Veteranos – Convocatoria de Asamblea General

El próximo sábado 14 de diciembre, a las 10:00 horas en primera convocatoria y a las 11:00 en segunda, se celebrará la asamblea general ordinaria de la Asociación de Veteranos de Farnesio.

Entre los puntos del orden del día, figuran entre otros la aprobación para dotar la beca del premio “Pedro Castillo”, la colaboración con la revista Memorial de Caballería, publicación institucional del Arma, la propuesta de actividades para el año 2020 o la propuesta de la junta directiva para la modificación de los actuales estatutos.

Si eres socio, te habrá llegado la convocatoria por correo electrónico. Si no lo has recibido, por favor contacta con la asociación en esta dirección: info.veteranosdefarnesio@gmail.com

El día que el Regimiento salvó a los náufragos franceses de Trafalgar

Lunes, 21 de octubre de 1805. Al atardecer, una terrible tempestad se desata en el Golfo de Cádiz, tal y como habían anunciado los marinos españoles. Los buques que horas antes han estado cañoneándose con furia frente al cabo Trafalgar, tratan de capear el temporal o hacerse a algún puerto en el que fondear.

Uno de ellos es un francés, el Fogoso (Fougueux), un navío construido en 1785, de dos puentes y tres palos, 55 metros de eslora, casi tres mil toneladas de desplazamiento y artillado con 74 cañones, con una tripulación de 750 hombres bajo el mando del capitán Louis Alexis Baudouin. En realidad, para esas horas de la tarde, poco queda de ese Fogoso. Situado en la vanguardia del despliegue táctico de la flota combinada hispano-francesa, ha sufrido tremendos daños en el combate de Trafalgar, hasta el punto de quedar completamente desarbolado y sin maniobra. Restan a bordo más de 500 hombres, heridos, además de 30 británicos pertenecientes a la dotación del navío de línea HMS Temeraire, que está tratando de remolcar al Fogoso hacia Gibraltar.

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La batalla de Trafalgar, del pintor francés Auguste Mayer (1805 – 1890)

En un momento determinado, la amarra se suelta; y el Fogoso, sin capacidad de maniobra, queda a merced de la tempestad, sin rumbo, hasta terminar estrellándose contra el islote del castillo de Sancti Petri, que dista poco más de mil metros de la costa. Con el casco destrozado, y numerosas vías de agua, el Fogoso se hunde irremediablemente, llevándose consigo la vida de alrededor de 560 hombres.

Cerca de allí, en lo que hoy es la playa de Camposoto, a las afueras de Cádiz, ocho hombres son testigos impotentes de la tragedia. Son Manuel Quimones, Gabriel Martínez, Manuel Cárdenas, Rafael Moras, Miguel Ponce, Antonio Salamanca, Florentino Aguirre y Antonio María Manso. Manso es alférez, manda una patrulla del Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea. Ponce, Aguirre y Salamanca son cabos, y Quimones, Martínez, Cárdenas y Moras, soldado del Farnesio. Se hallan desplegados, con otras patrullas del Regimiento, en las playas que van desde Sancti Petri hasta Torregorda, prácticamente a las afueras de Cádiz, en cumplimiento de las órdenes de las autoridades militares del departamento, para proporcionar ayuda a los supervivientes de la batalla que puedan lograr llegar a tierra.

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Islote y castillo de Sancti Petri, junto al que permanece hundido el buque francés “Fogoso”. Arriba, a la izquierda la playa de Camposoto, en la que permanecían desplegadas patrullas del Regimiento Farnesio, 6º de Línea. La foto es del blog “Castillo de Sancti Petri”. http://castillosanctipetri.blogspot.com/2015/10/c.html

En medio de la furiosa tormenta que a esas horas descarga implacable en el mar y en la costa, los ocho hombres de Farnesio observan atónitos cómo milagrosamente una balsa improvisada, una jangada, se acerca maltrecha hacia la playa con algunos supervivientes del Fogoso.

El alférez Manso, entonces, ordena a su patrulla introducirse a caballo en las bravas aguas del Atlántico, que en ese momento baten con toda su furia, hasta donde las olas lo permiten, y logran -arriesgando su propia vida- rescatar a dieciocho tripulantes del hundido Fogoso, a quienes llevarán a tierra a lomos de sus cabalgaduras, y una vez allí, les abrigarán con sus propias ropas antes de trasladarles en caballo y calesas a un ventorrillo de las inmediaciones (quizás el Ventorrillo del Chato tal y como sugieren en este enlace), donde a expensas del alférez, se les proporcionará algo de queso, pan y vino. Otros dos supervivientes son rescatados en semejantes circunstancias por otra patrulla, que en este caso manda el alférez José Fernández de Castro.

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¿Fueron auxiliados aquí los supervivientes del “Fogoso” el 22 de octubre de 1805? Vista aérea de las playas de La Cortadura y de Camposoto (al fondo), con el Ventorrillo del Chato en primer plano. La foto viene publicada en Cadiznoticias.es https://cadiznoticias.es/ciudadanos-propone-se-ejecute-sendero-peatonal-ventorrillo-chato-molino-del-rio-arillo/

Días más tarde, el 13 de noviembre de 1805, el coronel del Farnesio, José Manso, que ha estado en la costa de la isla de León dirigiendo a sus hombres, remite un escrito al inspector de la Caballería, Diego Godoy, en el que le explica con detalle las labores que, guiadas por el sentimiento de humanidad, ha ejecutado su Regimiento en la costa gaditana:

Cuando veo dado al público y elevado al superior conocimiento del Señor Generalísimo de Su Majestad el aprecio que ha merecido el Regimiento de Infantería de Zaragoza por la parte con que contribuyó en auxilio de los náufragos de resultas del combate del 21 del próximo mes pasado, y que no se hace mención de la eficacia y esmero con que el Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea que está a mi cargo, no solo fue el primero, sino el único que prestó los socorros más oportunos en favor de los infelices náufragos en toda la extensión de la playa de Levante, que media desde el castillo de Sancti-Petri hasta pasada Torregorda, con dirección a Cádiz: creo de mi obligación deber noticiar a Vuestra Excelencia que todo el Regimiento no descansó en los días y noches subsiguientes al combate, con el muy piadoso de socorrer a sus semejantes y custodiar los efectos que el mar arrojó, según mis prevenciones como jefe del Cuerpo y Comandante de las Armas de que estoy encargado, y que felizmente empezaron a tener efecto en la medianoche del día 22 en que el alférez Don Antonio María Manso, con una de las patrullas que corría la playa, logró sacar de entre las olas, y cuanto permitían meterse con los caballos en el mar, a 18 hombres de la tripulación del navío francés “el Fogoso” o Caballo Blanco, que fue el primero que naufragó en dicha costa, saliendo exánimes, y en cueros los más de ellos, los abrigó con la ropa de los soldados y la suya, conduciéndolos en los caballos a un ventorrillo, y a sus expensas se les suministró vino, pan y queso, siendo conducidos desde allí a Cádiz 15 de ellos. Fueron socorridos igualmente y por otra patrulla 2 náufragos que el alférez Don José Fernández de Castro, sin estar destinado a este servicio por entonces, compareció y se halló en tan buena razón que, recogidos los náufragos, los condujo al cuartel que ocupa su compañía, poniéndoles en carros y dándoles alimentos. De estos primeros acaecimientos, di parte el día 23 al excelentísimo señor comandante general de la provincia, cuya superior atención ocupada en gran cúmulo de asuntos, ni le permitieron contestarme ni tenido presente este particular servicio (aunque propio de su deber) con que ha contribuido dicho Regimiento; bien notorio al excelentísimo señor comandante general de dicho departamento, a los demás generales que aquí residen, y toda esta población, como diariamente me lo han manifestado, en elogio de la oficialidad y tropa, como testigos oculares de su incesante trabajo en la playa, conduciendo en sus caballos y calesas cuantos lograron salir a la orilla del mar y custodiando los fragmentos y efectos de los navíos perdidos, que hasta este día continúan en este encargo. Y aunque estos hechos por su publicidad no necesitan de prueba, el adjunto oficio del excelentísimo señor Don Juan Joaquín Moreno, comandante general de este departamento, dará idea a Vuestra Excelencia de lo que expongo en esta única representación para conocimiento de vuestra excelencia y que tenga la bondad de elevarla al del excelentísimo señor generalísimo para los efectos que gradúe la alta penetración de vuestra excelencia, y no carezca este Cuerpo que tengo la honra de estar a su cabeza (como vuestra excelencia a la de todos) de la satisfacción que le resultaría no viendo sepultado en el olvido o silenciado el cumplimiento en sus deberes en crédito de su celo para el mejor servicio del Rey y del Estado. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. En la Isla de León, 13 de noviembre de 1805.

Carta del coronel Jose Manso
Copia de la carta del coronel del Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea al inspector de la Caballería, Diego Godoy, con fecha 13 de noviembre de 1805. Se encuentra depositada en la biblioteca de la Real Academia de la Historia.

Posteriormente, el 22 del mismo mes, es el comandante militar del departamento de Cádiz, Juan Joaquín Moreno de Mondragón y D’Hontlier, quien dirige un escrito, en este caso, al mismísimo “Príncipe de la Paz”, Manuel Godoy, en el que se refiere a las labores desempeñadas por los oficiales y tropa de los Cuerpos de Infantería y Caballería del Ejército, y destaca que “todas las tropas que se emplearon en el socorro de los náufragos en estas costas, han desempeñado a porfia sus deberes con la mayor actividad, constancia, patriotismo y humanidad”. Entre ellas, cita a las patrullas del Regimiento de Farnesio, 6º de Línea, en Sancti-Petri.

Gracias a la colaboración del Archivo Militar de Segovia, es posible acceder a las hojas de servicio de tres de aquellos ocho hombres que componían la patrulla del Farnesio que socorrió a los franceses supervivientes del “Fogoso” en tan infernal jornada, así como la del alférez Fernández de Castro:

Antonio María Manso.- Nacido en el país de Castilla La Vieja en 1784, ingresa en el Regimiento Farnesio, 6º de Línea como cadete el 16 de julio de 1796. Asciende a portaestandarte el 28 de enero de 1801, a alférez el 16 de marzo de 1804 y a teniente, el 23 de julio de 1808. Obtiene el grado de capitán el 11 de agosto de 1808 y el empleo de ayudante el 30 de abril de 1809. Obtiene el grado de teniente coronel el 3 de julio de 1809 y el empleo de capitán efectivo el 26 de septiembre de 1809.

En su hoja de servicio fechada en 1812, se dice que era de calidad conocida y buena salud. De valor acreditado, de mucha capacidad y aplicación, y de buena conducta.

Toma parte en la Guerra de las Naranjas en Portugal en 1801; y posteriormente en la Guerra de la Independencia contra los franceses. Su hoja de servicio detalla que, en esta campaña, participa en los primeros combates contra el invasor en julio de 1808 en Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar y en la victoriosa batalla de Bailén. Estará además en las operaciones en La Mancha en 1809, incluida la batalla de Ocaña. Forma parte del escuadrón maniobrero del Regimiento, que protege a las fuerzas españolas que se repliegan por el Camino Real hacia Sierra Morena, en especial un batallón de las Reales Guardias Españolas que, en formación de cuadro, viene defendiéndose de la Caballería francesa. Siguió en el repliegue del Ejército español hacia los reinos de Jaen y Granada, desde donde, sin recibir ninguna orden en concreto, se traslada a la isla de León para quedar como agregado en el Regimiento de Caballería de Calatrava.

Bailén 1808
La batalla de Bailén, de Augusto Ferrer-Dalmau

Obtuvo el retiro en clase de agregado en la plaza de Cartagena, con un sueldo mensual de 336 reales y 22 maravedíes, causando baja en el Regimiento Farnesio en la revista de agosto de 1812.

Antonio Salamanca.- Este soldado de Farnesio nace en Santaella (Córdoba), e ingresa como soldado el 10 de junio de 1799. Siempre en el Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea, asciende a cabo 2º el 15 de febrero de 1803, y a cabo 1º poco más de un año después, el 24 de noviembre de 1804. Su último ascenso, a sargento 2º, tiene fecha de 1 de mayo de 1809.

Consta en su hoja de servicio que era de calidad honrada y tenía buena salud.

Entre sus méritos de guerra, figura su participación también en la Guerra de la Independencia, que comienza en mayo de 1808. Está presente en las mismas batallas iniciales que su alférez Manso: Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar, Bailén. Sigue con el Regimiento hacia Madrid y Navarra, y posteriormente combate en numerosas acciones y reconocimientos en La Mancha (Minaya, Yebenes, Ciudad Real, Consuegra, Mora, Villamanrique del Tajo, San Clemente, Almonacid, Ocaña…) Forma parte del escuadrón maniobrero del Regimiento, y asiste a la sorpresa de Torralba el 28 de junio de 1809. Además, participa también en las operaciones de protección de la retirada hacia Sierra Morena y los reinos de Jaén, Granada y Murcia, de las que se menciona su participación en la acción de Baza el 3 de noviembre de 1810.

Figura en su hoja de servicio que deserta con armas, caballo e intereses el 13 de marzo de 1812.

Florentino Aguirre.- Nacido en Rueda (Valladolid) en 1782, sienta plaza como soldado del Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea el 14 de abril de 1800. Asciende a cabo 2º el 17 de marzo de 1804 y a cabo 1º el 13 de marzo de 1806. Su siguiente promoción, a sargento 2º, está fechada el 14 de septiembre de 1808, pero ya como integrante del Regimiento de Granaderos a Caballo de Fernando VII, en el que también asciende a sargento 1º el 14 de mayo de 1809.

Caballería
Oficial de Caballería de Línea (1807), de Augusto Ferrer-Dalmau

De él, se informa en su hoja de servicio que era de calidad honrada y salud robusta. De valor acreditado, regular aplicación, suficiente capacidad y buena conducta. En 1810, andaba soltero.

De sus méritos militares, habla su hoja de servicio que participa en la Guerra de las Naranjas de 1801, y en la Guerra de la Independencia, también en los combates de Villanueva de la Reina, Mengíbar y Bailén, en los que fue herido dos veces. En esta campaña, toma parte también en las operaciones en La Mancha.

Vuelve al servicio en Valladolid en el año 1834, tras ser nombrado de oficio por el marqués de Nevares como teniente para el mando de una compañía de Caballería de los Cuerpos Francos de Seguridad para perseguir a las facciones carlistas en Castilla La Vieja. En este servicio, permanece durante dos años, antes de ser propuesto para tomar el mando como comandante del Escuadrón Franco de Burgos del Ejército de Operaciones del Norte en 1837, tras la revista de inspección que le pasa el brigadier D. Antonio González Anleo, que encuentra al escuadrón en estado de “completa desorganización patentemente demostrada por la revista de inspección.”

…los empleos de Plana Mayor de los cuerpos francos han de recaer en individuos que hayan servido en el Ejército, y que tras consultar su hoja de servicio, pasada por el capitán general de Castilla La Vieja, se observa que sólo lo ha hecho en el escuadrón franco de Castilla La Vieja.

Entre la documentación anexa a la hoja de servicio de Florentino Aguirre, se conserva la respuesta, con fecha 27 de mayo de 1837,  que el Inspector General de la Caballería, Valentín Ferraz, da a la propuesta del nombramiento hecha por el General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte, denegándolo con el argumento de que los empleos de Plana Mayor de los cuerpos francos han de recaer en individuos que hayan servido en el Ejército, y que tras consultar su hoja de servicio, pasada por el capitán general de Castilla La Vieja, se observa que sólo lo ha hecho en el escuadrón franco de Castilla La Vieja.

Bataille_d'Ocaña,_19_novembre_1809
La batalla de Ocaña

No obstante, da la impresión de que finalmente sí fue nombrado comandante jefe del escuadrón de Burgos, pues se conserva otro escrito, en este caso del Ministerio de la Guerra, dirigido al capitán general de Castilla La Nueva, que dice:

“He dado cuenta a Su Majestad la Reina Gobernadora del expediente instruido en este Ministerio de mi cargo sobre la instancia de Doña Juana de Raxoy, viuda de D. Florentino Aguirre, comandante que fue del escuadrón franco de Burgos, en solicitud de que se le expida el Real Despacho de aquel empleo, que debió ser extendido  a favor de su citado esposo. Enterada Su Majestad, y en vista de la propuesta que hizo el Señor General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte consultando al expresado D. Florentino Aguirre para el referido empleo de comandante de dicho escuadrón, se ha dignado Su Majestad aprobar este empleo y mandar se expida a la interesada el competente Real Despacho con la antigüedad de 17 de marzo de 1837. De Real Orden, lo traslado a Vuestra Excelencia para su conocimiento a su oficio del 17 del actual. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid, 27 de marzo de 1839. Alaix.”

José Fernández de Castro.- Nacido en Tarrasa (Cataluña), en 1785, ingresa como cadete el 16 de junio de 1797 en el Regimiento de Caballería del Algarve, para pasar al de Farnesio tras su ascenso a portaestandarte el 21 de agosto de 1802. Alférez el 6 de noviembre de 1804, adquiere el grado de teniente el 11 de agosto de 1808 para serlo efectivo el 16 de septiembre siguiente. El 9 de marzo de 1809 logra el grado de capitán, y asciende a ayudante el 30 de abril de 1809. Como capitán efectivo es nombrado el 19 de octubre de 1809. Aparece en su hoja de servicio como retirado el 30 de septiembre de 1809 y vuelto al servicio el 1 de julio de 1814.

A finales de 1814, se le reconoce como oficial de valor acreditado, mucha aplicación y capacidad y buena conducta. Un hombre casado, de calidad noble y robusta salud.

1808
Este era el aspecto de los jinetes del Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea en 1805

En cuanto a sus méritos militares, figura su participación en la Guerra de la Independencia de 1808, al igual que sus compañeros de peripecia en las playas de Cádiz. En las primeras acciones en Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar y Bailén, así como en las operaciones en el Ebro y posteriormente también en La Mancha, siendo en las más de las ocasiones comandante de la guerilla del Regimiento. Gravemente herido en la batalla de Ocaña el 19 de noviembre de 1809, es cogido prisionero y trasladado a un hospital de Madrid, desde el que posteriormente se escapa y se reintegra al Ejército.

Anexo a su hoja de servicio, figura un documento fechado en 1819 del que se deduce que José Fernández de Castro, por aquel entonces teniente coronel, solicitaba su ascenso a coronel, justificándolo en que no se había tenido en cuenta su comportamiento en la acción de Villamanrique, en la víspera de la batalla de Ocaña, en la que se le dio por muerto.

Según la documentación de la época que se cita en el expediente, el coronel del Farnesio informa de la muerte en Ocaña de Fernández de Castro al general Lacy, a cuyas órdenes se hallaba en ese momento; y que posteriormente, el 5 de junio de 1810 da el coronel un nuevo parte según el cual “el dicho oficial arribó a la playa de Valencia habiéndose fugado de entre los enemigos en Madrid, y se hallaba curando de las heridas que recibió.” Añade que la vacante de ayudante de Fernández de Castro está ya ocupada por el capitán Gaspar Fernández de Bobadilla, pero que puede, sin embargo, pasar a mandar la tercera compañía del Regimiento, que es la que tenía antes de caer prisionero, y así fue aprobado.

La marcha de los Ingenieros
“La marcha de los ingenieros”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El Regimiento de Ingenieros Minadores fue la primera unidad militar española que se levantó en mayo de 1808 contra la invasión francesa.

En agosto de 1811, por estar inútil de resultas de sus heridas en acción de guerra, solicita el retiro, para lo que se le apoya la instancia con el sueldo y grado de teniente coronel, empleo éste último que sin embargo, no obtiene.

El caso es que, bien porque hubiese mejorado de sus heridas o no disfrutase en esa situación de retiro, se presenta de nuevo ante el general Lacy, quien lo agrega a su ejército en calidad de capitán vivo de Caballería y lo elige como su ayudante de campo, decisión que aprueba posteriormente el Gobierno por Real Orden de 27 de mayo de 1813.

En 1814, solicita se le expida un nuevo real despacho de capitán del Regimiento Farnesio; sin embargo, el Gobierno entiende que no se encuentra ya en estado de continuar en servicio, por lo que se considera muy conveniente, por el contrario, que se le expida de nuevo su real despacho de retiro, con destino en la ciudad de Burgos, “con opción también a la futura del empleo de Administrador de Correos de dicha ciudad, conforme tenía solicitado”. A consecuencia de este informe, en 3 de junio de 1815 obtuvo Castro el retiro y agregación al Estado Mayor de Palma, en Mallorca, como también el grado de teniente coronel. Y después se le dio esta gracia al Estado Mayor de Valladolid, con permiso de residencia en Burgos.

Por todo ello, el Ministerio de la Guerra, con fecha 13 de diciembre de 1819, entiende que ya se han reconocido los méritos de guerra del teniente coronel José Fernández de Castro al pasarle a la situación de retiro con el sueldo de 900 reales mensuales y el ascenso a teniente coronel, no considerándose, pues, de justicia su ascenso a coronel.

Cruz de San Fernando de 1ª clase

Finalmente, figura un apunte en la hoja de servicios de Fernández de Castro, fechado en 1821, según el cual el 1 de agosto, “reclamó la Asamblea de la Orden de San Fernando la hoja de servicios de este oficial para poder calificar el mérito que había contraído para hacerse acreedor a la cruz de dicha orden que pedía.”

Cruz de San Fernando
Cruz de San Fernando, de 1ª clase, sencilla. La foto es de la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa. http://bibliotecavirtualdefensa.es/BVMDefensa/i18n/consulta/registro.cmd?id=40073

Y en efecto, en la recopilación de caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando, publicada en 2011 por el Ministerio de Defensa, aparece en el volumen I del Arma de Caballería el capitán José Fernández de Castro, como poseedor de la cruz de 1ª clase, sencilla, concedida por Real Cédula de 19 de octubre de 1822, por su valor y las heridas recibidas durante la Guerra de la Independencia.

Jose Napoleon
El rey José Bonaparte en Cádiz, de Augusto Ferrer-Dalmau

El coronel José Manso continuaría unos años más al mando del Farnesio, 6º de Línea, hasta febrero de 1809, en que aquejado de una grave enfermedad, pasa a convalecer en Linares (Jaén), donde moriría pocos días después.

En cuanto al navío Fogoso, en los años 90 un buceador se topó por casualidad con lo que terminó por ser el pecio a nueve metros de profundidad. En estos años, se han realizado varias campañas de arequeología submarina que han sacado a la superficie objetos variados del buque. Lo puedes ver en este enlace de la revista National Geographic.

Por último, una petición personal. Si te animas, tal vez podías hacer realidad aquel deseo para su Regimiento Farnesio que el coronel Manso expresaba en su carta de 1805 -“la satisfacción que le resultaría no viendo sepultado en el olvido o silenciado el cumplimiento en sus deberes “- y difundir esta pequeña historia dentro de tus posibilidades 😉

 

 

 

“Farnesio, por España, cabalga y carga”

Ese es el título del último cuadro que ha pintado el gran Augusto Ferrer-Dalmau. Lo ha entregado hace unas horas al centenario Casino de Madrid, de una de cuyas paredes cuelga ya para siempre. Una vez más, Ferrer-Dalmau ha dedicado sus pinceles al Regimiento Farnesio, en este caso a un lancero del Regimiento de Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, con el uniforme reglamentario de 1860, a poco de concluir la Guerra de África. Puedes leer aquí una reseña del acto, del diario ABC

Así que aprovecho este momento para, por una parte, destacar la espléndida presentación organizada por el Casino de Madrid, llena de elegancia y de buen gusto. Por otra parte, la vibrante exposición que el coronel Soto hizo de su Unidad, el Regimiento Farnesio, que arrancó una prolongada ovación del público a su conclusión. Y por supuesto, el espectacular lancero a la carga que Don Augusto ha inmortalizado ya para siempre con el número 5 del Regimiento en el cuello de este veterano de guerra que, desafiante, embraza la lanza dando frente al enemigo.

FArnesio, por España, cabalga y carga 01
Presentación del cuadro “Farnesio, por España, cabalga y carga” en el Casino de Madrid. @ Embajada de Rusia en Madrid

Y ya de paso, pues recupero una carta de aquella época, de aquella guerra, que aparece mencionada en la página 187 de libro “Crónica de la Guerra de África”, que firman los señores D. Emilio Castelar, D. Francisco de Paula Canalejas, D. Gregorio Cruzada Villaamil y D. Miguel Morayta:

“El bravo coronel del regimiento de Caballería de Farnesio, marqués de Casa-Alta, ascendido a brigadier, ha recibido la siguiente carta, que con la mayor complacencia publicamos:

«Señor coronel del Regimiento de Farnesio, quinto de caballería, primero de lanceros.- África.- Muy señor mío y de todo mi respeto: Espero será V.S. tan amable que me dispensará al tener la osadía de molestarle; pero teniendo un hijo en el tercer escuadrón de su respectivo mando, que con el mayor placer mío está blandiendo su lanza contra las huestes musulmanas y al lado de su valiente y aguerrido coronel, el que con tanta bravura, decisión y arrojó cargó dichas huestes por varias y reiteradas veces, siendo el asombro y terror de los agarenos, llenando de gloria nuestras armas españolas y el reinado de nuestra escelsa  reina Isabel II.

Mi hijo Juan Martín, que, como dije a V.S., se halla en el tercer escuadrón, hace mes y medio no tengo noticia de si es vivo o muerto, pues desde la batalla del 1º de enero no he vuelto a saber nada de él, y espero de su bondad se sirva (si es vivo) decirle que escriba a su padre, y si es muerto, tendrá V.S. la bondad de participármelo: que si bien es cierto que al amor de padre es natural el sentimiento y desgracia de un hijo, no por eso crea V.S. me arredraré. Sí, lo sentiría, como que es un hijo de mis entrañas; pero al menos tendré el orgullo de manifestar que murió con gloria en los campos de Tetuán, defendiendo a su reina y a su patria, vilmente ultrajada por esos caribes africanos.

Tengo setenta y cuatro años, y si llegase el caso me vería V.S. ocupar el puesto vacante de mi querido hijo (dado caso fuera muerto), y acometer a la morisma con tanto ardor y arrojo como pudiera hacerlo un joven de veinticinco años; pues aunque sexagenario, corre por mis venas la sangre de los Cides y Pelayos, y ayudado de mis pocas fuerzas tendría el honor de contribuir a la realización del testamento de la augusta reina Isabel I para ayudar a su cumplimiento a nuestra soberana Isabel II.

Creo, señor coronel, será V.S. tan amable que me contestará lo más pronto que le sea posible, pues si V.S. tiene hijos y están ausentes, puede echar una ojeada y ver lo que padecerán al no saber de su señor padre.

Con este motivo, etc.- Alejo Martín.- Cantalapiedra, 14 de febrero de 1860.»

Apenas leyó este patriótico y sentido escrito el valeroso Marqués de Casa-Alta, a quien iba dirigido, contestó al desconsolado padre diciéndole que su hijo Juan Martín, no sólo continuaba en el mejor estado de salud, sino que se había portado tan bravamente que estaba propuesto para una cruz.”

Farnesio, por España, cabalga y carga 02
“Farnesio, por España, cabalga y carga”. © Embajada de Rusia en Madrid

Ejercicio “Lanza afilada” 2019

“Yanqui dos uno para toda la malla, iniciamos movimiento”, resuena la voz metálica en la chopera en medio de la noche.

“Zulu Romeo tres, recibido”, replica el jefe de la patrulla.

“¿Y sabes lo mejor de todo? Que siempre me pasa lo mismo”, continúa con sorna Juan. “Cada vez que cierro los ojos y justo en ese momento en que me voy a quedar dormido, dan por radio la orden de movernos. Yo creo que por eso engordo”, y se ríe. Miro a Juan con escepticismo. Gordo no le veo, quizás un poquito de tripita, propia de los años que va acumulando.

“Esta vez, me había tumbado a medianoche sobre la barcaza del Centauro, apoyado contra la torre. Pese a ser octubre, hacía bastante bueno, con el cortaviento era suficiente para estar calentito. Se oían las hojas de los chopos que movía la brisa, que además arrastraba las nubes y se iluminaba todo aquello con la luz de la luna. Añádele el aullido de algún animal nocturno, o algún coche que muy de cuando en cuando pasaba a nuestro lado, y comprenderás que uno termina por quedarse casi dormido. No sé, llevaba así como una hora, hasta que sonó la radio”, sigue él. Me llama la atención los detalles en los que se fija.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Juan, del Junco por apellido, es soldado desde hace ya bastantes años. “Soldado de Caballería”, me puntualiza siempre con un toquecito de orgullo. “De Caballería”. Me gusta quedar con él en el Pasaje Gutiérrez, que es donde me está contando esto ahora. Al principio nos veíamos ahí porque esa galería comercial, de finales del siglo XIX, me parecía un entorno extemporáneo para el mundo de hoy, como la Caballería. Ahora lo hacemos ya por rutina, porque además con el tiempo él me ha hecho descubrir que la Caballería es algo más que los caballos; que nada tiene de extemporánea, al contrario. Y que muchas de las misiones que se ejecutan hoy día en los conflictos en muchas partes del mundo son propias de la Caballería. Así que, con él se acabaron las bromitas sobre eso de que la Caballería ya no tiene lugar.

Juan acaba de volver de maniobras; de unas Beta, como ellos las llaman, que son para que yo me haga una idea, unas maniobras medianas. Las pequeñas las hacen con los escuadrones, y se llaman Alfa. Las medianas son estas Beta. Y en las grandes, las Gamma, ya participa toda su brigada; o la división, no sé. Él tenía ganas de ir a éstas, me dijo hace unas semanas. Porque esta vez no serían en San Gregorio, en Zaragoza, como siempre. Para él, sería la primera vez que desplegase por terreno civil, en contacto con la vida cotidiana de los pueblos entre Valladolid y Palencia. “Es que en San Gregorio, al final, es sota, caballo y rey. Y pese a lo monótono del paisaje y el desierto, terminas por conocer los parajes y te orientas rápido. Que si el vértice Esteban, que si Tres Poyetes, Casas Altas, Tocaburros… Esto, en cambio, es diferente; y más exigente”.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Le escucho con atención, por lo novedoso. “Aquí tenemos que cumplir con la misión asignada, y además molestar lo menos posible a los vecinos de los pueblos, que tienen que continuar con su vida diaria. Nos movemos por carreteras, por caminos, pasamos por las calles de los pueblos…”

-¿Y que habéis estado haciendo, jugando a la guerra con nuestros impuestos?, le pregunto con recochineo, mientras le sonrío para que detecte mi ironía.

-Esta vez el planteamiento era más convencional, con ciertos toques de actualidad, basados en hechos reales ocurridos estos últimos años, en Siria o en Ucrania, por ejemplo, me explica mientras con sus gestos me deja claro que ha captado mi ironía.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
©Carlos Molero

Me cuenta que el ejercicio ha consistido en un despliegue de los tres escuadrones que forman el Grupo de Caballería “Santiago” I/12 del regimiento Farnesio desde sus bases avanzadas (COP según las siglas en inglés de Command Outpost) Skull, Lance y Goshawk en La Mudarra, Cigales y la base aérea de Villanubla hacia el norte, hasta los altos que dominan Palencia, para establecer una línea de puestos de observación, desde los que detectar la aproximación de un supuesto enemigo, uno convencional, que quiere decir que viene con blindados y “tanques”, como toda la vida. Y vienen en superioridad, además, avanzando de norte a sur.

Bardulia frente a Ortoñoland

Los malos son de Bardulia, y quieren aplastar a los de Ortoñoland, ya que tienen un territorio en disputa dentro de éste último, en el que actúan también elementos irregulares del movimiento de liberación de Bardulia. Los “ortuños” han pedido ayuda a eso que se llama la comunidad internacional, y… ¡voilá!, ahí está la Brigada Galicia VII para proteger y dar seguridad.

-Yo creo que diseñan los escenarios para que no nos enteremos de nada, me comenta Juan, aunque sinceramente, éste ha sido menos complejo que lo que luego, en realidad, nos hemos ido encontrando en las misiones que hemos participado.

“¿Y entonces, qué?”, le animo a Juan a que continúe. Lo que ocurre es que el Grupo de Caballería entra en contacto con las vanguardias de los bardulios que avanzan hacia Valladolid, y la Caballería entonces tiene que retrasar ese avance el tiempo necesario para que el grueso de la brigada despliegue para hacer frente al enemigo, entablando combate para tratar de desgastarlo. En jerga militar, una operación de retardo. En la que además el Farnesio recibe apoyos de su propia brigada: zapadores y Artillería, además de la compañía de defensa contracarro del batallón de cuartel general, que forma la tercera task force -que es en lenguaje militar internacional lo que en Caballería siempre se ha denominado partida- del Grupo Táctico Santiago, además de las Task Forces 1 y 2, sobre la base de los dos escuadrones ligeros acorazados de Caballería del Grupo.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Le miro con cara de no entender. Da un trago a su caña, se quita con los labios los restos de espuma, se pasa una servilleta de papel por la boca, la dobla tres veces y la deja sobre el cenicero antes de continuar, ya sin hablarme en jerga. “A ver, para entendernos, imagínate un tridente que avanza hacia el norte desde la línea que une Valladolid con La Mudarra, hasta llegar a Palencia. Y una vez allí, empieza a retroceder hacia la línea de partida mientras combate al enemigo, sólo que ahora la púa de la izquierda, que son los contracarros con sus VAMTAC, se ha movido de sitio, y se encuentra entre las otras dos púas y detrás, porque esas dos van a llevar a los de Bardulia a unas zonas minadas donde detenerlo y batirlo con los misiles y nuestros cañones, ¿comprendes?”. Ahora sí me hago a la idea.

Suena un clarín en su teléfono móvil, y se disculpa con un gesto mientras atiende la llamada. “Era el fisio, tengo que ir la semana que viene”. Enarco las cejas, y me lo aclara. “Las rodillas, tío. Me hago mayor”. Me habla entonces de que al principio de la “mili”, le gustaba mucho eso de bajarse, “como un pro”, de los vehículos saltando desde el glacis, pese a que los más veteranos le aconsejaban siempre hacerlo como Dios manda, usando los estribos de los laterales de la barcaza. “Que más adelante lo vais a notar en las rodillas, en la espalda, en el menisco… nos decían”, reconoce resignado; “y al final, tenían razón, claro”. Y pasa a enumerarme los nombres de los “tanques” a los que se ha subido y desde los que ha saltado en todos estos años: el M-60, el Leopardo, el VEC desde luego, ahora el Centauro…

-Bueno, pero por lo que me cuentas, habrán sido muchas horas de acción trepidante contra los de Bardulia, ¿no?, retomo el hilo de las maniobras.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Desengáñate, Molero, me explica Juan. Eso es en las películas y en las novelas. La realidad se resume en una palabra: esperar. Esperar. Esperar y venga a esperar. Te diría que el 90 por ciento o más es tiempo de espera; y el resto, sí, acción como tú dices.

– ¿Por qué?

-Mira, por ejemplo. Cuando avanzamos, tenemos que hacerlo alcanzando sucesivas líneas de coordinación. Para que me entiendas, todos al mismo tiempo en paralelo, para evitar que se abra un hueco por el que se cuele el enemigo. Y como el ritmo de progresión, como nosotros decimos, es distinto para cada uno, pues hay que hacer altos para que la línea, más o menos, se mantenga. Y a lo mejor, estamos una hora, o dos, o cinco detenidos en un punto, en una línea de coordinación mientras esperamos, porque tal vez la patrulla que avanza en paralelo con nosotros se ha encontrado una incidencia, o tiene una avería, un imprevisto. Porque no estamos nosotros solos, está moviéndose la sección, el escuadrón, el otro escuadrón, el puesto de mando, los zapadores… O quizás recibamos órdenes nuevas, para una nueva misión que hay que preparar y eso lleva su tiempo. Si estamos desplegados en una línea de puestos de observación, como hemos hecho esta vez y casi siempre, pues estás a eso, a vigilar. Como puede estar un cazador en su puesto en un ojeo, a la espera.

Lo que comenta Juan recuerdo haberlo leído en una novela de Arturo Pérez-Reverte, El húsar, y más tarde en casa encontraré la cita en concreto: “He descubierto que la guerra, en contra de lo que cree la gente, es un poco de acción y un mucho, demasiado, de espera. A uno le hacen levantarse de madrugada, lo llevan de acá para allá, lo pasean por un campo de batalla sin que le sea posible averiguar si los suyos están ganando o perdiendo…”. Sigo charlando con él.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Porque esto no se puede hacer con un simulador, entiendo, ¿no?

-Sí, se puede. Tenemos una sección de simulación muy avanzada en el Regimiento; y de hecho el ejercicio lo estuvimos practicando el escuadrón en el simulador. Pero no es lo mismo. Esto, pese al cansancio, es más entretenido. Te mueves con los vehículos, con luces de guerra por la noche, que son prácticamente invisibles, por terreno desconocido, lo que obliga a estar aún más atento. Y luego, por qué no decirlo, es bonito que la gente te salude mientras pasas por los pueblos; o los niños se acerquen curiosos a fisgar; hay personas que se sorprenden al cruzarse con los blindados por las calles de su pueblo o en un cruce de carretera. O te graban con el móvil porque es la primera vez que nos ven. Para mí es un terreno nuevo de maniobras, desconocido, más difícil, un terreno enorme para controlar, piensa que son 25 kilómetros de ancho y casi 50 de profundidad, un pequeño gran desafío. Además, hay cosas que sólo puedes perfeccionar “en real”. No sé… Por ejemplo, solicitar que se desplieguen los zapadores en plena madrugada para que reconozcan un paso en un camino y coordinar las medidas de seguridad con ellos.

A Juan a veces le pregunto por qué viste el uniforme, qué le llevó a enrolarse (en la Caballería) Solo una vez me contestó, hace mucho, con un cierto aire de timidez, como si me revelase un secreto que, para la mirada de otro, pareciese una bobada. “Pues te diré que veía las películas de vaqueros y de indios en la tele, y me imaginaba a mí de mayor siendo eso, un tipo que peleaba a caballo; el resto ya vino solo cuando llegó el momento”.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Y se le nota, la verdad. De cuando en cuando, pese a que ya va peinando canas, aflora esa pasión de la infancia por la vida a caballo que veía en las películas de pequeño, cuando describe algún detalle de unas maniobras, o de alguna de las misiones en las que ha estado fuera de España. “Estábamos desplegados a las afueras de Dueñas, en unas alturas dominando la autovía A-62, al sur de Venta de Baños, en vigilancia para detectar la presencia de posible enemigo moviéndose por la zona”, me explica. “Imagínate”, y hace una pausa mientras se le iluminan los ojos cuya mirada parece, de repente, perderse en el infinito, lejos del aquí y del ahora. Y empieza a dibujar una sonrisa. Y yo vuelvo a sonreír también, porque sé que toca ahora alguna referencia de película, o de cuadro, o de novela. “Los cuatro vehículos de la sección allí arriba, desplegados, medio ocultos entre los pinos, en medio de la noche, luego al amanecer… ¿Te acuerdas de ‘Fort Apache’? Cuando el coronel Thursday llega todo cabreado por primera vez al fuerte, porque por el camino ha visto algunos apaches. Y entonces John Wayne le replica”. Y mi amigo Juan repite de memoria las palabras de El Duque: “Bueno, si los vio, es que no eran apaches. Pues así estábamos nosotros, la segunda patrulla de la Task Force 2 en Dueñas, invisibles como los apaches, pero listos para cerrar sobre el enemigo”.

En columna, los cuatro blindados -se entretiene en los detalles- avanzan comiendo los kilómetros de una estrecha carretera que ondula entre campos ocres de cultivo aún en barbecho, entre pequeñas cotas arboladas, rodeados de una desolación casi completa, con el horizonte nunca alcanzable como destino…

Y tengo para mí que son los mismos ojos de la infancia los que miran el paisaje que me describe cuando a media mañana, su patrulla se repliega desde Dueñas hacia Trigueros del Valle para una nueva misión, en esta ocasión constituirse en el escalón de reserva del Grupo Táctico Santiago. En columna, los cuatro blindados -se entretiene en los detalles- avanzan comiendo los kilómetros de una estrecha carretera que ondula entre ocres y grises terrenos de cultivo aún yermos, entre pequeños cerros y motas arbolados, rodeados de una desolación casi completa, con el horizonte nunca alcanzable como destino, en el que las tierras de viñedos se unen al azul celeste -“que es nuestro color, el de la Caballería”- salpicado con el blanco de las nubes que parecen algodonarse con el calor del sol. “Te va dando el viento en la cara, y notas la vibración del motor…” Y entonces sí, vuelve al aquí y al ahora, me mira sonriendo y comienza a tararear entre dientes: “Tan, taaaaan, tan, tan, taaaaaan”, y ya adivino yo la letra: “Si truena, o nieva, o el sol brillando está. El día ardiente, la noche fría va. Empolvados los rostros, alegre está nuestra conciencia ya. Veloces, los tanques, contra la tempestad”. Y es que, en el fondo, sigue siendo un sentimental.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
©Carlos Molero

“Creo que esa ha sido otra de las cosas interesantes para mí de esta ‘Lanza afilada’, que es como se llamaba el ejercicio. Movernos por lugares nuevos. Meter los VEC y los Centauros entre encinares que parecían imposibles de atravesar, rodeando dehesas, con los conductores demostrando que, pese a todas las dificultades del día a día, mantienen intacta su pericia, unos fenómenos”, prosigue con su relato.

Tres vidas en una

Y también, lo surrealista que a veces resulta estar viviendo tres vidas a la vez. Le interrogo sobre eso, porque no lo comprendo: “¿cómo tres vidas?”, y se ríe. “Sí, mira. Por un lado, estoy desplegado en un combate contra los de Bardulia. Por otro lado, en cualquier momento volvemos a la vida cotidiana. No sé, imagínate que sufrimos una avería. Sin dejar de estar “en la guerra”, es algo que hay que arreglar de verdad. Y a eso, añádele el resto de tu vida real: las citas, los plazos, las decisiones, los problemas que te acompañan “en campaña”, algunos de los cuales necesitan de una solución inmediata.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

-Vamos, que al final terminas un poco chalado, ¿no?, sin saber qué día es o qué toca hacer.

-Tú lo has dicho, hermano. En esos días, se difuminan las rutinas y te adaptas al ritmo de la misión. Un día duermes en la tienda en un horario más o menos normal; otro día, pues toca ponchear un rato junto al vehículo. Un día comes caliente, y después cenas y desayunas de “ladrillo” cuando hay oportunidad en cualquier sitio. O tiramos de imperio.

El imperio, pienso para mí. Sonrío. Hace tiempo, me contó un sargento primero la pequeña historia del imperio, que se remonta al ejército de Alfonso XIII. En esos tiempos, los oficiales se tenían que pagar la comida, por lo que cuando salían al campo, el más moderno se encargaba de hacer acopio de avituallamiento para comer. A eso lo llamaban hacer república. La costumbre se ha mantenido en el tiempo, con el cambio de nombre tras la guerra civil, pasando de república a imperio. Así que uno puede complementar la RIC -la ración individual de combate, el “ladrillo”- con un poco de imperio, que suele ser de lo más variado: dulces, embutido, galletas, pasta, pan de molde, pan… por supuesto café y un hornillo.

Ejercicio "Lanza afilada" 2019
© Carlos Molero

Antes de despedirnos, me cuenta Juan que después de una semana de maniobras por pueblos y caminos de Valladolid y Palencia, las Beta de este año terminaron con un arriado de bandera en Villamuriel de Cerrato, a las afueras de Palencia, que hacía tiempo que lo había solicitado su Ayuntamiento. “Hombre, a ver, ya estás cansado y lo que te apetece es volver a casa y desconectar un poco. Pero también es entretenido y te anima ver cómo los paisanos se acercan a ver los vehículos, a interesarse por tu trabajo, a darte las gracias por el servicio, o a contarte historias de su ‘mili’. Ten en cuenta que esto no es un trabajo de cara al público, y nos pasamos todo el día metidos en una especie de burbuja, dentro de los cuarteles o en los campos de maniobra, donde es muy difícil que la gente pueda ver lo que hacemos y en qué se gasta el dinero de sus impuestos”.

P.D.: como siempre, con mi agradecimiento al RC “Farnesio” 12 por acogerme y dejarme “disfrutar” de su día a día en el campo. Y a Aliste, Durán y Luna, la tripulación de “Culebra”, por enseñarme de cerca cómo se vive en un “Centollo”.

Uniforme del Regimiento Farnesio, 6º de Caballería de Línea (1805 – 1814)

Los estados militares gráficos son álbumes de publicación no periódica de los siglos XVIII y XIX que presentan una relación, más o menos completa, de unidades del Ejército, con al menos los nombres de las mismas, su pie teórico del que están compuestas y una representación gráfica de su uniformidad, que también se describe. El último que se ha publicado, tras el descubrimiento del original, es el del año 1806, editado por el departamento de publicaciones del Ministerio de Defensa.

Publicaciones Minisdef
Portada del Estado militar gráfico de 1806. Ministerio de Defensa

En éste de 1806, por supuesto, aparece el Regimiento Farnesio, que en esa época se denominaba 6º de Caballería de Línea. De él, se dice en el Estado militar gráfico que se halla bajo el mando del coronel D. Josef Manso, y es su teniente coronel D. Beremundo Ramírez de Arellano. Otro teniente coronel, D. Francisco Cornet, ostenta el grado de Sargento Mayor.

Estado militar gráfico de 1806.
Regimiento Farnesio, 6º de Caballería de Línea. Estado militar gráfico de 1806

El uniforme con el que se representa al Farnesio en este estado militar es el correspondiente al reglamento de 10 de abril de 1805, y que consiste en:

  • Sombrero bicornio ligeramente apuntado, con escarapela roja y galón y presilla de color blanco
  • Casaca azul con forro encarnado, solapa encarnada con botones blancos, tres flores de lis en las vueltas, y un león blanco en cada extremo del cuello encarnado, con las guedejas doradas. Hombreras azules turquí
  • Bandoleras blancas cruzadas, una para la cartuchera y otra para la tercerola; tahalí y cinturón blancos. Cartuchera negra con el escudo real en dorado al centro
  • Calzón y chaleco anteados
  • Bocabotín blanco
  • Capote azul turquí
  • Mantilla y tapafundas azules con galón blanco

¿Cómo estaba formado el Regimiento Farnesio en aquella época?¿Cuál era su pie teórico? Bueno, pues los doce regimiento de línea tenían cinco escuadrones, con dos compañías por escuadrón. Cada una de éstas contaba, en teoría, con un capitán, un teniente, un alférez, un sargento primero, dos sargentos segundos, un trompeta, cuatro cabos primeros, cuatro cabos segundos, cuatro carabineros, treinta y ocho soldados montados y otros trece desmontados, entre ellos un herrador. Tenía cada compañía, pues, 70 hombres. Mandaba el escuadrón el más antiguo de los dos capitanes.

Balien 1808
“Bailén 1808”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El Regimiento España a la carga, lo que nos permite comparar su uniforme con el del Farnesio y comprobar que se diferencia, entre otros detalles, en el color del cuello de la casaca, que en el del España era anteado en lugar de encarnado como en Farnesio.

¿Y por dónde andaba el Regimiento en aquellos años? De acuerdo con lo que se lee en el historial del Farnesio, en 1806 “permanece en Andalucía, ocupando los cantones de El Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera, Utrera y Sevilla, donde le pasa revista el capitán general”.

22 de julio. El día que cayó la posición de Annual

El 22 de julio se conmemora una de esas fechas negras de la Historia militar de España, la caída en 1921 de la posición de Annual, en el Rif español, que daría lugar a uno de los episodios más importantes del siglo XX español, el conocido como “Desastre de Annual”.

En pocos días, se vendría abajo el despliegue militar español en aquella zona ante la acometida de las tribus rifeñas sublevadas, con el consiguiente colapso de la Comandancia General de Melilla. En aquellos días, la actuación del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, en la protección de la retirada se convirtió en una gesta, reconocida finalmente en 2012 con la concesión de la cruz laureada colectiva al Regimiento. El epílogo del desastre se escribiría el 9 de agosto de 1921, con la masacre de los 3.000 últimos supervivientes tras su rendición en la posición de Monte Arruit.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Fotografía del coronel Selgas (segundo por la derecha), con algunos oficiales del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, hacia 1921. (Colección particular)

¿Y qué tiene que ver todo esto con nuestro Regimiento Farnesio? Pues unos pocos días después de lo de Monte Arruit, en concreto el 12 de agosto, en plena movilización de fuerzas militares en toda España, salen del cuartel “Conde Ansúrez” de Valladolid los primeros escuadrones del Regimiento hacia Málaga, donde embarcan en los vapores “Monte Toro” y “Antonio Lázaro”, en los que se trasladan a Melilla. Entre los días 12 y 13 de agosto, el regimiento al completo, con sus tres escuadrones de sables y el de ametralladoras, arribará a Melilla, para tomar parte de inmediato en las operaciones para la reconquista de los territorios perdidos.

Lanceros de Farnesio en el Rif
El general Sanjurjo preside un festival deportivo en la posición de Bugardain, en marzo de 1922. Entre los oficiales fotografiados, se ve a dos del Farnesio: el segundo por la izquierda, y el tercero por la derecha.

En la edición del diario ABC del día 15 de agosto, en concreto en la página 10, puede leerse el siguiente breve: “Las tropas que van a Marruecos son aclamadas. Valladolid 13, 8 mañana. Han marchado a Melilla los escuadrones primero y segundo del Regimiento de Lanceros de Farnesio, siendo despedidos por las autoridades y numeroso público. El gobernador civil obsequió a los oficiales con cigarros habanos, y a los soldados con cantidades en metalico.”

El despliegue en África se prolongaría hasta agosto de 1924, con una progresiva reducción de las fuerzas del Regimiento, que se irían replegando sobre su acuartelamiento conforme avanzaba la pacificación del territorio. Cabe destacar que fuerzas de los lanceros de Farnesio fueron las primeras en entrar, allá por el mes de noviembre, en la posición de Monte Arruit, en la que descubrirían los cuerpos aún insepultos de los defensores asesinados por los rifeños. De aquel momento es esta fotografía de aquí debajo, firmada por Lázaro, del páter del Regimiento mientras rezaba un responso ante algunos cadáveres, antes de su inhumación.

Lanceros de Farnesio en el Rif 03
EL páter del Farnesio reza un responso ante el cadáver de uno de los defensores de la posición de Monte Arruit, en noviembre de 1921. (Foto: Lázaro)

Además, en ese mes de noviembre de 1921, el Regimiento, junto con el de Infantería de Isabel II, recibiría la visita de una comisión de la ciudad de Valladolid, encabezada por su alcalde Federico Santander, que llevó hasta el Rif no solo el cariño y el reconocimiento de la ciudad, sino también obsequios varios donados por los vallisoletanos para las tropas. De aquella visita, se descubrió hace unos meses un vídeo inédito, tal y como informó en su momento el diario El Norte de Castilla.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Portada de “La Unión ilustrada” que informa de la visita de una comisión de Valladolid a los soldados destacados en el Rif, en noviembre de 1921.

Veteranos – Visita al RC “Farnesio” 12

El viernes 14 de junio, un grupo de integrantes de la Asociación de Veteranos del Regimiento Farnesio visitó las instalaciones del Regimiento en la Base Militar “El Empecinado”, en Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

Visita de veteranos al Regimiento

Los veteranos fueron recibidos por el coronel del Regimiento Farnesio, Juan José Soto, quien hizo una exposición pormenorizada de aspestos relacionados con el personal, la orgánica y los materiales con que cuenta actualmente el Farnesio, así como las expectativas a medio plazo.

Además, personal del Regimiento Farnesio presentó a los veteranos de la Unidad los distintos sistemas de simulación para instrucción del combatiente con los que cuenta el viejo Tercio de Hessen-Homburg, y los proyectos en que, sobre esta materia, se trabaja en la actualidad, siendo de gran interés para los allí reunidos.

Visita de veteranos al Regimiento