Ejercicio “Lanza afilada” 2019

“Yanqui dos uno para toda la malla, iniciamos movimiento”, resuena la voz metálica en la chopera en medio de la noche.

“Zulu Romeo tres, recibido”, replica el jefe de la patrulla.

“¿Y sabes lo mejor de todo? Que siempre me pasa lo mismo”, continúa con sorna Juan. “Cada vez que cierro los ojos y justo en ese momento en que me voy a quedar dormido, dan por radio la orden de movernos. Yo creo que por eso engordo”, y se ríe. Miro a Juan con escepticismo. Gordo no le veo, quizás un poquito de tripita, propia de los años que va acumulando.

“Esta vez, me había tumbado a medianoche sobre la barcaza del Centauro, apoyado contra la torre. Pese a ser octubre, hacía bastante bueno, con el cortaviento era suficiente para estar calentito. Se oían las hojas de los chopos que movía la brisa, que además arrastraba las nubes y se iluminaba todo aquello con la luz de la luna. Añádele el aullido de algún animal nocturno, o algún coche que muy de cuando en cuando pasaba a nuestro lado, y comprenderás que uno termina por quedarse casi dormido. No sé, llevaba así como una hora, hasta que sonó la radio”, sigue él. Me llama la atención los detalles en los que se fija.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Juan, del Junco por apellido, es soldado desde hace ya bastantes años. “Soldado de Caballería”, me puntualiza siempre con un toquecito de orgullo. “De Caballería”. Me gusta quedar con él en el Pasaje Gutiérrez, que es donde me está contando esto ahora. Al principio nos veíamos ahí porque esa galería comercial, de finales del siglo XIX, me parecía un entorno extemporáneo para el mundo de hoy, como la Caballería. Ahora lo hacemos ya por rutina, porque además con el tiempo él me ha hecho descubrir que la Caballería es algo más que los caballos; que nada tiene de extemporánea, al contrario. Y que muchas de las misiones que se ejecutan hoy día en los conflictos en muchas partes del mundo son propias de la Caballería. Así que, con él se acabaron las bromitas sobre eso de que la Caballería ya no tiene lugar.

Juan acaba de volver de maniobras; de unas Beta, como ellos las llaman, que son para que yo me haga una idea, unas maniobras medianas. Las pequeñas las hacen con los escuadrones, y se llaman Alfa. Las medianas son estas Beta. Y en las grandes, las Gamma, ya participa toda su brigada; o la división, no sé. Él tenía ganas de ir a éstas, me dijo hace unas semanas. Porque esta vez no serían en San Gregorio, en Zaragoza, como siempre. Para él, sería la primera vez que desplegase por terreno civil, en contacto con la vida cotidiana de los pueblos entre Valladolid y Palencia. “Es que en San Gregorio, al final, es sota, caballo y rey. Y pese a lo monótono del paisaje y el desierto, terminas por conocer los parajes y te orientas rápido. Que si el vértice Esteban, que si Tres Poyetes, Casas Altas, Tocaburros… Esto, en cambio, es diferente; y más exigente”.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Le escucho con atención, por lo novedoso. “Aquí tenemos que cumplir con la misión asignada, y además molestar lo menos posible a los vecinos de los pueblos, que tienen que continuar con su vida diaria. Nos movemos por carreteras, por caminos, pasamos por las calles de los pueblos…”

-¿Y que habéis estado haciendo, jugando a la guerra con nuestros impuestos?, le pregunto con recochineo, mientras le sonrío para que detecte mi ironía.

-Esta vez el planteamiento era más convencional, con ciertos toques de actualidad, basados en hechos reales ocurridos estos últimos años, en Siria o en Ucrania, por ejemplo, me explica mientras con sus gestos me deja claro que ha captado mi ironía.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
©Carlos Molero

Me cuenta que el ejercicio ha consistido en un despliegue de los tres escuadrones que forman el Grupo de Caballería “Santiago” I/12 del regimiento Farnesio desde sus bases avanzadas (COP según las siglas en inglés de Command Outpost) Skull, Lance y Goshawk en La Mudarra, Cigales y la base aérea de Villanubla hacia el norte, hasta los altos que dominan Palencia, para establecer una línea de puestos de observación, desde los que detectar la aproximación de un supuesto enemigo, uno convencional, que quiere decir que viene con blindados y “tanques”, como toda la vida. Y vienen en superioridad, además, avanzando de norte a sur.

Bardulia frente a Ortoñoland

Los malos son de Bardulia, y quieren aplastar a los de Ortoñoland, ya que tienen un territorio en disputa dentro de éste último, en el que actúan también elementos irregulares del movimiento de liberación de Bardulia. Los “ortuños” han pedido ayuda a eso que se llama la comunidad internacional, y… ¡voilá!, ahí está la Brigada Galicia VII para proteger y dar seguridad.

-Yo creo que diseñan los escenarios para que no nos enteremos de nada, me comenta Juan, aunque sinceramente, éste ha sido menos complejo que lo que luego, en realidad, nos hemos ido encontrando en las misiones que hemos participado.

“¿Y entonces, qué?”, le animo a Juan a que continúe. Lo que ocurre es que el Grupo de Caballería entra en contacto con las vanguardias de los bardulios que avanzan hacia Valladolid, y la Caballería entonces tiene que retrasar ese avance el tiempo necesario para que el grueso de la brigada despliegue para hacer frente al enemigo, entablando combate para tratar de desgastarlo. En jerga militar, una operación de retardo. En la que además el Farnesio recibe apoyos de su propia brigada: zapadores y Artillería, además de la compañía de defensa contracarro del batallón de cuartel general, que forma la tercera task force -que es en lenguaje militar internacional lo que en Caballería siempre se ha denominado partida- del Grupo Táctico Santiago, además de las Task Forces 1 y 2, sobre la base de los dos escuadrones ligeros acorazados de Caballería del Grupo.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Le miro con cara de no entender. Da un trago a su caña, se quita con los labios los restos de espuma, se pasa una servilleta de papel por la boca, la dobla tres veces y la deja sobre el cenicero antes de continuar, ya sin hablarme en jerga. “A ver, para entendernos, imagínate un tridente que avanza hacia el norte desde la línea que une Valladolid con La Mudarra, hasta llegar a Palencia. Y una vez allí, empieza a retroceder hacia la línea de partida mientras combate al enemigo, sólo que ahora la púa de la izquierda, que son los contracarros con sus VAMTAC, se ha movido de sitio, y se encuentra entre las otras dos púas y detrás, porque esas dos van a llevar a los de Bardulia a unas zonas minadas donde detenerlo y batirlo con los misiles y nuestros cañones, ¿comprendes?”. Ahora sí me hago a la idea.

Suena un clarín en su teléfono móvil, y se disculpa con un gesto mientras atiende la llamada. “Era el fisio, tengo que ir la semana que viene”. Enarco las cejas, y me lo aclara. “Las rodillas, tío. Me hago mayor”. Me habla entonces de que al principio de la “mili”, le gustaba mucho eso de bajarse, “como un pro”, de los vehículos saltando desde el glacis, pese a que los más veteranos le aconsejaban siempre hacerlo como Dios manda, usando los estribos de los laterales de la barcaza. “Que más adelante lo vais a notar en las rodillas, en la espalda, en el menisco… nos decían”, reconoce resignado; “y al final, tenían razón, claro”. Y pasa a enumerarme los nombres de los “tanques” a los que se ha subido y desde los que ha saltado en todos estos años: el M-60, el Leopardo, el VEC desde luego, ahora el Centauro…

-Bueno, pero por lo que me cuentas, habrán sido muchas horas de acción trepidante contra los de Bardulia, ¿no?, retomo el hilo de las maniobras.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Desengáñate, Molero, me explica Juan. Eso es en las películas y en las novelas. La realidad se resume en una palabra: esperar. Esperar. Esperar y venga a esperar. Te diría que el 90 por ciento o más es tiempo de espera; y el resto, sí, acción como tú dices.

– ¿Por qué?

-Mira, por ejemplo. Cuando avanzamos, tenemos que hacerlo alcanzando sucesivas líneas de coordinación. Para que me entiendas, todos al mismo tiempo en paralelo, para evitar que se abra un hueco por el que se cuele el enemigo. Y como el ritmo de progresión, como nosotros decimos, es distinto para cada uno, pues hay que hacer altos para que la línea, más o menos, se mantenga. Y a lo mejor, estamos una hora, o dos, o cinco detenidos en un punto, en una línea de coordinación mientras esperamos, porque tal vez la patrulla que avanza en paralelo con nosotros se ha encontrado una incidencia, o tiene una avería, un imprevisto. Porque no estamos nosotros solos, está moviéndose la sección, el escuadrón, el otro escuadrón, el puesto de mando, los zapadores… O quizás recibamos órdenes nuevas, para una nueva misión que hay que preparar y eso lleva su tiempo. Si estamos desplegados en una línea de puestos de observación, como hemos hecho esta vez y casi siempre, pues estás a eso, a vigilar. Como puede estar un cazador en su puesto en un ojeo, a la espera.

Lo que comenta Juan recuerdo haberlo leído en una novela de Arturo Pérez-Reverte, El húsar, y más tarde en casa encontraré la cita en concreto: “He descubierto que la guerra, en contra de lo que cree la gente, es un poco de acción y un mucho, demasiado, de espera. A uno le hacen levantarse de madrugada, lo llevan de acá para allá, lo pasean por un campo de batalla sin que le sea posible averiguar si los suyos están ganando o perdiendo…”. Sigo charlando con él.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Porque esto no se puede hacer con un simulador, entiendo, ¿no?

-Sí, se puede. Tenemos una sección de simulación muy avanzada en el Regimiento; y de hecho el ejercicio lo estuvimos practicando el escuadrón en el simulador. Pero no es lo mismo. Esto, pese al cansancio, es más entretenido. Te mueves con los vehículos, con luces de guerra por la noche, que son prácticamente invisibles, por terreno desconocido, lo que obliga a estar aún más atento. Y luego, por qué no decirlo, es bonito que la gente te salude mientras pasas por los pueblos; o los niños se acerquen curiosos a fisgar; hay personas que se sorprenden al cruzarse con los blindados por las calles de su pueblo o en un cruce de carretera. O te graban con el móvil porque es la primera vez que nos ven. Para mí es un terreno nuevo de maniobras, desconocido, más difícil, un terreno enorme para controlar, piensa que son 25 kilómetros de ancho y casi 50 de profundidad, un pequeño gran desafío. Además, hay cosas que sólo puedes perfeccionar “en real”. No sé… Por ejemplo, solicitar que se desplieguen los zapadores en plena madrugada para que reconozcan un paso en un camino y coordinar las medidas de seguridad con ellos.

A Juan a veces le pregunto por qué viste el uniforme, qué le llevó a enrolarse (en la Caballería) Solo una vez me contestó, hace mucho, con un cierto aire de timidez, como si me revelase un secreto que, para la mirada de otro, pareciese una bobada. “Pues te diré que veía las películas de vaqueros y de indios en la tele, y me imaginaba a mí de mayor siendo eso, un tipo que peleaba a caballo; el resto ya vino solo cuando llegó el momento”.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Y se le nota, la verdad. De cuando en cuando, pese a que ya va peinando canas, aflora esa pasión de la infancia por la vida a caballo que veía en las películas de pequeño, cuando describe algún detalle de unas maniobras, o de alguna de las misiones en las que ha estado fuera de España. “Estábamos desplegados a las afueras de Dueñas, en unas alturas dominando la autovía A-62, al sur de Venta de Baños, en vigilancia para detectar la presencia de posible enemigo moviéndose por la zona”, me explica. “Imagínate”, y hace una pausa mientras se le iluminan los ojos cuya mirada parece, de repente, perderse en el infinito, lejos del aquí y del ahora. Y empieza a dibujar una sonrisa. Y yo vuelvo a sonreír también, porque sé que toca ahora alguna referencia de película, o de cuadro, o de novela. “Los cuatro vehículos de la sección allí arriba, desplegados, medio ocultos entre los pinos, en medio de la noche, luego al amanecer… ¿Te acuerdas de ‘Fort Apache’? Cuando el coronel Thursday llega todo cabreado por primera vez al fuerte, porque por el camino ha visto algunos apaches. Y entonces John Wayne le replica”. Y mi amigo Juan repite de memoria las palabras de El Duque: “Bueno, si los vio, es que no eran apaches. Pues así estábamos nosotros, la segunda patrulla de la Task Force 2 en Dueñas, invisibles como los apaches, pero listos para cerrar sobre el enemigo”.

En columna, los cuatro blindados -se entretiene en los detalles- avanzan comiendo los kilómetros de una estrecha carretera que ondula entre campos ocres de cultivo aún en barbecho, entre pequeñas cotas arboladas, rodeados de una desolación casi completa, con el horizonte nunca alcanzable como destino…

Y tengo para mí que son los mismos ojos de la infancia los que miran el paisaje que me describe cuando a media mañana, su patrulla se repliega desde Dueñas hacia Trigueros del Valle para una nueva misión, en esta ocasión constituirse en el escalón de reserva del Grupo Táctico Santiago. En columna, los cuatro blindados -se entretiene en los detalles- avanzan comiendo los kilómetros de una estrecha carretera que ondula entre ocres y grises terrenos de cultivo aún yermos, entre pequeños cerros y motas arbolados, rodeados de una desolación casi completa, con el horizonte nunca alcanzable como destino, en el que las tierras de viñedos se unen al azul celeste -“que es nuestro color, el de la Caballería”- salpicado con el blanco de las nubes que parecen algodonarse con el calor del sol. “Te va dando el viento en la cara, y notas la vibración del motor…” Y entonces sí, vuelve al aquí y al ahora, me mira sonriendo y comienza a tararear entre dientes: “Tan, taaaaan, tan, tan, taaaaaan”, y ya adivino yo la letra: “Si truena, o nieva, o el sol brillando está. El día ardiente, la noche fría va. Empolvados los rostros, alegre está nuestra conciencia ya. Veloces, los tanques, contra la tempestad”. Y es que, en el fondo, sigue siendo un sentimental.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
©Carlos Molero

“Creo que esa ha sido otra de las cosas interesantes para mí de esta ‘Lanza afilada’, que es como se llamaba el ejercicio. Movernos por lugares nuevos. Meter los VEC y los Centauros entre encinares que parecían imposibles de atravesar, rodeando dehesas, con los conductores demostrando que, pese a todas las dificultades del día a día, mantienen intacta su pericia, unos fenómenos”, prosigue con su relato.

Tres vidas en una

Y también, lo surrealista que a veces resulta estar viviendo tres vidas a la vez. Le interrogo sobre eso, porque no lo comprendo: “¿cómo tres vidas?”, y se ríe. “Sí, mira. Por un lado, estoy desplegado en un combate contra los de Bardulia. Por otro lado, en cualquier momento volvemos a la vida cotidiana. No sé, imagínate que sufrimos una avería. Sin dejar de estar “en la guerra”, es algo que hay que arreglar de verdad. Y a eso, añádele el resto de tu vida real: las citas, los plazos, las decisiones, los problemas que te acompañan “en campaña”, algunos de los cuales necesitan de una solución inmediata.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Vamos, que al final terminas un poco chalado, ¿no?, sin saber qué día es o qué toca hacer.

-Tú lo has dicho, hermano. En esos días, se difuminan las rutinas y te adaptas al ritmo de la misión. Un día duermes en la tienda en un horario más o menos normal; otro día, pues toca ponchear un rato junto al vehículo. Un día comes caliente, y después cenas y desayunas de “ladrillo” cuando hay oportunidad en cualquier sitio. O tiramos de imperio.

El imperio, pienso para mí. Sonrío. Hace tiempo, me contó un sargento primero la pequeña historia del imperio, que se remonta al ejército de Alfonso XIII. En esos tiempos, los oficiales se tenían que pagar la comida, por lo que cuando salían al campo, el más moderno se encargaba de hacer acopio de avituallamiento para comer. A eso lo llamaban hacer república. La costumbre se ha mantenido en el tiempo, con el cambio de nombre tras la guerra civil, pasando de república a imperio. Así que uno puede complementar la RIC -la ración individual de combate, el “ladrillo”- con un poco de imperio, que suele ser de lo más variado: dulces, embutido, galletas, pasta, pan de molde, pan… por supuesto café y un hornillo.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Antes de despedirnos, me cuenta Juan que después de una semana de maniobras por pueblos y caminos de Valladolid y Palencia, las Beta de este año terminaron con un arriado de bandera en Villamuriel de Cerrato, a las afueras de Palencia, que hacía tiempo que lo había solicitado su Ayuntamiento. “Hombre, a ver, ya estás cansado y lo que te apetece es volver a casa y desconectar un poco. Pero también es entretenido y te anima ver cómo los paisanos se acercan a ver los vehículos, a interesarse por tu trabajo, a darte las gracias por el servicio, o a contarte historias de su ‘mili’. Ten en cuenta que esto no es un trabajo de cara al público, y nos pasamos todo el día metidos en una especie de burbuja, dentro de los cuarteles o en los campos de maniobra, donde es muy difícil que la gente pueda ver lo que hacemos y en qué se gasta el dinero de sus impuestos”.

P.D.: como siempre, con mi agradecimiento al RC “Farnesio” 12 por acogerme y dejarme “disfrutar” de su día a día en el campo. Y a Aliste, Durán y Luna, la tripulación de “Culebra”, por enseñarme de cerca cómo se vive en un “Centollo”.

Uniforme del Regimiento Farnesio, 6º de Caballería de Línea (1805 – 1814)

Los estados militares gráficos son álbumes de publicación no periódica de los siglos XVIII y XIX que presentan una relación, más o menos completa, de unidades del Ejército, con al menos los nombres de las mismas, su pie teórico del que están compuestas y una representación gráfica de su uniformidad, que también se describe. El último que se ha publicado, tras el descubrimiento del original, es el del año 1806, editado por el departamento de publicaciones del Ministerio de Defensa.

Publicaciones Minisdef
Portada del Estado militar gráfico de 1806. Ministerio de Defensa

En éste de 1806, por supuesto, aparece el Regimiento Farnesio, que en esa época se denominaba 6º de Caballería de Línea. De él, se dice en el Estado militar gráfico que se halla bajo el mando del coronel D. Josef Manso, y es su teniente coronel D. Beremundo Ramírez de Arellano. Otro teniente coronel, D. Francisco Cornet, ostenta el grado de Sargento Mayor.

Estado militar gráfico de 1806.
Regimiento Farnesio, 6º de Caballería de Línea. Estado militar gráfico de 1806

El uniforme con el que se representa al Farnesio en este estado militar es el correspondiente al reglamento de 10 de abril de 1805, y que consiste en:

  • Sombrero bicornio ligeramente apuntado, con escarapela roja y galón y presilla de color blanco
  • Casaca azul con forro encarnado, solapa encarnada con botones blancos, tres flores de lis en las vueltas, y un león blanco en cada extremo del cuello encarnado, con las guedejas doradas. Hombreras azules turquí
  • Bandoleras blancas cruzadas, una para la cartuchera y otra para la tercerola; tahalí y cinturón blancos. Cartuchera negra con el escudo real en dorado al centro
  • Calzón y chaleco anteados
  • Bocabotín blanco
  • Capote azul turquí
  • Mantilla y tapafundas azules con galón blanco

¿Cómo estaba formado el Regimiento Farnesio en aquella época?¿Cuál era su pie teórico? Bueno, pues los doce regimiento de línea tenían cinco escuadrones, con dos compañías por escuadrón. Cada una de éstas contaba, en teoría, con un capitán, un teniente, un alférez, un sargento primero, dos sargentos segundos, un trompeta, cuatro cabos primeros, cuatro cabos segundos, cuatro carabineros, treinta y ocho soldados montados y otros trece desmontados, entre ellos un herrador. Tenía cada compañía, pues, 70 hombres. Mandaba el escuadrón el más antiguo de los dos capitanes.

Balien 1808
“Bailén 1808”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El Regimiento España a la carga, lo que nos permite comparar su uniforme con el del Farnesio y comprobar que se diferencia, entre otros detalles, en el color del cuello de la casaca, que en el del España era anteado en lugar de encarnado como en Farnesio.

¿Y por dónde andaba el Regimiento en aquellos años? De acuerdo con lo que se lee en el historial del Farnesio, en 1806 “permanece en Andalucía, ocupando los cantones de El Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera, Utrera y Sevilla, donde le pasa revista el capitán general”.

22 de julio. El día que cayó la posición de Annual

El 22 de julio se conmemora una de esas fechas negras de la Historia militar de España, la caída en 1921 de la posición de Annual, en el Rif español, que daría lugar a uno de los episodios más importantes del siglo XX español, el conocido como “Desastre de Annual”.

En pocos días, se vendría abajo el despliegue militar español en aquella zona ante la acometida de las tribus rifeñas sublevadas, con el consiguiente colapso de la Comandancia General de Melilla. En aquellos días, la actuación del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, en la protección de la retirada se convirtió en una gesta, reconocida finalmente en 2012 con la concesión de la cruz laureada colectiva al Regimiento. El epílogo del desastre se escribiría el 9 de agosto de 1921, con la masacre de los 3.000 últimos supervivientes tras su rendición en la posición de Monte Arruit.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Fotografía del coronel Selgas (segundo por la derecha), con algunos oficiales del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, hacia 1921. (Colección particular)

¿Y qué tiene que ver todo esto con nuestro Regimiento Farnesio? Pues unos pocos días después de lo de Monte Arruit, en concreto el 12 de agosto, en plena movilización de fuerzas militares en toda España, salen del cuartel “Conde Ansúrez” de Valladolid los primeros escuadrones del Regimiento hacia Málaga, donde embarcan en los vapores “Monte Toro” y “Antonio Lázaro”, en los que se trasladan a Melilla. Entre los días 12 y 13 de agosto, el regimiento al completo, con sus tres escuadrones de sables y el de ametralladoras, arribará a Melilla, para tomar parte de inmediato en las operaciones para la reconquista de los territorios perdidos.

Lanceros de Farnesio en el Rif
El general Sanjurjo preside un festival deportivo en la posición de Bugardain, en marzo de 1922. Entre los oficiales fotografiados, se ve a dos del Farnesio: el segundo por la izquierda, y el tercero por la derecha.

En la edición del diario ABC del día 15 de agosto, en concreto en la página 10, puede leerse el siguiente breve: “Las tropas que van a Marruecos son aclamadas. Valladolid 13, 8 mañana. Han marchado a Melilla los escuadrones primero y segundo del Regimiento de Lanceros de Farnesio, siendo despedidos por las autoridades y numeroso público. El gobernador civil obsequió a los oficiales con cigarros habanos, y a los soldados con cantidades en metalico.”

El despliegue en África se prolongaría hasta agosto de 1924, con una progresiva reducción de las fuerzas del Regimiento, que se irían replegando sobre su acuartelamiento conforme avanzaba la pacificación del territorio. Cabe destacar que fuerzas de los lanceros de Farnesio fueron las primeras en entrar, allá por el mes de noviembre, en la posición de Monte Arruit, en la que descubrirían los cuerpos aún insepultos de los defensores asesinados por los rifeños. De aquel momento es esta fotografía de aquí debajo, firmada por Lázaro, del páter del Regimiento mientras rezaba un responso ante algunos cadáveres, antes de su inhumación.

Lanceros de Farnesio en el Rif 03
EL páter del Farnesio reza un responso ante el cadáver de uno de los defensores de la posición de Monte Arruit, en noviembre de 1921. (Foto: Lázaro)

Además, en ese mes de noviembre de 1921, el Regimiento, junto con el de Infantería de Isabel II, recibiría la visita de una comisión de la ciudad de Valladolid, encabezada por su alcalde Federico Santander, que llevó hasta el Rif no solo el cariño y el reconocimiento de la ciudad, sino también obsequios varios donados por los vallisoletanos para las tropas. De aquella visita, se descubrió hace unos meses un vídeo inédito, tal y como informó en su momento el diario El Norte de Castilla.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Portada de “La Unión ilustrada” que informa de la visita de una comisión de Valladolid a los soldados destacados en el Rif, en noviembre de 1921.

Veteranos – Visita al RC “Farnesio” 12

El viernes 14 de junio, un grupo de integrantes de la Asociación de Veteranos del Regimiento Farnesio visitó las instalaciones del Regimiento en la Base Militar “El Empecinado”, en Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

Visita de veteranos al Regimiento

Los veteranos fueron recibidos por el coronel del Regimiento Farnesio, Juan José Soto, quien hizo una exposición pormenorizada de aspestos relacionados con el personal, la orgánica y los materiales con que cuenta actualmente el Farnesio, así como las expectativas a medio plazo.

Además, personal del Regimiento Farnesio presentó a los veteranos de la Unidad los distintos sistemas de simulación para instrucción del combatiente con los que cuenta el viejo Tercio de Hessen-Homburg, y los proyectos en que, sobre esta materia, se trabaja en la actualidad, siendo de gran interés para los allí reunidos.

Visita de veteranos al Regimiento

V Carrera de combate “Lanceros de Farnesio”

Dentro de los actos organizados con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, el Regimiento de Caballería “Farnesio” 12 desafió a medio millar de deportistas a tomar parte en la quinta edición de su Carrera de combate, en los terrenos de la Base Militar “El Empecinado” de Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

V Carrera de combate "Lanceros de Farnesio"
La foto es de uso libre. © Carlos Molero

Se trata de un recorrido de unos 6 kilómetros, que puede hacerse de manera individual o por binomios (masculino, femenino y mixto), jalonados por distintos obstáculos que ponen a prueba la habilidad, resistencia, sufrimiento (y también la paciencia) de los corredores, bajo el lema “Tierra, agua, fuego… acero”. En este enlace, puedes conocer en qué consiste la prueba y a qué te reta el Regimiento más antiguo de la Caballería española:

V Carrera de combate “Lanceros de Farnesio”

V Carrera de combate "Lanceros de Farnesio"
La foto es de uso libre. © Carlos Molero

Ahí va la galería de imágenes, ¡que las disfrutes!

Escuadrón “Deus ex machina” en San Gregorio

Deus ex machina: según el diccionario de la Real Academia Española, “persona o cosa capaz de solucionar, sin dificultad aparente, todo tipo de situaciones.”

Esta entrada del blog está dedicada a esas personas precisamente. Y va dirigida a aquellas otras que no están puestas en la materia o a quienes, como yo, les sorprende que, en medio de la nada, parezca haber solución para todo tipo de situaciones. Doy por hecho que a quienes visten el uniforme, lo que cuente aquí ahora no les llamará la atención, por cotidiano. O incluso les hará gracia que me llame la atención. Bueno, ahí vamos.

Y vamos, lo primero, a comer. A las 14:30 más o menos. En medio de ninguna parte, literal. Me suena que debemos de estar cerca de la caseta de Cativiela, o de Antolín, pues alguien lo ha mencionado en algún momento. Una hondonada solitaria, áspera y desapacible en la que, por contraste, se destaca un almendro ya en flor a cuyo alrededor se oye el zumbido de un enjambre de abejas. Y uno se pregunta: ¿qué diablos comeremos aquí? ¿Nos caerá el maná del cielo, como a extraviados israelitas en el desierto?

CNMT "San Gregorio" 2019
Primero, segundo y postre. © Carlos Molero

Nada de eso. Aparece un vehículo ligero, un Aníbal del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, cuyos rancheros han echado la mañana preparando las alubias blancas, la carne con arroz y la fruta que todos, en fila disciplinadamente, recogemos en esas típicas bandejas de metal que forman parte de la iconografía de unos días en el campo de maniobras.

CNMT "San Gregorio" 2019
Municionando los Centauros.

O nos vamos al Puig Amarillo, a un ejercicio de tiro. Pero para disparar, hace falta munición. ¿Se ha acordado alguien de traerla? Por supuesto que sí. Cuando el escuadrón ligero acorazado se concentra en la caseta de Curdi para municionar, allí están ya los camiones del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que se ha encargado además previamente de pasarse por el polvorín del campo de maniobras a por los lotes correspondientes.

O volvemos ya con la noche encima al vivac, con una cierta preocupación por todo el combustible que hemos gastado moviéndonos el día entero de acá para allá. ¿Quien dijo preocupación? En el mar de luces que nos acoge ya desde lejos en la Hoya del Borracho, se distinguen, aisladas a unas decenas de metros lejos de las tiendas de campaña, las naranjas laterales de una de las cisternas del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que envuelta en el paisaje negro aguarda para dar de beber a los sedientos blindados.

CNMT "San Gregorio" 2019
¿Marte?¿Venus? No, San Gregorio. © Carlos Molero

Y cuando uno de ellos se pone malo, o no puede arrancar, o su motor carraspea o se ve envuelto en una humareda de origen incierto, para allá que van los especialistas del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, a hacerle el diagnóstico y tratar de dar solución a otra situación inesperada en medio de esta nada. Y si quien necesita ayuda es un humano, ¿qué? Pues también hay solución, por supuesto. El personal sanitario del escuadrón de Plana Mayor y Servicios tiene un dispensario -que tendrá un nombre técnico en la jerga militar, seguro- para atender achaques, enfermedades, traumatismos… Y si la cosa se complica, al hospital militar de Zaragoza.

CNMT San Gregorio 2019
Una de las ambulancias de que dispone el RC “Farnesio” 12 © Carlos Molero

Y tras un día de campo, hasta se agradece entrar en una de esas tiendas de campaña que sirven para todo que monta el escuadrón de Plana Mayor y Servicios, y sentarte en un banco de liso, gris y frío metal para que la memoria comience a decantar lentamente, como los buenos vinos de reserva, los recuerdos, los momentos, las emociones, las imágenes…

La Psicología suele vincular el color azul con las ideas de serenidad, de calma, con el control de las situaciones, con la protección, con la seguridad. Tal vez por eso sea el azul el color con el que se identifica al escuadrón de Plan Mayor y Servicios.

CNMT San Gregorio 2019
Banderín azul, del escuadrón de Plana Mayor y Servicios © Carlos Molero

Las corazas despliegan en San Gregorio

Un escuadrón del Regimiento, reforzado con elementos del de Plana Mayor y Servicios, desplegó en el campo nacional de maniobras y tiro “San Gregorio” de Zaragoza, entre los días 19 y 27 de febrero de 2019, en coincidencia con el ejercicio “Linaje artillero”, unas ‘alfas reunidas’ del Grupo de Artillería de Campaña VII, de la Brigada “Galicia” VII.

CNMT "San Gregorio" 2019
En la “Hoya del borracho”, a la espera de iniciar el movimiento. © Carlos Molero

Durante un par de días, estuve acompañando a los hombres y mujeres del Regimiento en este despliegue en San Gregorio, que se aprovechó entre otras muchas cosas, para refrescar la instrucción de tiro de las tripulaciones del Centauro con el armamento principal, el cañón de 105 mm.

En esas 48 horas, pude conocer cómo se franquea el río Ebro sobre pontones, el trabajo de los observadores avanzados de Artillería, cómo se pide un apoyo de fuego de artillería, o el efecto multiplicador en las capacidades de un escuadrón que puede proporcionar una patrulla de helicópteros de ataque. O cómo ponerse a cubierto de esta cuando, dentro de las incidencias que se inyectan en el ejercicio, los “Tigres” se convierten durante un rato en enemigos a la caza.

CNMT "San Gregorio" 2019
Jinete entre MGs. © Carlos Molero

Sin duda que, visto desde fuera, lo más espectacular es la sesión de tiro en el campo de tiro “Puig Amarillo”, donde por unas horas de la tarde, el aire se llena de estampidos sordos y explosiones, que se mezclan con el tableteo de las ametralladoras de los VAMTAC de la sección de vigilancia del escuadrón, a las que hacen coro los cañones Bushmaster de los VEC. Eso sí, todas las voces quedan aplastadas cada vez que el Centauro ruge con su cañón OTO Melara de 105 mm. Pero antes de que empiece el concierto, pasamos unos cuantos minutos en la caseta de Curdi, uno de esos incontables corrales, chozos, casas y parideras que sobreviven en ruinas al paso del tiempo en las 33.000 hectáreas del campo de maniobras y que sirven de referencias para no terminar perdido en esta especie de ‘non plus ultra’.

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A la derecha del fogonazo, va el proyectil en vuelo. © Carlos Molero

Allí, se descarga la munición de los camiones que la han acercado desde el vivac del escuadrón, y se reparte entre las tripulaciones. Todo perfectamente empaquetado y etiquetado; así de primeras podría pensarse en realidad que lo que se están descargando son botellas de vino de gran reserva para un Gulliver sediento: su caja de madera, que se abre y muestra en su interior un embalaje cilíndrico negro que custodia la botella, de una añada imposible de identificar, algo así como 4C1/S70… Con mucha soltura y maña, los jinetes del Farnesio van desvelando la realidad; no son botellas sino proyectiles HEAT de 105 mm, que cargan sobre sus hombros como si tal cosa, para pasarlos por una escotilla siempre pequeña a los alvéolos de la torre del Centauro, donde reposarán hasta su último viaje.

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HEAT, alto explosivo contracarro.

Batman, Marlboro, Cangrejos…

Ver el despliegue de un escuadrón de Caballería desde dentro es, en realidad, no ver el despliegue de un escuadrón de Caballería, sino intuirlo por las nubes de polvo e imaginarlo en tu cabeza, para lo que compones mentalmente un mapa al que añades elementos conforme los mensajes de radio se suceden por las mallas de transmisiones. Nos movemos con “Batman”, el jefe de la partida que progresa desde primera hora de la mañana por unos ejes que nos llevarán desde la Hoya del borracho hasta, más o menos, las casas bajas del Castellar.

Eso medido sobre el mapa en línea recta vienen a ser once o doce kilómetros; pero en la “guerra” se transforman en una distancia que no parece acortarse nunca, con continuos tiempos de espera en medio de ningún lugar, bajo el sol que reverbera sobre el blanco de los caminos, secos desde hace semanas.

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Vehículo de Exploración de Caballería VEC TC-25 © Carlos Molero

Son tiempos de espera habituales, puesto que estamos aguardando a que las patrullas -Marlboro, Jolie, Cangrejos…- vayan alcanzando las líneas de coordinación para continuar con la progresión, y eso lleva su tiempo. Y además, esto es Caballería, el despliegue es amplio y sólo muy de cuando en cuando vemos alguno de los vehículos que toman parte en la maniobra. A nuestra retaguardia, siempre cerca y preparado, nos acompaña “Aybar” (¿o será con v?), el equipo de observadores avanzados del Grupo de Artillería de Campaña VII que tiene asignado hoy la partida.

El PREM

Esta, ahora, despliega en anillo, sobre las cotas dominantes para proporcionar la seguridad a un PREM -¡qué sería del Ejército sin las siglas y los sigloides!-, un punto de reabastecimiento y municionamiento que es utilizado por una pareja de helicópteros “Tigre” del Batallón de Helicópteros de Ataque (BHELA) I de Almagro (Ciudad Real), para realizar un repostaje en caliente; o sea, sin apagar los motores.

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Helicóptero Tigre del Batallón de Helicópteros de Ataque (BHELA) I de Almagro (Ciudad Real), a punto de aterrizar para un reabastecimiento en caliente en un PREM, punto de reabastecimiento y municionamiento. © Carlos Molero

Después, y hasta que llegue el ocaso, la patrulla de aeronaves se convierte en un elemento más de maniobra a las órdenes de “Batman”. Vamos de nuevo hacia el norte, en medio de un tráfico continuo de comunicaciones, en las que los mensajes de “Batman” para “Jolie”, “Marlboro”, “Cangrejos” se cruzan con los de Delta Uno Uno para Bravo Mike Dos, para Bruma, para Ayvar… Resulta divertido esa especie de doble personalidad, en la que por unos momentos eres un personaje de comic de DC y de inmediato te conviertes en el señor Delta.

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Y mañana, más. © Carlos Molero

Ahora, de repente, los helicópteros han “chaqueteado” y se han pasado al enemigo. La partida ha de adoptar las medidas de ocultación oportunas para evitar ser detectada por estos ícaros manchegos armados hasta los dientes y con ganas de pelea. Desde el puesto de mando móvil de “Batman”, podemos intuir el vuelo de los Tigres -el rumor de cuyos rotores se deja oír con mayor o menor intensidad entre los arbustos que nos ocultan de ellos- por las notificaciones que, de su posición, van “cantando” las distintas patrullas. Pero que no se confíen los aviadores del Ejército, que la partida del Farnesio no está inerme ante ellos; de hecho, los tiradores de precisión de “Cangrejos” los tienen a tiro de sus fusiles…

Río Ebro

Estos días de ejercicio se cierran con una nueva colaboración con otras unidades del Ejército de Tierra. Artillería, Aviación del Ejército… y ahora Ingenieros; en concreto con el Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros (RPEI) nº 12, que tiene su acuartelamiento en Monzalbarba, un barrio a las afueras de Zaragoza con salida directa al río Ebro. Y eso vamos a hacer esta mañana: cruzar el río Ebro sobre pontones.

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Siga la señal… © Carlos Molero

Primero, una marcha en columna de una hora hasta las inmediaciones de Alfocea, en el límite oeste del campo de maniobras, donde nos ponemos ya en manos de los primeros pontoneros. Ellos se encargan de reorganizar la columna con el orden de marcha con que cruzaremos el río: ligeros, camiones, VECs y Centauros. Además, explican las medidas de seguridad que han de adoptar las tripulaciones, y las que los propios ingenieros han tomado para que todo se desarrolle sin sobresaltos.

Cuando se llega a la orilla del río, el despliegue de los pontoneros transmite una sensación de control total: balizas, guías y centinelas que encaminan a la columna, embarcaciones y buceadores en el río listos para entrar en acción en caso de que alguien caiga al agua… Los pontones ya están instalados y el cruce se hace con rapidez, a pesar de que no vamos a más de 15 km/h.

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Franqueo del río Ebro sobre pontones. © Carlos Molero

Salvado el obstáculo, dentro del acuartelamiento los ingenieros han preparado una “gymkana” para que la partida se instruya en el paso de obstáculos mediante el cruce de los distintos puentes en servicio en el Ejército de Tierra, esos que en los últimos meses se han desplegado en distintos puntos de España para paliar los daños producidos en las infraestructuras por crecidas de los ríos: puente Dornier, puente Bailey… Salida del acuartelamiento “Sangenís” de nuevo en columna, paso de los pontones y marcha de regreso al vivac en la Hoya del borracho, donde los rancheros han preparado un menú “infantil”, pues hay que desmontar cuanto antes el campamento para iniciar el repliegue.

El Aníbal nos va acercando poco a poco a la entrada del CENAD “San Gregorio”. En el retrovisor, en medio del traqueteo, se va alejando poco a poco La hoya del borracho. Nos vamos acercando a la salida del campo de maniobras,  y en el retrovisor, entre las nubes de polvo se van difuminando las siluetas de los vehículos y de los jinetes del Regimiento Farnesio, los últimos de una saga de soldados nacida en Flandes en aquella época en la que nunca se ponía el sol.