¿Sirvió un descendiente de Mahoma en las filas del Farnesio?

La lectura del historial del Regimiento Farnesio depara, a veces, curiosas sorpresas. Releo una vez más lo que en él se narra sobre el año 1808, y en la víspera de la batalla de Bailén, al relatar el combate de Mengíbar, surge un detalle que recoge el conde de Clonard, en los fastos militares del Farnesio, páginas 298 y 299 del tomo XIV: “El diez y seis, muy de madrugada, emprende la división el movimiento con dirección a Bailén, para reconocer los vados de Andújar, y pasan casi por frente del enemigo los tiradores, las compañías de lanceros de Jerez y Utrera y una fuerte guerrilla de Farnesio, al mando del capitán de este cuerpo, D. Miguel Cherif.

Pronuncian los franceses la retirada, dejando en poder de los lanceros una porción de carruajes, salvándose solo su jefe por la velocidad del caballo. Obtiénese este feliz resultado con poca pérdida aunque muy sensible, siendo el bravo Cherif víctima de una bala de los fugitivos, que le rompió ambas muñecas, y le causó la muerte al día siguiente. Era este capitán muy valiente, instruido y apreciable, y nieto de uno de los dos principales próceres marroquíes que viniendo a España, se bautizaron y obtuvieron del rey Carlos III, una especial protección.

Clonard

Sobre ese combate, hay un relato que firma Teodoro Baró en el semanario ilustrado “La velada”, número 9, publicado el 30 de julio de 1892, que proporciona más pistas sobre el valiente capitán Cherif: “Los de Utrera y Jerez alzaron las picas y encima de ellas, los sombreros y dieron vivas tan fuertes que nadie hubiera dicho que estaban en ayunas, como todos. En la parte opuesta, vi a los franceses que se alejaban con mucho orden, haciendo nutrido fuego de fusilería para apoyar la retirada.

El capitán don Miguel Cherif, nieto de los Cherifes de Tafilete, cuyos abuelos se habían acogido a España, mandaba algunos jinetes de Farnesio; se volvió a nosotros y dijo:- Voluntarios andaluces, ¡a ellos!¡Viva el rey!- Estaba hermoso cuando dijo eso. Los de Utrera y Jerez metieron espuelas a los caballos y yo arrimé al mío unas cuantas patadas, y la caballería se echó encima de los franceses, quienes nos hicieron frente y nos soltaron tal granizada de balas que varios de los voluntarios andaluces quedaron en el campo, y mortalmente herido don Miguel Cherif.

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Lancero de Utrera, armado con la garrocha. © José María Bueno Carrera

En La Gazeta de Madrid (hoy Boletín Oficial del Estado) del día 26 de agosto de 1808, aparece publicado el nombre del capitán de Farnesio en la página 1.087: “En el día 19, murieron el teniente coronel graduado D. Francisco Cornet, sargento mayor del Regimiento de Caballería Farnesio, y el capitán D. Gregorio Prieto; y heridos los ayudantes D. Josef Daguino y D. Antonio Angulo; al teniente D. Joaquín Tornos y D. Nicolás (sic) Cherif, que se hallaba de comandante de la compañía de lanceros, les fueron atravesadas las dos muñecas con una bala de fusil.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el profeta Mahoma, te preguntarás? La clave se encuentra en esa referencia a los “Cherifes de Tafilete”, que así de primeras probablemente te suene a chino. Pero mira qué curioso.

Tafilete, también escrito como Tafilalet o Tafilat, es un oasis enorme que se encuentra al sur de Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, y que ha estado habitado desde antiguo, por encontrarse ubicado en una ruta caravanera que unía el Mediterráno con el centro y oeste de África.

Tafilalet
Oasis de Tafilalet. Foto de http://culturaoasis.blogspot.com/2013/03/los-oasis-de-tafilalet.html

Allí, en el siglo XIII, se estableció un sabio musulmán llamado Muley Hassan-ben-Kassen, cuya historia cuenta Rafael Mitjana en “En el Magreb-el-Aksa. Viaje por Marruecos”, publicado en 1905. Dice Mitjana: “Hacia el año 1266, se había establecido en Sichilmesa, capital de los territorios de Tafilete, un sabio musulmán llamado Muley Hassan-ben-Kassen, que oriundo de la Arabia, se decía descendiente de Hassan-es-Sebt, hijo de Alí y de Fátima y, por consiguiente, de la sangre del profeta (Fátima era una de las hijas de Mahoma, añado yo). Llevaba Muley Hassan una vida retirada dedicada al estudio y la oración, por lo que era tenido en gran consideración y respeto hasta por los mismos Merinidas que habitaban en Sichilmesa. Sus hijos, primero, y después sus nietos, supieron explotar hábilmente la fama de santidad que dejara, y aprovechando el fanatismo de los árabes, se proclamaron señores independientes de Tafilete, y poco a poco fueron extendiendo sus conquistas, llegando a apoderarse de Fez y más adelante, de casi todo el Magreb. Muley Alí Sherif, que murió en 1632, fue el verdadero fundador de esta nueva dinastía de los Sherifes Filalis, que aún hoy día reina en Marruecos, y su nieto Muley Erraxid llegó a reunir bajo su dominio todos los territorios que se encuentran entre el cabo Nun y el río Muluya, pues hasta la misma ciudad de Marrakesh, último baluarte de los Sherifes Hasaníes, se le entregó en 1668.

El término árabe cherife, jerife o xerife se emplea para referirse a los  descendientes del profeta Mahoma, en especial de Fátima y su marido Alí. De ahí que se denominen a veces como fatimíes o alauíes. Y por eso, muchas veces oirás que a Marruecos se le denomina también el “reino alauíta”.

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Chupa y casaca de Caballería de Línea, de la época de la Guerra de la Independencia.

Cabe hacer mención, por otra parte, al Tratado de Paz y Comercio firmado el 28 de mayo del año 1767 entre el marino Jorge Juan, en su condición de embajador del rey Carlos III, y el sultán Mohamed III, de los reinos de Fez, Mequinez, Tafilete y Dráa, lo que nos lleva a relacionarlo con esa mención que hace el Conde de Clonard a Carlos III en su relación de fastos militares que citaba al comienzo.

Bien, pues de esos descendientes de Mahoma (“cherifes”) que se establecieron en el siglo XIII en la ciudad bereber de Sichilmesa -también llamada Siyilmasa, hoy en ruinas- procedía nuestro valiente capitán Cherif, que mandaba a aquellos lanceros de Utrera y Jérez en el combate de Mengíbar, los célebres garrochistas que tanto impresionaron a los franceses días más tarde en la batalla de Bailén, hasta el punto de convertirlos en el elemento que decidió la victoria para las armas españolas.

BOE
Concesión del mando de una compañía del Regimiento de Caballería de Farnesio al ayudante, graduado de capitán, D. Miguel Cherif. En La Gazeta de Madrid, 1807.

En el blog “Cuadernos de Casa Alta”, puedes leer una entrada que, bajo el título de “Memoria del desarraigo – 1808 La guerra“, nos presenta una descripción -entiendo que novelada- del capitán Miguel Cherif: “La cercanía de Don Miguel le daba confianza. Montado en una yegua ruana recorría las filas dando instrucciones. Aquel hideputa los adiestró hasta la extenuación de hombres y bestias durante diez días en el Campo de Consolación. Evolucionando, cargando y retrocediendo para cargar de nuevo. Cuando la artillería disparó salvas por primera vez a fin de que los caballos se hicieran al ruido, el morcillo coceó, intentó derribarlo y sólo la segunda rienda clavándole el serretón hasta hacerlo sangrar consiguió quitarle el pronto cerril. Con maldiciones entre dientes los caballistas se preguntaban cómo podía resistir tanto aquel manojo de nervios, casi una menudencia sobre la ruana. Lejana su juventud militar, esperaba la vejez entre el campo y las mancebías que se extendían por toda la banda morisca. La vida de trueno se llevó sus dientes dejándole una boca tan consumida que los pómulos amenazaban con romper en cualquier momento el cuero de su rostro, donde lucían dos ojillos claros y maliciosos. Los hombres de las marismas y las dehesas admiraban aquel aire entre distinguido y jaquetón de Don Miguel que sabía administrar, con viejo arte, una marchosería autoritaria y paternal.

Comparto, finalmente, un par de menciones más en distintos documentos sobre el capitán Miguel Cherif. Una de ellas aparece en un documento fechado en San Lorenzo el 3 de diciembre de 1798, dirigido al gobernador del Supremo Consejo de Castilla La Real, en el que se le comunica que “el alcalde de Corte Don Luis Meléndez y Bruna me manifestó que, en la causa que está formada sobre las heridas hechas en la noche del 18 de Noviembre último al primer teniente del Regimiento de Caballería de Farnesio Don Miguel Cherif, se necesitaba de la declaración de Don Francisco Carrión…

La otra cita tiene fecha de 27 de febrero de 1807, una publicación de nuevo de La Gazeta de Madrid en la que se informa de que “el Rey se ha servido conceder empleos […] en el de Farnesio compañía al Ayudante, graduado de Capitán, Don Miguel Cherif […]”

 

 

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