Uniforme del Regimiento Farnesio, 6º de Caballería de Línea (1805 – 1814)

Los estados militares gráficos son álbumes de publicación no periódica de los siglos XVIII y XIX que presentan una relación, más o menos completa, de unidades del Ejército, con al menos los nombres de las mismas, su pie teórico del que están compuestas y una representación gráfica de su uniformidad, que también se describe. El último que se ha publicado, tras el descubrimiento del original, es el del año 1806, editado por el departamento de publicaciones del Ministerio de Defensa.

Publicaciones Minisdef
Portada del Estado militar gráfico de 1806. Ministerio de Defensa

En éste de 1806, por supuesto, aparece el Regimiento Farnesio, que en esa época se denominaba 6º de Caballería de Línea. De él, se dice en el Estado militar gráfico que se halla bajo el mando del coronel D. Josef Manso, y es su teniente coronel D. Beremundo Ramírez de Arellano. Otro teniente coronel, D. Francisco Cornet, ostenta el grado de Sargento Mayor.

Estado militar gráfico de 1806.
Regimiento Farnesio, 6º de Caballería de Línea. Estado militar gráfico de 1806

El uniforme con el que se representa al Farnesio en este estado militar es el correspondiente al reglamento de 10 de abril de 1805, y que consiste en:

  • Sombrero bicornio ligeramente apuntado, con escarapela roja y galón y presilla de color blanco
  • Casaca azul con forro encarnado, solapa encarnada con botones blancos, tres flores de lis en las vueltas, y un león blanco en cada extremo del cuello encarnado, con las guedejas doradas. Hombreras azules turquí
  • Bandoleras blancas cruzadas, una para la cartuchera y otra para la tercerola; tahalí y cinturón blancos. Cartuchera negra con el escudo real en dorado al centro
  • Calzón y chaleco anteados
  • Bocabotín blanco
  • Capote azul turquí
  • Mantilla y tapafundas azules con galón blanco

¿Cómo estaba formado el Regimiento Farnesio en aquella época?¿Cuál era su pie teórico? Bueno, pues los doce regimiento de línea tenían cinco escuadrones, con dos compañías por escuadrón. Cada una de éstas contaba, en teoría, con un capitán, un teniente, un alférez, un sargento primero, dos sargentos segundos, un trompeta, cuatro cabos primeros, cuatro cabos segundos, cuatro carabineros, treinta y ocho soldados montados y otros trece desmontados, entre ellos un herrador. Tenía cada compañía, pues, 70 hombres. Mandaba el escuadrón el más antiguo de los dos capitanes.

Balien 1808
“Bailén 1808”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El Regimiento España a la carga, lo que nos permite comparar su uniforme con el del Farnesio y comprobar que se diferencia, entre otros detalles, en el color del cuello de la casaca, que en el del España era anteado en lugar de encarnado como en Farnesio.

¿Y por dónde andaba el Regimiento en aquellos años? De acuerdo con lo que se lee en el historial del Farnesio, en 1806 “permanece en Andalucía, ocupando los cantones de El Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera, Utrera y Sevilla, donde le pasa revista el capitán general”.

22 de julio. El día que cayó la posición de Annual

El 22 de julio se conmemora una de esas fechas negras de la Historia militar de España, la caída en 1921 de la posición de Annual, en el Rif español, que daría lugar a uno de los episodios más importantes del siglo XX español, el conocido como “Desastre de Annual”.

En pocos días, se vendría abajo el despliegue militar español en aquella zona ante la acometida de las tribus rifeñas sublevadas, con el consiguiente colapso de la Comandancia General de Melilla. En aquellos días, la actuación del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, en la protección de la retirada se convirtió en una gesta, reconocida finalmente en 2012 con la concesión de la cruz laureada colectiva al Regimiento. El epílogo del desastre se escribiría el 9 de agosto de 1921, con la masacre de los 3.000 últimos supervivientes tras su rendición en la posición de Monte Arruit.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Fotografía del coronel Selgas (segundo por la derecha), con algunos oficiales del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, hacia 1921. (Colección particular)

¿Y qué tiene que ver todo esto con nuestro Regimiento Farnesio? Pues unos pocos días después de lo de Monte Arruit, en concreto el 12 de agosto, en plena movilización de fuerzas militares en toda España, salen del cuartel “Conde Ansúrez” de Valladolid los primeros escuadrones del Regimiento hacia Málaga, donde embarcan en los vapores “Monte Toro” y “Antonio Lázaro”, en los que se trasladan a Melilla. Entre los días 12 y 13 de agosto, el regimiento al completo, con sus tres escuadrones de sables y el de ametralladoras, arribará a Melilla, para tomar parte de inmediato en las operaciones para la reconquista de los territorios perdidos.

Lanceros de Farnesio en el Rif
El general Sanjurjo preside un festival deportivo en la posición de Bugardain, en marzo de 1922. Entre los oficiales fotografiados, se ve a dos del Farnesio: el segundo por la izquierda, y el tercero por la derecha.

En la edición del diario ABC del día 15 de agosto, en concreto en la página 10, puede leerse el siguiente breve: “Las tropas que van a Marruecos son aclamadas. Valladolid 13, 8 mañana. Han marchado a Melilla los escuadrones primero y segundo del Regimiento de Lanceros de Farnesio, siendo despedidos por las autoridades y numeroso público. El gobernador civil obsequió a los oficiales con cigarros habanos, y a los soldados con cantidades en metalico.”

El despliegue en África se prolongaría hasta agosto de 1924, con una progresiva reducción de las fuerzas del Regimiento, que se irían replegando sobre su acuartelamiento conforme avanzaba la pacificación del territorio. Cabe destacar que fuerzas de los lanceros de Farnesio fueron las primeras en entrar, allá por el mes de noviembre, en la posición de Monte Arruit, en la que descubrirían los cuerpos aún insepultos de los defensores asesinados por los rifeños. De aquel momento es esta fotografía de aquí debajo, firmada por Lázaro, del páter del Regimiento mientras rezaba un responso ante algunos cadáveres, antes de su inhumación.

Lanceros de Farnesio en el Rif 03
EL páter del Farnesio reza un responso ante el cadáver de uno de los defensores de la posición de Monte Arruit, en noviembre de 1921. (Foto: Lázaro)

Además, en ese mes de noviembre de 1921, el Regimiento, junto con el de Infantería de Isabel II, recibiría la visita de una comisión de la ciudad de Valladolid, encabezada por su alcalde Federico Santander, que llevó hasta el Rif no solo el cariño y el reconocimiento de la ciudad, sino también obsequios varios donados por los vallisoletanos para las tropas. De aquella visita, se descubrió hace unos meses un vídeo inédito, tal y como informó en su momento el diario El Norte de Castilla.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Portada de “La Unión ilustrada” que informa de la visita de una comisión de Valladolid a los soldados destacados en el Rif, en noviembre de 1921.

Veteranos – Visita al RC “Farnesio” 12

El viernes 14 de junio, un grupo de integrantes de la Asociación de Veteranos del Regimiento Farnesio visitó las instalaciones del Regimiento en la Base Militar “El Empecinado”, en Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

Visita de veteranos al Regimiento

Los veteranos fueron recibidos por el coronel del Regimiento Farnesio, Juan José Soto, quien hizo una exposición pormenorizada de aspestos relacionados con el personal, la orgánica y los materiales con que cuenta actualmente el Farnesio, así como las expectativas a medio plazo.

Además, personal del Regimiento Farnesio presentó a los veteranos de la Unidad los distintos sistemas de simulación para instrucción del combatiente con los que cuenta el viejo Tercio de Hessen-Homburg, y los proyectos en que, sobre esta materia, se trabaja en la actualidad, siendo de gran interés para los allí reunidos.

Visita de veteranos al Regimiento

V Carrera de combate “Lanceros de Farnesio”

Dentro de los actos organizados con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, el Regimiento de Caballería “Farnesio” 12 desafió a medio millar de deportistas a tomar parte en la quinta edición de su Carrera de combate, en los terrenos de la Base Militar “El Empecinado” de Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

V Carrera de combate "Lanceros de Farnesio"
La foto es de uso libre. © Carlos Molero

Se trata de un recorrido de unos 6 kilómetros, que puede hacerse de manera individual o por binomios (masculino, femenino y mixto), jalonados por distintos obstáculos que ponen a prueba la habilidad, resistencia, sufrimiento (y también la paciencia) de los corredores, bajo el lema “Tierra, agua, fuego… acero”. En este enlace, puedes conocer en qué consiste la prueba y a qué te reta el Regimiento más antiguo de la Caballería española:

V Carrera de combate “Lanceros de Farnesio”

V Carrera de combate "Lanceros de Farnesio"
La foto es de uso libre. © Carlos Molero

Ahí va la galería de imágenes, ¡que las disfrutes!

Escuadrón “Deus ex machina” en San Gregorio

Deus ex machina: según el diccionario de la Real Academia Española, “persona o cosa capaz de solucionar, sin dificultad aparente, todo tipo de situaciones.”

Esta entrada del blog está dedicada a esas personas precisamente. Y va dirigida a aquellas otras que no están puestas en la materia o a quienes, como yo, les sorprende que, en medio de la nada, parezca haber solución para todo tipo de situaciones. Doy por hecho que a quienes visten el uniforme, lo que cuente aquí ahora no les llamará la atención, por cotidiano. O incluso les hará gracia que me llame la atención. Bueno, ahí vamos.

Y vamos, lo primero, a comer. A las 14:30 más o menos. En medio de ninguna parte, literal. Me suena que debemos de estar cerca de la caseta de Cativiela, o de Antolín, pues alguien lo ha mencionado en algún momento. Una hondonada solitaria, áspera y desapacible en la que, por contraste, se destaca un almendro ya en flor a cuyo alrededor se oye el zumbido de un enjambre de abejas. Y uno se pregunta: ¿qué diablos comeremos aquí? ¿Nos caerá el maná del cielo, como a extraviados israelitas en el desierto?

CNMT "San Gregorio" 2019
Primero, segundo y postre. © Carlos Molero

Nada de eso. Aparece un vehículo ligero, un Aníbal del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, cuyos rancheros han echado la mañana preparando las alubias blancas, la carne con arroz y la fruta que todos, en fila disciplinadamente, recogemos en esas típicas bandejas de metal que forman parte de la iconografía de unos días en el campo de maniobras.

CNMT "San Gregorio" 2019
Municionando los Centauros.

O nos vamos al Puig Amarillo, a un ejercicio de tiro. Pero para disparar, hace falta munición. ¿Se ha acordado alguien de traerla? Por supuesto que sí. Cuando el escuadrón ligero acorazado se concentra en la caseta de Curdi para municionar, allí están ya los camiones del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que se ha encargado además previamente de pasarse por el polvorín del campo de maniobras a por los lotes correspondientes.

O volvemos ya con la noche encima al vivac, con una cierta preocupación por todo el combustible que hemos gastado moviéndonos el día entero de acá para allá. ¿Quien dijo preocupación? En el mar de luces que nos acoge ya desde lejos en la Hoya del Borracho, se distinguen, aisladas a unas decenas de metros lejos de las tiendas de campaña, las naranjas laterales de una de las cisternas del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que envuelta en el paisaje negro aguarda para dar de beber a los sedientos blindados.

CNMT "San Gregorio" 2019
¿Marte?¿Venus? No, San Gregorio. © Carlos Molero

Y cuando uno de ellos se pone malo, o no puede arrancar, o su motor carraspea o se ve envuelto en una humareda de origen incierto, para allá que van los especialistas del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, a hacerle el diagnóstico y tratar de dar solución a otra situación inesperada en medio de esta nada. Y si quien necesita ayuda es un humano, ¿qué? Pues también hay solución, por supuesto. El personal sanitario del escuadrón de Plana Mayor y Servicios tiene un dispensario -que tendrá un nombre técnico en la jerga militar, seguro- para atender achaques, enfermedades, traumatismos… Y si la cosa se complica, al hospital militar de Zaragoza.

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Una de las ambulancias de que dispone el RC “Farnesio” 12 © Carlos Molero

Y tras un día de campo, hasta se agradece entrar en una de esas tiendas de campaña que sirven para todo que monta el escuadrón de Plana Mayor y Servicios, y sentarte en un banco de liso, gris y frío metal para que la memoria comience a decantar lentamente, como los buenos vinos de reserva, los recuerdos, los momentos, las emociones, las imágenes…

La Psicología suele vincular el color azul con las ideas de serenidad, de calma, con el control de las situaciones, con la protección, con la seguridad. Tal vez por eso sea el azul el color con el que se identifica al escuadrón de Plan Mayor y Servicios.

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Banderín azul, del escuadrón de Plana Mayor y Servicios © Carlos Molero

Las corazas despliegan en San Gregorio

Un escuadrón del Regimiento, reforzado con elementos del de Plana Mayor y Servicios, desplegó en el campo nacional de maniobras y tiro “San Gregorio” de Zaragoza, entre los días 19 y 27 de febrero de 2019, en coincidencia con el ejercicio “Linaje artillero”, unas ‘alfas reunidas’ del Grupo de Artillería de Campaña VII, de la Brigada “Galicia” VII.

CNMT "San Gregorio" 2019
En la “Hoya del borracho”, a la espera de iniciar el movimiento. © Carlos Molero

Durante un par de días, estuve acompañando a los hombres y mujeres del Regimiento en este despliegue en San Gregorio, que se aprovechó entre otras muchas cosas, para refrescar la instrucción de tiro de las tripulaciones del Centauro con el armamento principal, el cañón de 105 mm.

En esas 48 horas, pude conocer cómo se franquea el río Ebro sobre pontones, el trabajo de los observadores avanzados de Artillería, cómo se pide un apoyo de fuego de artillería, o el efecto multiplicador en las capacidades de un escuadrón que puede proporcionar una patrulla de helicópteros de ataque. O cómo ponerse a cubierto de esta cuando, dentro de las incidencias que se inyectan en el ejercicio, los “Tigres” se convierten durante un rato en enemigos a la caza.

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Jinete entre MGs. © Carlos Molero

Sin duda que, visto desde fuera, lo más espectacular es la sesión de tiro en el campo de tiro “Puig Amarillo”, donde por unas horas de la tarde, el aire se llena de estampidos sordos y explosiones, que se mezclan con el tableteo de las ametralladoras de los VAMTAC de la sección de vigilancia del escuadrón, a las que hacen coro los cañones Bushmaster de los VEC. Eso sí, todas las voces quedan aplastadas cada vez que el Centauro ruge con su cañón OTO Melara de 105 mm. Pero antes de que empiece el concierto, pasamos unos cuantos minutos en la caseta de Curdi, uno de esos incontables corrales, chozos, casas y parideras que sobreviven en ruinas al paso del tiempo en las 33.000 hectáreas del campo de maniobras y que sirven de referencias para no terminar perdido en esta especie de ‘non plus ultra’.

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A la derecha del fogonazo, va el proyectil en vuelo. © Carlos Molero

Allí, se descarga la munición de los camiones que la han acercado desde el vivac del escuadrón, y se reparte entre las tripulaciones. Todo perfectamente empaquetado y etiquetado; así de primeras podría pensarse en realidad que lo que se están descargando son botellas de vino de gran reserva para un Gulliver sediento: su caja de madera, que se abre y muestra en su interior un embalaje cilíndrico negro que custodia la botella, de una añada imposible de identificar, algo así como 4C1/S70… Con mucha soltura y maña, los jinetes del Farnesio van desvelando la realidad; no son botellas sino proyectiles HEAT de 105 mm, que cargan sobre sus hombros como si tal cosa, para pasarlos por una escotilla siempre pequeña a los alvéolos de la torre del Centauro, donde reposarán hasta su último viaje.

CNMT "San Gregorio" 2019
HEAT, alto explosivo contracarro.

Batman, Marlboro, Cangrejos…

Ver el despliegue de un escuadrón de Caballería desde dentro es, en realidad, no ver el despliegue de un escuadrón de Caballería, sino intuirlo por las nubes de polvo e imaginarlo en tu cabeza, para lo que compones mentalmente un mapa al que añades elementos conforme los mensajes de radio se suceden por las mallas de transmisiones. Nos movemos con “Batman”, el jefe de la partida que progresa desde primera hora de la mañana por unos ejes que nos llevarán desde la Hoya del borracho hasta, más o menos, las casas bajas del Castellar.

Eso medido sobre el mapa en línea recta vienen a ser once o doce kilómetros; pero en la “guerra” se transforman en una distancia que no parece acortarse nunca, con continuos tiempos de espera en medio de ningún lugar, bajo el sol que reverbera sobre el blanco de los caminos, secos desde hace semanas.

CNMT "San Gregorio" 2019
Vehículo de Exploración de Caballería VEC TC-25 © Carlos Molero

Son tiempos de espera habituales, puesto que estamos aguardando a que las patrullas -Marlboro, Jolie, Cangrejos…- vayan alcanzando las líneas de coordinación para continuar con la progresión, y eso lleva su tiempo. Y además, esto es Caballería, el despliegue es amplio y sólo muy de cuando en cuando vemos alguno de los vehículos que toman parte en la maniobra. A nuestra retaguardia, siempre cerca y preparado, nos acompaña “Aybar” (¿o será con v?), el equipo de observadores avanzados del Grupo de Artillería de Campaña VII que tiene asignado hoy la partida.

El PREM

Esta, ahora, despliega en anillo, sobre las cotas dominantes para proporcionar la seguridad a un PREM -¡qué sería del Ejército sin las siglas y los sigloides!-, un punto de reabastecimiento y municionamiento que es utilizado por una pareja de helicópteros “Tigre” del Batallón de Helicópteros de Ataque (BHELA) I de Almagro (Ciudad Real), para realizar un repostaje en caliente; o sea, sin apagar los motores.

CNMT "San Gregorio" 2019
Helicóptero Tigre del Batallón de Helicópteros de Ataque (BHELA) I de Almagro (Ciudad Real), a punto de aterrizar para un reabastecimiento en caliente en un PREM, punto de reabastecimiento y municionamiento. © Carlos Molero

Después, y hasta que llegue el ocaso, la patrulla de aeronaves se convierte en un elemento más de maniobra a las órdenes de “Batman”. Vamos de nuevo hacia el norte, en medio de un tráfico continuo de comunicaciones, en las que los mensajes de “Batman” para “Jolie”, “Marlboro”, “Cangrejos” se cruzan con los de Delta Uno Uno para Bravo Mike Dos, para Bruma, para Ayvar… Resulta divertido esa especie de doble personalidad, en la que por unos momentos eres un personaje de comic de DC y de inmediato te conviertes en el señor Delta.

CNMT "San Gregorio" 2019
Y mañana, más. © Carlos Molero

Ahora, de repente, los helicópteros han “chaqueteado” y se han pasado al enemigo. La partida ha de adoptar las medidas de ocultación oportunas para evitar ser detectada por estos ícaros manchegos armados hasta los dientes y con ganas de pelea. Desde el puesto de mando móvil de “Batman”, podemos intuir el vuelo de los Tigres -el rumor de cuyos rotores se deja oír con mayor o menor intensidad entre los arbustos que nos ocultan de ellos- por las notificaciones que, de su posición, van “cantando” las distintas patrullas. Pero que no se confíen los aviadores del Ejército, que la partida del Farnesio no está inerme ante ellos; de hecho, los tiradores de precisión de “Cangrejos” los tienen a tiro de sus fusiles…

Río Ebro

Estos días de ejercicio se cierran con una nueva colaboración con otras unidades del Ejército de Tierra. Artillería, Aviación del Ejército… y ahora Ingenieros; en concreto con el Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros (RPEI) nº 12, que tiene su acuartelamiento en Monzalbarba, un barrio a las afueras de Zaragoza con salida directa al río Ebro. Y eso vamos a hacer esta mañana: cruzar el río Ebro sobre pontones.

CNMT "San Gregorio" 2019
Siga la señal… © Carlos Molero

Primero, una marcha en columna de una hora hasta las inmediaciones de Alfocea, en el límite oeste del campo de maniobras, donde nos ponemos ya en manos de los primeros pontoneros. Ellos se encargan de reorganizar la columna con el orden de marcha con que cruzaremos el río: ligeros, camiones, VECs y Centauros. Además, explican las medidas de seguridad que han de adoptar las tripulaciones, y las que los propios ingenieros han tomado para que todo se desarrolle sin sobresaltos.

Cuando se llega a la orilla del río, el despliegue de los pontoneros transmite una sensación de control total: balizas, guías y centinelas que encaminan a la columna, embarcaciones y buceadores en el río listos para entrar en acción en caso de que alguien caiga al agua… Los pontones ya están instalados y el cruce se hace con rapidez, a pesar de que no vamos a más de 15 km/h.

CNMT "San Gregorio" 2019
Franqueo del río Ebro sobre pontones. © Carlos Molero

Salvado el obstáculo, dentro del acuartelamiento los ingenieros han preparado una “gymkana” para que la partida se instruya en el paso de obstáculos mediante el cruce de los distintos puentes en servicio en el Ejército de Tierra, esos que en los últimos meses se han desplegado en distintos puntos de España para paliar los daños producidos en las infraestructuras por crecidas de los ríos: puente Dornier, puente Bailey… Salida del acuartelamiento “Sangenís” de nuevo en columna, paso de los pontones y marcha de regreso al vivac en la Hoya del borracho, donde los rancheros han preparado un menú “infantil”, pues hay que desmontar cuanto antes el campamento para iniciar el repliegue.

El Aníbal nos va acercando poco a poco a la entrada del CENAD “San Gregorio”. En el retrovisor, en medio del traqueteo, se va alejando poco a poco La hoya del borracho. Nos vamos acercando a la salida del campo de maniobras,  y en el retrovisor, entre las nubes de polvo se van difuminando las siluetas de los vehículos y de los jinetes del Regimiento Farnesio, los últimos de una saga de soldados nacida en Flandes en aquella época en la que nunca se ponía el sol.

 

 

 

 

 

 

¿Quién fue Jorge Cristián, el “Príncipe de Hersemburgo”?

Entre los miles de documentos de los Archivos Generales del Reino de Bélgica, en Bruselas, se conserva una conformidad que dice haberse despachado “otra patente al Príncipe de Ombergh en Mons a 7 de marzo de 1649 de Maestre de campo de un tercio de Caballería que se ha de formar con cinco compañías de caballos, a saber, la del dicho maestre de campo, la del capitán La Haut, su sargento mayor, y las de los capitanes Croy y Andres Coog”.

Patente Ombergh
Conformidad para la patente de maestre de campo al príncipe de Ombergh.

Y de Bruselas, saltamos a Madrid, a la Real Academia de la Historia, entre cuyos fondos se custodia la colección “Salazar y Castro”, un gigantesco archivo de documentos oficiales que abarca desde la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XVIII. Entre esa infinidad de papeles, nos interesa fijarnos en uno en concreto, una carta con fecha de 3 de agosto de 1653, archivada en el volumen A-94 -dedicado a la correspondencia del landgraviato de Hessen-Homburg-, que en el índice viene resumida de esta manera: “Carta de Jorge Cristián, landgrave de Hessen-Homburg, a Luis Méndez de Haro, en la que se queja de que el archiduque de Austria, Leopoldo Guillermo, haya dispuesto del mando de su regimiento de Caballería de Flandes”.

Retrato del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg. Fuente: Wikipedia

Ambos documentos nos pueden interesar porque, de alguna manera, marcan el comienzo y el final del servicio a las armas reales de este príncipe alemán, Jorge Cristián, primer maestre de campo de aquel tercio que se iba a crear en Flandes con cinco compañías de caballos y que, con el tiempo, se ha convertido en nuestro actual Regimiento de Caballería “Farnesio” 12. Y de paso, nos permiten rectificar la identidad de ese “Príncipe de Ombergh”, al que durante muchos años se ha identificado como Federico II de Hessen-Homburg, primer maestre de campo del “Farnesio”. No fue a Federico, sino a su hermano mayor, Jorge Cristián, a quien se concedió la patente para el mando del tercio de Caballería.

El landgrave Jorge Cristián fue un personaje peculiar, muy de su época, y tenemos la suerte de que una historiadora alemana, Margarete Hintereicher, dedicase en 1985 un minucioso estudio a su biografía, lo que nos permite conocer muchos detalles y vicisitudes de la vida de este príncipe protestante que sirvió bajo las banderas de los Austrias en Flandes, se convirtió al catolicismo en 1651, viajó a España en busca de mejorar su posición, y por discrepancias sobre el tratamiento que había de recibir por parte del rey Felipe IV, terminó alistándose en el bando francés.

Caballería en Flandes, siglo XVII. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau

Conozcamos, pues, a quien fue el primer jefe que tuvo nuestro Regimiento Farnesio. Jorge Cristián de Hesse-Homburg nace el 10 de diciembre de 1626 en la actual ciudad de Bad Homburg vor der Höhe, que se encuentra a unos kilómetros al norte de Frankfurt (Alemania). Es el cuarto de los seis hijos del matrimonio formado por Federico, primer landgrave de Hessen-Homburg, y Margarita Isabel de Leiningen-Westerburg. Jorge Cristián no ostenta el título de landgrave de Hessen-Homburg hasta el año 1669, fecha en que le compra el landgraviato a su hermano mayor Guillermo Cristóbal, si bien en la documentación española aparece siempre mencionado como príncipe de Omburch, de Ombergh, o de Omburgh.

Es Hessen-Homburg, en su origen, un pequeño landgraviato surgido en 1622 por decisión del landgrave Luis V de Hesse-Darmstadt, estado vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico, de ceder a su hermano Federico la autoridad civil sobre esa parte del territorio de Hesse. Federico I es landgrave de Hessen-Homburg hasta su muerte en 1638, quedando entonces al frente del principado su viuda Margarita Isabel hasta 1648, en que es nombrado landgrave su tercer hijo, el ya citado Guillermo Cristóbal.

Con poco más de 20 años, Jorge Cristián pasa a servir en el Ejército del rey Felipe IV en Flandes. Su biógrafa Margarete Hintereicher sostiene que su alistamiento se debe a las gestiones que su primo Jorge II de Hesse-Darmstadt hace ante el gobernador de los Países Bajos, Leopoldo Guillermo de Habsburgo. Tal vez pueda extrañar la presencia de hombres de armas alemanes en los Ejércitos de los Austria, mas hay que tener en cuenta que el Sacro Imperio pasó por herencia a la Corona de España con Carlos I.

En esas tierras, desde entonces, se van reclutando tropas para las guerras que sostiene el emperador y sus descendientes. Con el paso de los años, y en especial en el siglo XVII, la recluta se ampliará a zonas del norte de Alemania, en los principados y obispados de religión protestante. Recluta que dará lugar a la distinción entre alemanes “altos” (los procedentes de zonas católicas) y “bajos”, de religión protestante, tal y como explica el historiador italiano Davide Maffi en su libro “En defensa del Imperio”.

Esa captación tiene dos objetivos. Por una parte, reforzar el dispositivo militar de la Corona de España; y por otra, evitar que esas fuerzas militares puedan ser puestas al servicio del rey de Francia, el principal enemigo de España. La presencia de alemanes en las filas del Ejército de Flandes no es, ni mucho menos, testimonial. El mismo Maffi explica que en diciembre de 1649, por ejemplo, la Infantería en Flandes está formada por 46.176 soldados, de los cuales 14.607 -es decir el 31,63 por ciento- son de origen alemán.

Patente de capitán

Pero volvamos a Jorge Cristián. El primer documento oficial que se conserva de su vida militar al servicio de España es la patente de capitán que se le concede en Bruselas el 21 de diciembre de 1648, para el mando una compañía de cien caballos-corazas que se encuentra vacante tras el deceso de su titular, el conde de Estrée. Este conde era Claude François d’Ongnies, uno de los muchos jefes de Caballería muertos en la batalla de Lens, en agosto de ese mismo año. Precisamente el deficiente empleo del Arma en esa batalla animará definitivamente al rey Felipe IV a agrupar sus compañías de Caballería en tercios, uno de los cuales -como veíamos al principio- queda al mando de Jorge Cristián de Hesse-Homburg. Tiene en ese momento 22 años.

Firma autógrafa del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg

El tercio de nuestro príncipe de Hessen-Homburg formará parte de la que, en las relaciones y documentos de la época, se denomina Caballería de Saint Omer y Aire, por tener sus acuartelamientos en las ciudades de Saint Omer y Ayre-sûr-la-Lys, en el actual departamento francés del Paso de Calais. Incluso en la relación de la campaña de Flandes del año 1650, que el secretario de avisos secretos de guerra Juan Antonio Vincart envía al rey Felipe IV, se puede leer una mención al tercio de Hessen-Homburg entre las primeras fuerzas que acuden a sitiar la plaza de Mouzon: “En esto, el marqués de Molenguien, habiéndose separado del Ejército, con la brigada de Don Baltasar Mercader, los Regimientos de Caballería del Príncipe de Omburch, del Príncipe de Guildeben…” Como curiosidad, dicho lugar, Mouzon, aparece mencionado en el himno del Regimiento Farnesio, compuesto en 1949, y si algún lector se lo sabe o lo ha cantado alguna vez, le resultará familiar: “¡Vivan los escuadrones de Farnesio, que triunfaron en Flandes y en Monzón!” (sic).

Relacion 1650
Página 70 de la “Relación de los sucesos de las Armas de Su Majestad en Flandes” del secretario Juan Antonio Vincart, correspondiente al año 1650. En el párrafo derecho, hay una mención al Regimiento de Cavallería (sic) del Príncipe de homburch

En 1651, y por motivos que nunca se aclararon, el príncipe Jorge Cristián se convierte al catolicismo, tomando los servicios espirituales de un jesuita francés, el canónigo Jean Arnauld. En noviembre de ese mismo año, Jorge Cristián envía una carta al rey Felipe IV, fechada en el campo cerca de Mons, en la que le informa de su conversión y le insiste en su voluntad de servir al Rey Católico: “Si bien es verdad que me he preciado siempre de muy obediente servidor de Vuestra Majestad, ahora me queda mayor confianza y eficacia de servirla, con los felices sucesos y gloriosos efectos que me puedo prometer de la divina que por su misericordia infinita me tiene alumbrado con la Santa Fe Católica Apostólica y Romana […] necesito de suplicar a Vuestra Majestad sea el norte, y amparo mío, y me haga dichoso en todo, mandome con especial favor en las ocasiones que siempre estimare las que se me olviden en este servicio a Vuestra Majestad y que puedan descubrir que para lo que importare, la de ser mi voluntad conforme a la de Vuestra Majestad, cuya Católica y Real Persona Guarde Dios… Animado por la respuesta que recibe de la Corte de Madrid, y pese a las recomendaciones familiares en contrario, Jorge Cristián decide viajar a España en el verano de 1652 en busca de favores y de mejorar su situación personal. Lo hace acompañado por el canónigo Arnauld y un sirviente.

El joven Hessen-Homburg es, desde luego, un príncipe ambicioso, puesto que a la pregunta que le dirige el Consejo de Estado sobre sus pretensiones al viajar a España y ser recibido por el rey, no duda en responder que ansía ser nombrado general de la Caballería de Milán. Y así puede leerse en la carta, que con fecha 28 de agosto de 1652, dirige al secretario de Felipe IV, Luis Méndez de Haro, y que se conserva aún en la Real Academia de la Historia: “…y como he sabido después que estaba vaco el de general de la caballería de Milán, que teniendo experiencia de cuan frecuentes son por allí las ocasiones del real servicio de Su Majestad, confiado como debo en la magnanimidad que Vuestra Excelencia me hace, y en su amparo, ya que no puedo valerme de otro medio si no es el de éste, vengo a significar a Vuestra Excelencia que sería para mí de suma estimación y gusto si Su Majestad fuese servido de hacerme merecedor de él…” Además, manifiesta ser el único Hessen-Homburg que sirve en ese momento al rey español: “Que yo soy hoy el solo de mi casa que tengo la honra de militar debajo de las banderas de Su Majestad”.

Sin embargo, las gestiones ante el Consejo de Estado para conseguir sus pretensiones comienzan a torcerse tras manifestar el príncipe Jorge Cristián su interés en ser recibido en audiencia pública por Felipe IV y en serle permitido permanecer cubierto ante el rey, tal y como el archiduque de Austria le había autorizado durante una cena en Bruselas. El asunto, que tal vez visto con los ojos de hoy nos puede parecer baladí, tenía en aquellos tiempos su importancia, ya que sólo a los Grandes de España se les permitía estar cubiertos en presencia del Rey.

Y como señala en sus deliberaciones el Consejo de Estado, y menciona Hintereicher, permitir que Jorge Cristián se mantuviese cubierto supondría un agravio comparativo con otros landgraves del Sacro Imperio. Que los príncipes eran un tanto peculiares y miraban mucho por su reputación, lo que suponía más de un quebradero de cabeza para el gobernador de Flandes, queda manifestado en una carta de Leopoldo Guillermo a Felipe IV fechada el 20 de febrero de 1653: “ya he dicho a Vuestra Majestad cuan embarazosos son aquí estos cadetes de Príncipes del Imperio, y el landgrave no lo será poco.”

Caballería en Flandes. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau

Van pasando los meses de 1652, y Jorge Cristián no logra ver realizada su intención de tratar al rey en audiencia, pese a que el Consejo de Estado le propone como alternativa una, pero privada, con Felipe IV, algo que el de Hessen-Homburg entiende como poco digno para el nombre de su Casa, y así se lo expone, en otra misiva de 29 de enero de 1653, al arzobispo de Rodas y nuncio del Papa Inocencio X en España, monseñor Francisco Gaetano: “sería siempre en mí el pasar por ésta hacer yo un agravio manifiesto a mis parientes”.

Para esa fecha, 29 de enero, al pobre Jorge Cristián, si se me permite la expresión, ya le están creciendo los enanos, puesto que un mes antes, en concreto el 5 de diciembre de 1652, el canónigo Arnauld es detenido en la localidad zamorana de Villalcampo, bajo la sospecha de estar tratando de alcanzar la frontera de Portugal. Al ser arrestado, se le intervienen diversos documentos, algunos de ellos en blanco, pero ya con la firma del príncipe Jorge Cristián. Hay que recordar que, en esas fechas, la Corona de España combate en cuatro frentes: Flandes, Italia, Cataluña y Portugal, lo que acrecienta la sospecha de las autoridades españolas de que se hallan ante un espía.

Consulta al Gobernador de Flandes

A esto se une la respuesta que recibe del Consejo de Estado, en el sentido de que no habrá audiencia con Su Majestad hasta no recibir contestación a una carta que Felipe IV ha enviado al Gobernador de Flandes, Leopoldo Guillermo de Habsburgo, sobre los honores que debe tributarle el rey. Apenas tarda dos días Jorge Cristián en ponerse en contacto con el secretario Méndez de Haro, mediante misiva de 17 de enero, en la que “le pide que le recomiende al archiduque Leopoldo Guillermo, para que no haga caso a sus enemigos”.

Algo debía de sospechar nuestro príncipe de Hessen-Homburg, ya que a la pregunta de Felipe IV sobre los honores que podría merecer Jorge Cristián, responde también el Gobernador de las Armas de Flandes, el conde de Fuensaldaña, en una carta que lleva fecha de 23 de febrero de 1653, y en la que Don Alonso Pérez de Vivero no se muerde la lengua al expresar su opinión sobre el landgrave: “no sé si cuando el landgrave fue a España, informó a Vuestra Majestad el señor Archiduque de su Juicio y partes, pero bien puedo asegurar a Vuestra Majestad que no es a propósito para que Vuestra Majestad se sirva de él en España ni aquí, y que la acción del canónigo Arnauld no es la primera que ha hecho de esta Calidad, y así sería de parecer que si no ha salido de España, mandare Vuestra Majestad se le castigase con más rigor del que se hace, y por lo menos debo decir a Vuestra Majestad de ninguna manera conviene que venga aquí”.

La suerte de Jorge Cristián, pues, parece echada, pero él no cede al desaliento y continúa insistiendo en ser recibido por los miembros del Consejo de Estado para explicarles cuáles son sus pretensiones, como se deduce de los encabezados de las cartas que recoge el índice “Salazar y Castro”: el 27 de febrero se queja ante el secretario de Luis Méndez de Haro por no haber recibido respuesta a una suya anterior. El 18 de marzo, se lamenta de no haber sido recibido por el secretario de Su Majestad. El 15 de abril se ofrece a entrevistarse con el Consejo de Estado para explicar verbalmente sus pretensiones.

Pero ya no hay nada que hacer. El 6 de mayo, el secretario Gerónimo de la Torre firma el documento en el que se le comunica a Jorge Cristián de Hessen-Homburg que el rey no encuentra puesto adecuado para él en España y que, por tanto, pase rápidamente a Flandes, donde se le concederá. En la decisión, pesarán no sólo las palabras del Conde de Fuensaldaña, sino también la actitud y la vida licenciosa a la que parece haberse aficionado el landgrave en Madrid, y a la que discretamente pero con preocupación, se refiere el Consejo de Estado en documentos fechados el 26 de abril de 1653 dirigidos al monarca: “por las cartas de Su Alteza el Archiduque y del Conde de Fuensaldaña se reconoce la poca estimación que en Flandes ha hecho y haga este caballero, y cuan embarazoso será allá como también lo sería en España que siendo así que no tiene caudal con que poder asistir aquí ni haber recibido el socorro que de parte de Vuestra Majestad se le ofreció, excusándose de tomarle, se ha sabido que son grandes los gastos que hace en materia de banquetes y no buenos los pasos en que anda […] Se ha sabido que son grandes los gastos que hace y se puede recelar que reciba de otro, y quizás de portugueses, y particularmente en materia de banquetes, y no buenos los pasos en que anda ni sus entretenimientos…”

General de Artillería del Ejército de Flandes

Obviamente, a la Corona no le interesa dejar en la estacada a un príncipe del Sacro Imperio por el efecto llamada que puede suponer para otros landgraves, quienes pueden optar, visto el trato de la Monarquía hispana, por poner sus tropas al servicio de Francia. En consecuencia, y de acuerdo con el archiduque Leopoldo Guillermo, el 3 de julio de 1653, Felipe IV firma la patente por la que se nombra General de Artillería en Flandes a Jorge Cristián de Hessen-Homburg: “Por cuanto teniendo consideración a la calidad grande, del Príncipe Jorge Christiano Landgravio de Hassia, a las muchos y buenas partes que concurren en su Persona, y a lo que me ha servido de años a esta parte, con un Regimiento de Caballería en mis estados de Flandes, con toda aprobación y satisfacción mía y al deseo que muestra de continuarlo en ocasiones de guerra viva, y confiando en que en todas cumplirá con sus muchas obligaciones, He tenido por bien de elegirle, y nombrarle como en virtud de la presente le elijo y nombro por mí Capitán General de la Artillería de mi Exercito…” Por otra carta de 22 de julio a Luis Méndez de Haro, Jorge Cristián le agradece “su intercesión, por la que ha obtenido el puesto de general de artillería en el ejército de Flandes, y que espera sus órdenes para marchar a su puesto”.

Unos días antes, el 25 de junio, Leopoldo Guillermo debía de haber expedido otra patente, ésta de Maestre de campo, para Jean Charles de Wateville, marqués de Conflans, para hacerse con el mando del tercio de Caballería de Hessen-Homburg. Esta decisión no resulta ser del agrado del landgrave, y molesto, así lo expresa en la última de las misivas que, con su firma, se conservan en la Real Academia de la Historia, a la que aludía al comienzo del artículo: “Si en Flandes no se miraba de buen ojo la continuación de mi servicio se ‘podría’ reformar, o suprimir, o despedir el mismo Regimiento. Mas quitarlo a mí y darlo en la misma manera y forma a otro, es querer quitarme la reputación y dar a entender al mundo que yo haya cometido graves y muy enormes delitos contra el real servicio de Su Majestad, y en consecuencia querer difamarme en ojos de las naciones […] y particularmente con la alemana, cuyo propio estilo es este, imposibilitándome de esta manera a poder parecer jamás no entre hombres de mi esfera solamente, pero entre los de mucha menos”.

Epitafio del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg, en la catedral de Maguncia (Alemania). Fuente: Wikipedia

¿Qué fue finalmente del primer jefe que tuvo el “Farnesio”? Pues no llegó a tomar posesión de su generalato, ya que, desairado, pasó a servir al Rey de Francia, nación para la que desarrolló una intensa actividad diplomática. Falleció en 1677, y a diferencia de otros landgraves de la Casa, no está enterrado en la cripta del castillo de Bad-Homburg, sino en una tumba en la catedral de Maguncia, en el actual estado alemán de Hesse.

Publicado en la revista “Memorial de Caballería”, num. 86