplicar a Vuestra Majestad sea el norte, y amparo mío, y me haga dichoso en todo, mandome con especial favor en las ocasiones que siempre estimare las que se me olviden en este servicio a Vuestra Majestad y que puedan descubrir que para lo que importare, la de ser mi voluntad conforme a la de Vuestra Majestad, cuya Católica y Real Persona Guarde Dios… Animado por la respuesta que recibe de la Corte de Madrid, y pese a las recomendaciones familiares en contrario, Jorge Cristián decide viajar a España en el verano de 1652 en busca de favores y de mejorar su situación personal. Lo hace acompañado por el canónigo Arnauld y un sirviente.

El joven Hessen-Homburg es, desde luego, un príncipe ambicioso, puesto que a la pregunta que le dirige el Consejo de Estado sobre sus pretensiones al viajar a España y ser recibido por el rey, no duda en responder que ansía ser nombrado general de la Caballería de Milán. Y así puede leerse en la carta, que con fecha 28 de agosto de 1652, dirige al secretario de Felipe IV, Luis Méndez de Haro, y que se conserva aún en la Real Academia de la Historia: “…y como he sabido después que estaba vaco el de general de la caballería de Milán, que teniendo experiencia de cuan frecuentes son por allí las ocasiones del real servicio de Su Majestad, confiado como debo en la magnanimidad que Vuestra Excelencia me hace, y en su amparo, ya que no puedo valerme de otro medio si no es el de éste, vengo a significar a Vuestra Excelencia que sería para mí de suma estimación y gusto si Su Majestad fuese servido de hacerme merecedor de él…” Además, manifiesta ser el único Hessen-Homburg que sirve en ese momento al rey español: “Que yo soy hoy el solo de mi casa que tengo la honra de militar debajo de las banderas de Su Majestad”.

Sin embargo, las gestiones ante el Consejo de Estado para conseguir sus pretensiones comienzan a torcerse tras manifestar el príncipe Jorge Cristián su interés en ser recibido en audiencia pública por Felipe IV y en serle permitido permanecer cubierto ante el rey, tal y como el archiduque de Austria le había autorizado durante una cena en Bruselas. El asunto, que tal vez visto con los ojos de hoy nos puede parecer baladí, tenía en aquellos tiempos su importancia, ya que sólo a los Grandes de España se les permitía estar cubiertos en presencia del Rey.

Y como señala en sus deliberaciones el Consejo de Estado, y menciona Hintereicher, permitir que Jorge Cristián se mantuviese cubierto supondría un agravio comparativo con otros landgraves del Sacro Imperio. Que los príncipes eran un tanto peculiares y miraban mucho por su reputación, lo que suponía más de un quebradero de cabeza para el gobernador de Flandes, queda manifestado en una carta de Leopoldo Guillermo a Felipe IV fechada el 20 de febrero de 1653: “ya he dicho a Vuestra Majestad cuan embarazosos son aquí estos cadetes de Príncipes del Imperio, y el landgrave no lo será poco.”

Caballería en Flandes. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau

Van pasando los meses de 1652, y Jorge Cristián no logra ver realizada su intención de tratar al rey en audiencia, pese a que el Consejo de Estado le propone como alternativa una, pero privada, con Felipe IV, algo que el de Hessen-Homburg entiende como poco digno para el nombre de su Casa, y así se lo expone, en otra misiva de 29 de enero de 1653, al arzobispo de Rodas y nuncio del Papa Inocencio X en España, monseñor Francisco Gaetano: “sería siempre en mí el pasar por ésta hacer yo un agravio manifiesto a mis parientes”.

Para esa fecha, 29 de enero, al pobre Jorge Cristián, si se me permite la expresión, ya le están creciendo los enanos, puesto que un mes antes, en concreto el 5 de diciembre de 1652, el canónigo Arnauld es detenido en la localidad zamorana de Villalcampo, bajo la sospecha de estar tratando de alcanzar la frontera de Portugal. Al ser arrestado, se le intervienen diversos documentos, algunos de ellos en blanco, pero ya con la firma del príncipe Jorge Cristián. Hay que recordar que, en esas fechas, la Corona de España combate en cuatro frentes: Flandes, Italia, Cataluña y Portugal, lo que acrecienta la sospecha de las autoridades españolas de que se hallan ante un espía.

Consulta al Gobernador de Flandes

A esto se une la respuesta que recibe del Consejo de Estado, en el sentido de que no habrá audiencia con Su Majestad hasta no recibir contestación a una carta que Felipe IV ha enviado al Gobernador de Flandes, Leopoldo Guillermo de Habsburgo, sobre los honores que debe tributarle el rey. Apenas tarda dos días Jorge Cristián en ponerse en contacto con el secretario Méndez de Haro, mediante misiva de 17 de enero, en la que “le pide que le recomiende al archiduque Leopoldo Guillermo, para que no haga caso a sus enemigos”.

Algo debía de sospechar nuestro príncipe de Hessen-Homburg, ya que a la pregunta de Felipe IV sobre los honores que podría merecer Jorge Cristián, responde también el Gobernador de las Armas de Flandes, el conde de Fuensaldaña, en una carta que lleva fecha de 23 de febrero de 1653, y en la que Don Alonso Pérez de Vivero no se muerde la lengua al expresar su opinión sobre el landgrave: “no sé si cuando el landgrave fue a España, informó a Vuestra Majestad el señor Archiduque de su Juicio y partes, pero bien puedo asegurar a Vuestra Majestad que no es a propósito para que Vuestra Majestad se sirva de él en España ni aquí, y que la acción del canónigo Arnauld no es la primera que ha hecho de esta Calidad, y así sería de parecer que si no ha salido de España, mandare Vuestra Majestad se le castigase con más rigor del que se hace, y por lo menos debo decir a Vuestra Majestad de ninguna manera conviene que venga aquí”.

La suerte de Jorge Cristián, pues, parece echada, pero él no cede al desaliento y continúa insistiendo en ser recibido por los miembros del Consejo de Estado para explicarles cuáles son sus pretensiones, como se deduce de los encabezados de las cartas que recoge el índice “Salazar y Castro”: el 27 de febrero se queja ante el secretario de Luis Méndez de Haro por no haber recibido respuesta a una suya anterior. El 18 de marzo, se lamenta de no haber sido recibido por el secretario de Su Majestad. El 15 de abril se ofrece a entrevistarse con el Consejo de Estado para explicar verbalmente sus pretensiones.

Pero ya no hay nada que hacer. El 6 de mayo, el secretario Gerónimo de la Torre firma el documento en el que se le comunica a Jorge Cristián de Hessen-Homburg que el rey no encuentra puesto adecuado para él en España y que, por tanto, pase rápidamente a Flandes, donde se le concederá. En la decisión, pesarán no sólo las palabras del Conde de Fuensaldaña, sino también la actitud y la vida licenciosa a la que parece haberse aficionado el landgrave en Madrid, y a la que discretamente pero con preocupación, se refiere el Consejo de Estado en documentos fechados el 26 de abril de 1653 dirigidos al monarca: “por las cartas de Su Alteza el Archiduque y del Conde de Fuensaldaña se reconoce la poca estimación que en Flandes ha hecho y haga este caballero, y cuan embarazoso será allá como también lo sería en España que siendo así que no tiene caudal con que poder asistir aquí ni haber recibido el socorro que de parte de Vuestra Majestad se le ofreció, excusándose de tomarle, se ha sabido que son grandes los gastos que hace en materia de banquetes y no buenos los pasos en que anda […] Se ha sabido que son grandes los gastos que hace y se puede recelar que reciba de otro, y quizás de portugueses, y particularmente en materia de banquetes, y no buenos los pasos en que anda ni sus entretenimientos…”

General de Artillería del Ejército de Flandes

Obviamente, a la Corona no le interesa dejar en la estacada a un príncipe del Sacro Imperio por el efecto llamada que puede suponer para otros landgraves, quienes pueden optar, visto el trato de la Monarquía hispana, por poner sus tropas al servicio de Francia. En consecuencia, y de acuerdo con el archiduque Leopoldo Guillermo, el 3 de julio de 1653, Felipe IV firma la patente por la que se nombra General de Artillería en Flandes a Jorge Cristián de Hessen-Homburg: “Por cuanto teniendo consideración a la calidad grande, del Príncipe Jorge Christiano Landgravio de Hassia, a las muchos y buenas partes que concurren en su Persona, y a lo que me ha servido de años a esta parte, con un Regimiento de Caballería en mis estados de Flandes, con toda aprobación y satisfacción mía y al deseo que muestra de continuarlo en ocasiones de guerra viva, y confiando en que en todas cumplirá con sus muchas obligaciones, He tenido por bien de elegirle, y nombrarle como en virtud de la presente le elijo y nombro por mí Capitán General de la Artillería de mi Exercito…” Por otra carta de 22 de julio a Luis Méndez de Haro, Jorge Cristián le agradece “su intercesión, por la que ha obtenido el puesto de general de artillería en el ejército de Flandes, y que espera sus órdenes para marchar a su puesto”.

Unos días antes, el 25 de junio, Leopoldo Guillermo debía de haber expedido otra patente, ésta de Maestre de campo, para Jean Charles de Wateville, marqués de Conflans, para hacerse con el mando del tercio de Caballería de Hessen-Homburg. Esta decisión no resulta ser del agrado del landgrave, y molesto, así lo expresa en la última de las misivas que, con su firma, se conservan en la Real Academia de la Historia, a la que aludía al comienzo del artículo: “Si en Flandes no se miraba de buen ojo la continuación de mi servicio se ‘podría’ reformar, o suprimir, o despedir el mismo Regimiento. Mas quitarlo a mí y darlo en la misma manera y forma a otro, es querer quitarme la reputación y dar a entender al mundo que yo haya cometido graves y muy enormes delitos contra el real servicio de Su Majestad, y en consecuencia querer difamarme en ojos de las naciones […] y particularmente con la alemana, cuyo propio estilo es este, imposibilitándome de esta manera a poder parecer jamás no entre hombres de mi esfera solamente, pero entre los de mucha menos”.

Epitafio del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg, en la catedral de Maguncia (Alemania). Fuente: Wikipedia

¿Qué fue finalmente del primer jefe que tuvo el “Farnesio”? Pues no llegó a tomar posesión de su generalato, ya que, desairado, pasó a servir al Rey de Francia, nación para la que desarrolló una intensa actividad diplomática. Falleció en 1677, y a diferencia de otros landgraves de la Casa, no está enterrado en la cripta del castillo de Bad-Homburg, sino en una tumba en la catedral de Maguncia, en el actual estado alemán de Hesse.

Publicado en la revista “Memorial de Caballería”, num. 86

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