Ejercicio “Lanza afilada” 2019

“Yanqui dos uno para toda la malla, iniciamos movimiento”, resuena la voz metálica en la chopera en medio de la noche.

“Zulu Romeo tres, recibido”, replica el jefe de la patrulla.

“¿Y sabes lo mejor de todo? Que siempre me pasa lo mismo”, continúa con sorna Juan. “Cada vez que cierro los ojos y justo en ese momento en que me voy a quedar dormido, dan por radio la orden de movernos. Yo creo que por eso engordo”, y se ríe. Miro a Juan con escepticismo. Gordo no le veo, quizás un poquito de tripita, propia de los años que va acumulando.

“Esta vez, me había tumbado a medianoche sobre la barcaza del Centauro, apoyado contra la torre. Pese a ser octubre, hacía bastante bueno, con el cortaviento era suficiente para estar calentito. Se oían las hojas de los chopos que movía la brisa, que además arrastraba las nubes y se iluminaba todo aquello con la luz de la luna. Añádele el aullido de algún animal nocturno, o algún coche que muy de cuando en cuando pasaba a nuestro lado, y comprenderás que uno termina por quedarse casi dormido. No sé, llevaba así como una hora, hasta que sonó la radio”, sigue él. Me llama la atención los detalles en los que se fija.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Juan, del Junco por apellido, es soldado desde hace ya bastantes años. “Soldado de Caballería”, me puntualiza siempre con un toquecito de orgullo. “De Caballería”. Me gusta quedar con él en el Pasaje Gutiérrez, que es donde me está contando esto ahora. Al principio nos veíamos ahí porque esa galería comercial, de finales del siglo XIX, me parecía un entorno extemporáneo para el mundo de hoy, como la Caballería. Ahora lo hacemos ya por rutina, porque además con el tiempo él me ha hecho descubrir que la Caballería es algo más que los caballos; que nada tiene de extemporánea, al contrario. Y que muchas de las misiones que se ejecutan hoy día en los conflictos en muchas partes del mundo son propias de la Caballería. Así que, con él se acabaron las bromitas sobre eso de que la Caballería ya no tiene lugar.

Juan acaba de volver de maniobras; de unas Beta, como ellos las llaman, que son para que yo me haga una idea, unas maniobras medianas. Las pequeñas las hacen con los escuadrones, y se llaman Alfa. Las medianas son estas Beta. Y en las grandes, las Gamma, ya participa toda su brigada; o la división, no sé. Él tenía ganas de ir a éstas, me dijo hace unas semanas. Porque esta vez no serían en San Gregorio, en Zaragoza, como siempre. Para él, sería la primera vez que desplegase por terreno civil, en contacto con la vida cotidiana de los pueblos entre Valladolid y Palencia. “Es que en San Gregorio, al final, es sota, caballo y rey. Y pese a lo monótono del paisaje y el desierto, terminas por conocer los parajes y te orientas rápido. Que si el vértice Esteban, que si Tres Poyetes, Casas Altas, Tocaburros… Esto, en cambio, es diferente; y más exigente”.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Le escucho con atención, por lo novedoso. “Aquí tenemos que cumplir con la misión asignada, y además molestar lo menos posible a los vecinos de los pueblos, que tienen que continuar con su vida diaria. Nos movemos por carreteras, por caminos, pasamos por las calles de los pueblos…”

-¿Y que habéis estado haciendo, jugando a la guerra con nuestros impuestos?, le pregunto con recochineo, mientras le sonrío para que detecte mi ironía.

-Esta vez el planteamiento era más convencional, con ciertos toques de actualidad, basados en hechos reales ocurridos estos últimos años, en Siria o en Ucrania, por ejemplo, me explica mientras con sus gestos me deja claro que ha captado mi ironía.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
©Carlos Molero

Me cuenta que el ejercicio ha consistido en un despliegue de los tres escuadrones que forman el Grupo de Caballería “Santiago” I/12 del regimiento Farnesio desde sus bases avanzadas (COP según las siglas en inglés de Command Outpost) Skull, Lance y Goshawk en La Mudarra, Cigales y la base aérea de Villanubla hacia el norte, hasta los altos que dominan Palencia, para establecer una línea de puestos de observación, desde los que detectar la aproximación de un supuesto enemigo, uno convencional, que quiere decir que viene con blindados y “tanques”, como toda la vida. Y vienen en superioridad, además, avanzando de norte a sur.

Bardulia frente a Ortoñoland

Los malos son de Bardulia, y quieren aplastar a los de Ortoñoland, ya que tienen un territorio en disputa dentro de éste último, en el que actúan también elementos irregulares del movimiento de liberación de Bardulia. Los “ortuños” han pedido ayuda a eso que se llama la comunidad internacional, y… ¡voilá!, ahí está la Brigada Galicia VII para proteger y dar seguridad.

-Yo creo que diseñan los escenarios para que no nos enteremos de nada, me comenta Juan, aunque sinceramente, éste ha sido menos complejo que lo que luego, en realidad, nos hemos ido encontrando en las misiones que hemos participado.

“¿Y entonces, qué?”, le animo a Juan a que continúe. Lo que ocurre es que el Grupo de Caballería entra en contacto con las vanguardias de los bardulios que avanzan hacia Valladolid, y la Caballería entonces tiene que retrasar ese avance el tiempo necesario para que el grueso de la brigada despliegue para hacer frente al enemigo, entablando combate para tratar de desgastarlo. En jerga militar, una operación de retardo. En la que además el Farnesio recibe apoyos de su propia brigada: zapadores y Artillería, además de la compañía de defensa contracarro del batallón de cuartel general, que forma la tercera task force -que es en lenguaje militar internacional lo que en Caballería siempre se ha denominado partida- del Grupo Táctico Santiago, además de las Task Forces 1 y 2, sobre la base de los dos escuadrones ligeros acorazados de Caballería del Grupo.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Le miro con cara de no entender. Da un trago a su caña, se quita con los labios los restos de espuma, se pasa una servilleta de papel por la boca, la dobla tres veces y la deja sobre el cenicero antes de continuar, ya sin hablarme en jerga. “A ver, para entendernos, imagínate un tridente que avanza hacia el norte desde la línea que une Valladolid con La Mudarra, hasta llegar a Palencia. Y una vez allí, empieza a retroceder hacia la línea de partida mientras combate al enemigo, sólo que ahora la púa de la izquierda, que son los contracarros con sus VAMTAC, se ha movido de sitio, y se encuentra entre las otras dos púas y detrás, porque esas dos van a llevar a los de Bardulia a unas zonas minadas donde detenerlo y batirlo con los misiles y nuestros cañones, ¿comprendes?”. Ahora sí me hago a la idea.

Suena un clarín en su teléfono móvil, y se disculpa con un gesto mientras atiende la llamada. “Era el fisio, tengo que ir la semana que viene”. Enarco las cejas, y me lo aclara. “Las rodillas, tío. Me hago mayor”. Me habla entonces de que al principio de la “mili”, le gustaba mucho eso de bajarse, “como un pro”, de los vehículos saltando desde el glacis, pese a que los más veteranos le aconsejaban siempre hacerlo como Dios manda, usando los estribos de los laterales de la barcaza. “Que más adelante lo vais a notar en las rodillas, en la espalda, en el menisco… nos decían”, reconoce resignado; “y al final, tenían razón, claro”. Y pasa a enumerarme los nombres de los “tanques” a los que se ha subido y desde los que ha saltado en todos estos años: el M-60, el Leopardo, el VEC desde luego, ahora el Centauro…

-Bueno, pero por lo que me cuentas, habrán sido muchas horas de acción trepidante contra los de Bardulia, ¿no?, retomo el hilo de las maniobras.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Desengáñate, Molero, me explica Juan. Eso es en las películas y en las novelas. La realidad se resume en una palabra: esperar. Esperar. Esperar y venga a esperar. Te diría que el 90 por ciento o más es tiempo de espera; y el resto, sí, acción como tú dices.

– ¿Por qué?

-Mira, por ejemplo. Cuando avanzamos, tenemos que hacerlo alcanzando sucesivas líneas de coordinación. Para que me entiendas, todos al mismo tiempo en paralelo, para evitar que se abra un hueco por el que se cuele el enemigo. Y como el ritmo de progresión, como nosotros decimos, es distinto para cada uno, pues hay que hacer altos para que la línea, más o menos, se mantenga. Y a lo mejor, estamos una hora, o dos, o cinco detenidos en un punto, en una línea de coordinación mientras esperamos, porque tal vez la patrulla que avanza en paralelo con nosotros se ha encontrado una incidencia, o tiene una avería, un imprevisto. Porque no estamos nosotros solos, está moviéndose la sección, el escuadrón, el otro escuadrón, el puesto de mando, los zapadores… O quizás recibamos órdenes nuevas, para una nueva misión que hay que preparar y eso lleva su tiempo. Si estamos desplegados en una línea de puestos de observación, como hemos hecho esta vez y casi siempre, pues estás a eso, a vigilar. Como puede estar un cazador en su puesto en un ojeo, a la espera.

Lo que comenta Juan recuerdo haberlo leído en una novela de Arturo Pérez-Reverte, El húsar, y más tarde en casa encontraré la cita en concreto: “He descubierto que la guerra, en contra de lo que cree la gente, es un poco de acción y un mucho, demasiado, de espera. A uno le hacen levantarse de madrugada, lo llevan de acá para allá, lo pasean por un campo de batalla sin que le sea posible averiguar si los suyos están ganando o perdiendo…”. Sigo charlando con él.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Porque esto no se puede hacer con un simulador, entiendo, ¿no?

-Sí, se puede. Tenemos una sección de simulación muy avanzada en el Regimiento; y de hecho el ejercicio lo estuvimos practicando el escuadrón en el simulador. Pero no es lo mismo. Esto, pese al cansancio, es más entretenido. Te mueves con los vehículos, con luces de guerra por la noche, que son prácticamente invisibles, por terreno desconocido, lo que obliga a estar aún más atento. Y luego, por qué no decirlo, es bonito que la gente te salude mientras pasas por los pueblos; o los niños se acerquen curiosos a fisgar; hay personas que se sorprenden al cruzarse con los blindados por las calles de su pueblo o en un cruce de carretera. O te graban con el móvil porque es la primera vez que nos ven. Para mí es un terreno nuevo de maniobras, desconocido, más difícil, un terreno enorme para controlar, piensa que son 25 kilómetros de ancho y casi 50 de profundidad, un pequeño gran desafío. Además, hay cosas que sólo puedes perfeccionar “en real”. No sé… Por ejemplo, solicitar que se desplieguen los zapadores en plena madrugada para que reconozcan un paso en un camino y coordinar las medidas de seguridad con ellos.

A Juan a veces le pregunto por qué viste el uniforme, qué le llevó a enrolarse (en la Caballería) Solo una vez me contestó, hace mucho, con un cierto aire de timidez, como si me revelase un secreto que, para la mirada de otro, pareciese una bobada. “Pues te diré que veía las películas de vaqueros y de indios en la tele, y me imaginaba a mí de mayor siendo eso, un tipo que peleaba a caballo; el resto ya vino solo cuando llegó el momento”.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Y se le nota, la verdad. De cuando en cuando, pese a que ya va peinando canas, aflora esa pasión de la infancia por la vida a caballo que veía en las películas de pequeño, cuando describe algún detalle de unas maniobras, o de alguna de las misiones en las que ha estado fuera de España. “Estábamos desplegados a las afueras de Dueñas, en unas alturas dominando la autovía A-62, al sur de Venta de Baños, en vigilancia para detectar la presencia de posible enemigo moviéndose por la zona”, me explica. “Imagínate”, y hace una pausa mientras se le iluminan los ojos cuya mirada parece, de repente, perderse en el infinito, lejos del aquí y del ahora. Y empieza a dibujar una sonrisa. Y yo vuelvo a sonreír también, porque sé que toca ahora alguna referencia de película, o de cuadro, o de novela. “Los cuatro vehículos de la sección allí arriba, desplegados, medio ocultos entre los pinos, en medio de la noche, luego al amanecer… ¿Te acuerdas de ‘Fort Apache’? Cuando el coronel Thursday llega todo cabreado por primera vez al fuerte, porque por el camino ha visto algunos apaches. Y entonces John Wayne le replica”. Y mi amigo Juan repite de memoria las palabras de El Duque: “Bueno, si los vio, es que no eran apaches. Pues así estábamos nosotros, la segunda patrulla de la Task Force 2 en Dueñas, invisibles como los apaches, pero listos para cerrar sobre el enemigo”.

En columna, los cuatro blindados -se entretiene en los detalles- avanzan comiendo los kilómetros de una estrecha carretera que ondula entre campos ocres de cultivo aún en barbecho, entre pequeñas cotas arboladas, rodeados de una desolación casi completa, con el horizonte nunca alcanzable como destino…

Y tengo para mí que son los mismos ojos de la infancia los que miran el paisaje que me describe cuando a media mañana, su patrulla se repliega desde Dueñas hacia Trigueros del Valle para una nueva misión, en esta ocasión constituirse en el escalón de reserva del Grupo Táctico Santiago. En columna, los cuatro blindados -se entretiene en los detalles- avanzan comiendo los kilómetros de una estrecha carretera que ondula entre ocres y grises terrenos de cultivo aún yermos, entre pequeños cerros y motas arbolados, rodeados de una desolación casi completa, con el horizonte nunca alcanzable como destino, en el que las tierras de viñedos se unen al azul celeste -“que es nuestro color, el de la Caballería”- salpicado con el blanco de las nubes que parecen algodonarse con el calor del sol. “Te va dando el viento en la cara, y notas la vibración del motor…” Y entonces sí, vuelve al aquí y al ahora, me mira sonriendo y comienza a tararear entre dientes: “Tan, taaaaan, tan, tan, taaaaaan”, y ya adivino yo la letra: “Si truena, o nieva, o el sol brillando está. El día ardiente, la noche fría va. Empolvados los rostros, alegre está nuestra conciencia ya. Veloces, los tanques, contra la tempestad”. Y es que, en el fondo, sigue siendo un sentimental.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
©Carlos Molero

“Creo que esa ha sido otra de las cosas interesantes para mí de esta ‘Lanza afilada’, que es como se llamaba el ejercicio. Movernos por lugares nuevos. Meter los VEC y los Centauros entre encinares que parecían imposibles de atravesar, rodeando dehesas, con los conductores demostrando que, pese a todas las dificultades del día a día, mantienen intacta su pericia, unos fenómenos”, prosigue con su relato.

Tres vidas en una

Y también, lo surrealista que a veces resulta estar viviendo tres vidas a la vez. Le interrogo sobre eso, porque no lo comprendo: “¿cómo tres vidas?”, y se ríe. “Sí, mira. Por un lado, estoy desplegado en un combate contra los de Bardulia. Por otro lado, en cualquier momento volvemos a la vida cotidiana. No sé, imagínate que sufrimos una avería. Sin dejar de estar “en la guerra”, es algo que hay que arreglar de verdad. Y a eso, añádele el resto de tu vida real: las citas, los plazos, las decisiones, los problemas que te acompañan “en campaña”, algunos de los cuales necesitan de una solución inmediata.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Vamos, que al final terminas un poco chalado, ¿no?, sin saber qué día es o qué toca hacer.

-Tú lo has dicho, hermano. En esos días, se difuminan las rutinas y te adaptas al ritmo de la misión. Un día duermes en la tienda en un horario más o menos normal; otro día, pues toca ponchear un rato junto al vehículo. Un día comes caliente, y después cenas y desayunas de “ladrillo” cuando hay oportunidad en cualquier sitio. O tiramos de imperio.

El imperio, pienso para mí. Sonrío. Hace tiempo, me contó un sargento primero la pequeña historia del imperio, que se remonta al ejército de Alfonso XIII. En esos tiempos, los oficiales se tenían que pagar la comida, por lo que cuando salían al campo, el más moderno se encargaba de hacer acopio de avituallamiento para comer. A eso lo llamaban hacer república. La costumbre se ha mantenido en el tiempo, con el cambio de nombre tras la guerra civil, pasando de república a imperio. Así que uno puede complementar la RIC -la ración individual de combate, el “ladrillo”- con un poco de imperio, que suele ser de lo más variado: dulces, embutido, galletas, pasta, pan de molde, pan… por supuesto café y un hornillo.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Antes de despedirnos, me cuenta Juan que después de una semana de maniobras por pueblos y caminos de Valladolid y Palencia, las Beta de este año terminaron con un arriado de bandera en Villamuriel de Cerrato, a las afueras de Palencia, que hacía tiempo que lo había solicitado su Ayuntamiento. “Hombre, a ver, ya estás cansado y lo que te apetece es volver a casa y desconectar un poco. Pero también es entretenido y te anima ver cómo los paisanos se acercan a ver los vehículos, a interesarse por tu trabajo, a darte las gracias por el servicio, o a contarte historias de su ‘mili’. Ten en cuenta que esto no es un trabajo de cara al público, y nos pasamos todo el día metidos en una especie de burbuja, dentro de los cuarteles o en los campos de maniobra, donde es muy difícil que la gente pueda ver lo que hacemos y en qué se gasta el dinero de sus impuestos”.

P.D.: como siempre, con mi agradecimiento al RC “Farnesio” 12 por acogerme y dejarme “disfrutar” de su día a día en el campo. Y a Aliste, Durán y Luna, la tripulación de “Culebra”, por enseñarme de cerca cómo se vive en un “Centollo”.

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