Concurso de patrullas “PARECA” 2017

La tarde promete. Un paseo por el campo al calor del mes de julio, lo que ahora llaman ‘actividades al aire libre’. Una caminata sin prisas por este sendero que desciende suave entre pinos hacia la pequeña vaguada que se abre por delante de ti. En el aire, atento, un milano negro se mantiene casi fijo en el mismo punto, colgado sobre la brisa que te acaricia suavemente el rostro y arrastra unos indolentes cúmulos que, contra el azul del cielo, parecen pavonearse vanidosamente con toda una gama de blancos y grises, henchidos de sí mismos. De cuando en cuando, casi a rastras, uno de ellos oculta por un momento el sol; y los verdes, amarillos, marrones y ocres del campo se vuelven metálicos, un tanto amenazadores. Aunque cuesta, y mucho, pensar en alguna amenaza en medio de semejante tranquilidad, con este clamoroso silencio que se arriesgan a romper un ejército invisible de cigarras y el reclamo agudo y prolongado del milano: “pii iii, pii iii”.

Y mientras andas el camino, vas pensando en tus cosas. En ese leve sentimiento de felicidad que nace de la serenidad que te rodea, en lo del trabajo del día siguiente, en la conversación pendiente aún con el del taller, en contestar ese mensaje de ella, en lo del banco, ¡coño, la lavadora!… Y si te fijas, el campo está tan, tan seco, que si pisas con un poco de fuerza, dejas en la tierra una huella de tu suela tan profunda que parece la de Armstrong en la Luna… Ja, ja, pues podía hacer una foto de una de mis pisadas y pasarla por Whatsapp al grupo del trabajo para vacilar un poco: “Sí, tíos, me he venido a la Luna a desconectar de vosotros”. Y hay que ver qué alineaditos y qué iguales son los pinos de las dos laderas que ahora envuelven el camino, menudo pinar.

Pero con el casco, el chaleco táctico, el HK en la mano, el cansancio encima y la tensión aplastada contra la mandíbula, el pinar se ve de otra manera, a la manera del explorador. Y la mirada y la intuición te dicen que esa sombra apenas insinuada entre aquellos dos pinos es, efectivamente, lo que el tableteo de las armas automáticas te confirma una décima de segundo después: una emboscada. “Troops in contact“, que es como los americanos lo cantan por la malla desde lo de Afganistán, “troops in contact“, o sea, que nos están disparando.

PARECA 2017. Reconocimiento táctico
© Carlos Molero

Vamos casi por las dos horas de reconocimiento táctico, y en ‘Trescorrales’ toca ahora resolver la enésima incidencia que la organización ha preparado para estas cuatro horas en las que hay que ejecutar la prueba reina del concurso. Estamos en el campo de maniobras de Renedo – Cabezón (Valladolid), y esto es el día grande de las “PARECA” 2017, PAtrullas de REconocimiento de CAballería, el concurso nacional en el que las unidades de Caballería de toda España compiten por ver de quién es la mejor patrulla de reconocimiento.

PARECA 2017. Reconocimiento táctico
© Carlos Molero

Boeselager Trophy

Hay que remontarse atrás en el tiempo, hasta 1987 -¡30 años ya!- para sumergirse en el origen de esta exigente prueba de marcado carácter ‘jinete’. Por aquel entonces, se organiza una competición de patrullas de Caballería cuyo ganador representará a España en una similar, pero de ámbito internacional, el trofeo “Boeselager” con el que el Ejército alemán rinde homenaje al coronel de Caballería Georg von Boeselager, muerto en el frente ruso en agosto de 1944. Esa primera “PARECA” es ganada por el Grupo de Caballería “Reyes Católicos” de la Legión. En años sucesivos, se sigue disputando la competición hasta que, a finales de los años 90, el incremento de los compromisos militares en operaciones internacionales da al traste con su continuidad.

Pasan unos cuantos años, unos cuantos, y en 2011 el Grupo de Caballería de Reconocimiento “Reyes Católicos” II de la Legión retoma el espíritu “pareca”, pero como una prueba interna de la Unidad, con la participación de patrullas sólo del Grupo. Es en 2015 cuando comienza la segunda época de las “PARECA” como trofeo de nuevo de todo el Arma de Caballería. Farnesio gana, en 2016, la segunda edición de la segunda época, correspondiéndole por tanto el honor (y el sacrificio, desde luego) de organizar la edición de este año 2017.

PARECA 2017. Reconocimiento táctico
© Carlos Molero

¿Y en que consisten las “PARECA”? Pues como explican los compañeros de la Brigada “Castillejos” en la presentación del año pasado, “la esencia de este concurso es tan simple de expresar como compleja de adiestrar: abarcar los aspectos fundamentales para la instrucción y adiestramiento de cualquier patrulla de Caballería que desarrolle una misión de reconocimiento.” Durante cuatro días, una patrulla formada por diez militares en representación de cada unidad tipo Regimiento o Grupo de las que constituyen la Caballería, ha de hacer frente a distintas pruebas que valoran su adiestramiento y capacidad de combate: reconocimiento táctico, tiro, mantenimiento, conducción, identificación, carrera de obstáculos, evasión nocturna…

La patrulla tiene que resolver las incidencias que se le vayan presentando, y que no se alejan en absoluto de situaciones vividas en zonas de operaciones, pero sobre las que siempre sobrevuela la incertidumbre

Y así, por ejemplo, la prueba principal -que puntúa 3,5 sobre 10- consiste en el reconocimiento de un itinerario por parte de cada patrulla, a la que en las semanas previas se le ha ido proporcionando información sobre el contexto político, social, militar en el que se habrá de ejecutar la operación. Al jefe de patrulla se le entrega una orden complementaria, lo que en la jerga militar llaman frago, que tiene que desarrollar en el campo de maniobras y sobre la cual se le valora, con un tiempo máximo de cuatro horas. Sobre la base de un pelotón de Vehículos de Exploración de Caballería (VEC), en ese tiempo la patrulla tiene que resolver las incidencias que se le vayan presentando, y que no se alejan en absoluto de situaciones vividas en zonas de operaciones, pero sobre las que siempre sobrevuela la incertidumbre: artefactos explosivos improvisados, hostigamientos, emboscadas, reconocimiento de puentes, búsqueda y balizado de una zona para realizar una evacuación médica en helicóptero, tiro con armas individuales y de dotación de los vehículos, trato con refugiados, localización de agentes NRBQ…

PARECA 2017. Reconocimiento táctico
© Carlos Molero

Por su parte, la carrera de obstáculos es un recorrido de seis kilómetros para completar en dos horas, con casco, mochila y armamento individual, a lo largo del cual los patrulleros han de superar pruebas de distinta dificultad: paso de obstáculos verticales y horizontales, fosos, charcas de barro, “conguitos”, pronunciadas pendientes, arrastrar un vehículo acorazado…

PARECA 2017. Carrera de combate
© Carlos Molero

En el caso de la evasión nocturna, este año se organiza en un recorrido circular en una zona de pinares de las proximidades de Valladolid, a la que a las patrullas se les traslada en camiones. La prueba comienza en ausencia del jefe de patrulla, para que la organización pueda valorar el nivel de respuesta del equipo en ese primer momento. Luego, ya la patrulla al completo tiene que localizar los distintos puntos del recorrido en los que recoger las pistas que facilitarán su libertad, con la dificultad añadida de que no se puede alcanzar el siguiente punto sin resolver previamente el enigma que se les presenta en cada prueba del recorrido.

Evasion
Prueba de evasión. Es que era por la noche y no se veía nada 😅

La prueba de tiro busca conocer el grado de eficacia de cada patrulla en el tiro con el arma individual -fusil HK-, a diferentes distancias: 300, 200 y 100 metros. El jefe de patrulla organiza a sus tiradores, de manera que cuatro de ellos hagan fuego sobre los blancos asignados a 300 metros; se haga un salto a la carrera hasta la siguiente línea, a 200 metros del blanco, desde donde disparan otros dos componentes de la patrulla; y de la misma manera, a 100 metros. A continuación, seis tiradores, por binomios, ejecutan también tiro en movimiento sobre dianas a cubierto de siluetas.

PARECA 2017. Prueba de tiro
© Carlos Molero

De siempre ha sido tradición en Caballería preocuparse más del ‘noble bruto’ que de uno mismo, y eso sigue teniendo su vigencia en la mentalidad y en el espíritu del Arma; y no puede faltar, of course, en un concurso de este tipo. Así que la prueba de conducción y mantenimiento está orientada a valorar cómo trata cada patrulla a sus “equinos” blindados: recuperación de un VEC mediante cabestrante, conducción para salir de un campo de minas, cambio de dos neumáticos de manera simultánea, frenada de precisión, aparcamiento, desmontaje y montaje del armamento principal y coaxial del vehículo…

PARECA 2017. Prueba de mantenimiento
© Carlos Molero

Como tampoco puede faltar una prueba en la que demostrar las habilidades de cada patrulla en una las misiones fundamentales de la Caballería como es la obtención de información sobre el campo de batalla. Para evaluarla, la “PARECA” cuenta con la fase de identificación de materiales, en distintas modalidades de ejecución: en el simulador “Steel beasts” de que disponen las instalaciones de la Base Militar “El Empecinado”, cada componente de la patrulla tiene que identificar los vehículos que aparecen en su pantalla y transmitir esa información de acuerdo con los procedimientos, tanto en modo diurno como nocturno

Puestos de observación

Por otra parte, y mediante la proyección de vídeos, la organización del concurso valora la capacidad que tiene cada patrulla participante de  identificar distinto material militar de todo el mundo, así como de retener detalles de las imágenes proyectadas sobre las que, posteriormente, se les presenta un cuestionario de preguntas. En el aula de tiro, se somete a la patrulla a un ejercicio doble: de identificacion a oscuras con el empleo de medios individuales de visión nocturna; y de escucha de sonidos como medio para identificar ante qué está la patrulla (vehículos, aeronaves, armas de fuego y de qué tipo…) Finalmente, la cuarta fase de la prueba de identificación se ejecuta al aire libre, con los elementos ópticos de los dos Vehículos de Exploración de Caballería y sendos puestos de observación desplegados a vanguardia de aquéllos, desde los que los exploradores de cada vehículo informan, en un tiempo determinado, del material militar que identifican, y cuyas siluetas han de localizar en distintos emplazamientos sobre el terreno.

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Y al llegar aquí, seguro que te preguntarás: “Bueno, ¿y quién ha ganado, entonces, la ‘PARECA’ de este año?” Pues los chicos de esta foto de aquí debajo, el Grupo de Caballería Acorazado “Villaviciosa” XII, a quien le corresponde el desafío de organizar la “PARECA” del año 2018.

Patrulla ganadora de las PARECA 2017
© Fuerza Terrestre (FUTER)

Para terminar, dos apuntes personales. Uno, que es destacar, subrayar, elogiar y admirar el trabajo que durante unos cuantos meses ha hecho mi querido Regimiento Farnesio para que el concurso “PARECA” fuese un éxito. Y dos, que es mi agradecimiento a todo el Regimiento por las facilidades que me ha dado para ver de cerca estas “PARECA”, y disfrutar por unos días, a mi manera, del “espíritu jinete”.

 

 

El Rey Juan Carlos, con el Regimiento

Dice el historial del Regimiento Farnesio, al dar cuenta de lo acontecido en el año 1982: “Del 15 al 29 de junio, unidades de este Regimiento participan en los ejercicios tácticos ‘Clavijo-82’, presididos por S.M. el Rey D. Juan Carlos I de España, en San Gregorio (Zaragoza), quien efectuó 3 disparos de cañón desde el carro nº 2 del ELAC, el cual pasó a llamarse “Pie de plata”, como el caballo de S.M.”

Tal día como hoy, 27 de junio, pero de 1982, el diario “ABC” publicaba esta fotografía de aquel momento, con Su Majestad subiéndose al “Pie de plata”, junto al teniente jefe de la sección de carros del Escuadrón Ligero Acorazado del Farnesio.

El Rey Juan Carlos, con el ELAC de Farnesio
© ABC

El último ‘Sirio’ (2006)

En el año 2006, fui dos veces al campo de maniobras de San Gregorio con el por entonces RCLAC (Regimiento de Caballería Ligero Acorazado) “Farnesio” 12, la segunda de ellas en septiembre, al último ‘Beta’ del Regimiento dentro de la Brunete.

Otro día cuelgo unas cuantas fotos de aquello y mis impresiones, pero hoy comparto contigo esta imagen, que hice a petición del coronel. El regimiento formado por última vez junto a la paridera del Santísimo, no recuerdo bien, creo que la saqué desde la cota denominada ‘El huevo’.

RCLAC "Farnesio" 12 en el ejercicio 'Sirio' 06
©Carlos Molero

La Plana Mayor de Mando del RCLAC en primero plano, detrás a la izquierda, el Grupo Ligero Acorazado; a la derecha, el ‘Meca’, y en el flanco derecho, el Escuadrón de Plana Mayor y Servicios.

Los que estuvieron aquel día allí seguro que debieron de acordarse de toda mi familia, pues hicimos la foto antes del “rancho” y nos tiramos como dos horas, hasta las 15:30 o por ahí, esperando a que todos los escuadrones llegasen a la zona de reunión y entrasen en posición.

Maniobras primaverales en Renedo – Cabezón (Valladolid)

Seguro que a todos los que han pasado un tiempo de su vida en Farnesio, les suena familiar eso de “Renedo – Cabezón”. Pues nada, aquí comparto estas fotos de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, del pasado mes de marzo. Ya veis que a Renedo se sigue yendo a hacer lo mismo desde tiempos inmemoriales…

Maniobras01
© Fuerza Terrestre (ET)
Maniobras02
© Fuerza Terrestre (ET)
Maniobras03
© Fuerza Terrestre (ET)

Ejercicio ‘Sirio’ 04. San Gregorio (Zaragoza)

La primera vez que fui a San Gregorio fue en octubre de 2004. Una experiencia inolvidable. Supongo que a quienes van allí por trabajo, les resultará indiferente (y bastante incómodo); a mí, aquel enorme desierto a las afueras de Zaragoza me dejó anonadado.

En aquel año, el Farnesio tenía programadas dos maniobras ‘Beta’. Aclaro, por si hay alguien que lee esto y no es de la “empresa”: las maniobras se denominan ‘Alfa’ si son para las unidades tipo compañía/escuadrón/batería. ‘Beta’, para las unidades Regimiento/Grupo; y finalmente ‘Gamma’, para las grandes unidades tipo Brigada y superior.

Ejercicio
© Carlos Molero

Bueno, sigo. Que el Farnesio tenía, en 2004, dos ‘Beta’ en San Gregorio: una en febrero y otra en octubre. El coronel del Regimiento me había animado a ir en febrero con ellos, pero al final no pudo ser por cuestiones laborales. ¡Menos mal!, porque esas maniobras fueron especialmente sufridas: frío, nieve, viento… Ya colgaré otro día algunas fotos de aquello, del ejercicio ‘Dragón’ 04.

Pero en octubre, sí; en octubre, al ‘Sirio’ sí que me alisté, y me dejaron ir. Unas maniobras bautizadas con el nombre de mi estrella favorita del firmamento de invierno tenían que salir bien sin ninguna duda; ¡y vaya que sí! (al menos para mí).

Ejercicio
© Carlos Molero

Recuerdo que, allí en San Gregorio, todo lo miro con curiosidad; con ojos de niño, supongo. Llevaba ya siete años cultivando la amistad de los jinetes de Farnesio en aquel Núcleo de Control de Material que tanta ‘marcha’ tenía en el cuartel de San Isidro, en Valladolid; hasta entonces el Regimiento había permanecido así como en la sombra, sin tropa, sin medios prácticamente; como una unidad movilizable en caso de necesidad. Pero en 2004, la situación era justo lo contraria, se había producido un giro de 180º

Hacía menos de un año que el Farnesio se había convertido en el Regimiento de Caballería de la División Mecanizada “Brunete”; tenía una organización muy potente, con dos grupos de Caballería entre los que se repartían tres escuadrones ligeros acorazados, uno mecanizado y uno de carros de combate; más un escuadrón de Plana Mayor y Servicios. El Regimiento que yo me encuentro desplegado en San Gregorio es, para mí, es-pec-ta-cu-lar: carros de combate M-60 ya un poco viejetes, sí; Vehículos de Exploración de Caballería, TOAs M-113, portamorteros, BMR contracarro… Y además, dos escuadrones que acaban de regresar a España de misión: uno de Kosovo y el otro, nada menos que de Iraq, de donde había vuelto después de entrar en combate en varias ocasiones con los seguidores del clérigo chií Moqtada Al Sadr (lo puedes leer aquí)

Ejercicio
© Carlos Molero

Sigo, que me enrollo. Ese sábado de octubre de 2004, -¿qué sería, el 9?-, hace bueno, temperatura perfecta, se puede estar en camisa sin pasar frío. Sol, una brisilla de lo más agradable. Lo que más recuerdo ahora es el azul del cielo. El azul del cielo y las nubes, unos cúmulos blancos durante toda la jornada que van y vienen, y que ponen el fondo perfecto para las fotos que no paro de sacar en todo el día. Ya ves que no tienen gran resolución, pues aún no tenía digital y las conservo en papel.

Y te preguntarás que en qué demonios me entretengo allí, en San Gregorio, todo aquel sábado. Pues como dirían algunas madres, en ‘hacer el zascandil’, je, je. Primero me llevan al vivac del Regimiento, donde me espera el coronel Mayoral; un poco de charla distendida, un paseo por el despliegue -que si la tienda comedor por aquí, que si la cantina por allá, que si las cocinas, que si el ‘Papa Charlie’, que si el nido de evacuación de heridos…

Ejercicio
© Carlos Molero

La primera sorpresa del día, aunque todo el día sea eso, una sorpresa tras otra: desde allí me voy al vivac del Grupo Ligero que andaba desplegado no recuerdo dónde. Otro inciso. San Gregorio es un desierto, sí; pero tiene sus referencias para guiarse: vértices, parideras y corrales abandonados, accidentes geográficos… En aquel momento no los conocía. Después, con el paso del tiempo, unas cuantas visitas más en años posteriores y un poco de curiosidad, pues han terminado por hacérseme familiares: la Cuesta del reloj, Tocaburros, el Corral de Matías, Tres Poyetes, la Hoya del borracho, la Paridera del Santísimo…

El caso es que a algún sitio de ésos me voy, para ver al Grupo Ligero. Voy a ir en un todoterreno, pero la sopresa es que, de repente, el capitán del Escuadrón de Plana me presta un chaleco antifragmentos, pues me anuncia que el traslado lo voy a hacer en un VEC, “bicho” al que me subo por primera vez en mi vida. Aún recuerdo, de pie dentro de la torre, junto al capitán del 1º Ligero, cómo me sube por las entrañas la vibración del motor que me corre desde los pies a la garganta, el viento que me azota el rostro, los continuos botes y frenazos, el polvo que levanta este leviatán de 17 toneladas de acero. Mientras nos vamos aproximando al vivac, nos cruzamos de cuando en cuando con otras unidades que también andan de ejercicio por allí, y con una sección ligera acorazada del Regimiento en plena ‘rotura del contacto’ frente a un supuesto enemigo.

Ejercicio
© Carlos Molero

Ya en el vivac del GCLAC, rancho y conversación; y más fotos, estupendas. Después de comer, mi tocayo Carlos me muestra cómo es por dentro un carro de combate M-60, me doy un paseo por el ‘segundo escalón’ -que es cómo, en la ‘mili’, llaman a lo que el común de los mortales entiende por taller-, veo un reabastecimiento de vehículos, el municionamiento de los M-60 del Escuadrón de Carros; y finalmente, ya avanzanda la tarde, acompañamiento al escuadrón mecanizado para ver un tiro con los morteros pesados, de 120 mm. Otro momento también inolvidable. Y de propina, regreso al vivac del Regimiento, no en todoterreno sino en el TOA con el capitán del “Meca”. Aprendo en ese trayecto un nuevo significado de la palabra zarandeo…

Ejercicio
© Carlos Molero

Y con las nubes ya tomando el color cárdeno que precede a la noche y el sol despidiéndome con su último guiño. Con el cuerpo aún recuperándose de vibraciones, golpes y zarandeos y el espíritu pleno de Caballería, dejo atrás las verjas del campo de San Gregorio para volver a mi mundo cotidiano; aunque me voy con la certeza absoluta de que, ya para siempre, a mi mundo cotidiano se unirá aquel secarral que dejo atrás y los hombres y mujeres que me han hecho sentir parte de él.