El día que el Regimiento salvó a los náufragos franceses de Trafalgar

Lunes, 21 de octubre de 1805. Al atardecer, una terrible tempestad se desata en el Golfo de Cádiz, tal y como habían anunciado los marinos españoles. Los buques que horas antes han estado cañoneándose con furia frente al cabo Trafalgar, tratan de capear el temporal o hacerse a algún puerto en el que fondear.

Uno de ellos es un francés, el Fogoso (Fougueux), un navío construido en 1785, de dos puentes y tres palos, 55 metros de eslora, casi tres mil toneladas de desplazamiento y artillado con 74 cañones, con una tripulación de 750 hombres bajo el mando del capitán Louis Alexis Baudouin. En realidad, para esas horas de la tarde, poco queda de ese Fogoso. Situado en la vanguardia del despliegue táctico de la flota combinada hispano-francesa, ha sufrido tremendos daños en el combate de Trafalgar, hasta el punto de quedar completamente desarbolado y sin maniobra. Restan a bordo más de 500 hombres, heridos, además de 30 británicos pertenecientes a la dotación del navío de línea HMS Temeraire, que está tratando de remolcar al Fogoso hacia Gibraltar.

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La batalla de Trafalgar, del pintor francés Auguste Mayer (1805 – 1890)

En un momento determinado, la amarra se suelta; y el Fogoso, sin capacidad de maniobra, queda a merced de la tempestad, sin rumbo, hasta terminar estrellándose contra el islote del castillo de Sancti Petri, que dista poco más de mil metros de la costa. Con el casco destrozado, y numerosas vías de agua, el Fogoso se hunde irremediablemente, llevándose consigo la vida de alrededor de 560 hombres.

Cerca de allí, en lo que hoy es la playa de Camposoto, a las afueras de Cádiz, ocho hombres son testigos impotentes de la tragedia. Son Manuel Quimones, Gabriel Martínez, Manuel Cárdenas, Rafael Moras, Miguel Ponce, Antonio Salamanca, Florentino Aguirre y Antonio María Manso. Manso es alférez, manda una patrulla del Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea. Ponce, Aguirre y Salamanca son cabos, y Quimones, Martínez, Cárdenas y Moras, soldado del Farnesio. Se hallan desplegados, con otras patrullas del Regimiento, en las playas que van desde Sancti Petri hasta Torregorda, prácticamente a las afueras de Cádiz, en cumplimiento de las órdenes de las autoridades militares del departamento, para proporcionar ayuda a los supervivientes de la batalla que puedan lograr llegar a tierra.

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Islote y castillo de Sancti Petri, junto al que permanece hundido el buque francés “Fogoso”. Arriba, a la izquierda la playa de Camposoto, en la que permanecían desplegadas patrullas del Regimiento Farnesio, 6º de Línea. La foto es del blog “Castillo de Sancti Petri”. http://castillosanctipetri.blogspot.com/2015/10/c.html

En medio de la furiosa tormenta que a esas horas descarga implacable en el mar y en la costa, los ocho hombres de Farnesio observan atónitos cómo milagrosamente una balsa improvisada, una jangada, se acerca maltrecha hacia la playa con algunos supervivientes del Fogoso.

El alférez Manso, entonces, ordena a su patrulla introducirse a caballo en las bravas aguas del Atlántico, que en ese momento baten con toda su furia, hasta donde las olas lo permiten, y logran -arriesgando su propia vida- rescatar a dieciocho tripulantes del hundido Fogoso, a quienes llevarán a tierra a lomos de sus cabalgaduras, y una vez allí, les abrigarán con sus propias ropas antes de trasladarles en caballo y calesas a un ventorrillo de las inmediaciones (quizás el Ventorrillo del Chato tal y como sugieren en este enlace), donde a expensas del alférez, se les proporcionará algo de queso, pan y vino. Otros dos supervivientes son rescatados en semejantes circunstancias por otra patrulla, que en este caso manda el alférez José Fernández de Castro.

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¿Fueron auxiliados aquí los supervivientes del “Fogoso” el 22 de octubre de 1805? Vista aérea de las playas de La Cortadura y de Camposoto (al fondo), con el Ventorrillo del Chato en primer plano. La foto viene publicada en Cadiznoticias.es https://cadiznoticias.es/ciudadanos-propone-se-ejecute-sendero-peatonal-ventorrillo-chato-molino-del-rio-arillo/

Días más tarde, el 13 de noviembre de 1805, el coronel del Farnesio, José Manso, que ha estado en la costa de la isla de León dirigiendo a sus hombres, remite un escrito al inspector de la Caballería, Diego Godoy, en el que le explica con detalle las labores que, guiadas por el sentimiento de humanidad, ha ejecutado su Regimiento en la costa gaditana:

Cuando veo dado al público y elevado al superior conocimiento del Señor Generalísimo de Su Majestad el aprecio que ha merecido el Regimiento de Infantería de Zaragoza por la parte con que contribuyó en auxilio de los náufragos de resultas del combate del 21 del próximo mes pasado, y que no se hace mención de la eficacia y esmero con que el Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea que está a mi cargo, no solo fue el primero, sino el único que prestó los socorros más oportunos en favor de los infelices náufragos en toda la extensión de la playa de Levante, que media desde el castillo de Sancti-Petri hasta pasada Torregorda, con dirección a Cádiz: creo de mi obligación deber noticiar a Vuestra Excelencia que todo el Regimiento no descansó en los días y noches subsiguientes al combate, con el muy piadoso de socorrer a sus semejantes y custodiar los efectos que el mar arrojó, según mis prevenciones como jefe del Cuerpo y Comandante de las Armas de que estoy encargado, y que felizmente empezaron a tener efecto en la medianoche del día 22 en que el alférez Don Antonio María Manso, con una de las patrullas que corría la playa, logró sacar de entre las olas, y cuanto permitían meterse con los caballos en el mar, a 18 hombres de la tripulación del navío francés “el Fogoso” o Caballo Blanco, que fue el primero que naufragó en dicha costa, saliendo exánimes, y en cueros los más de ellos, los abrigó con la ropa de los soldados y la suya, conduciéndolos en los caballos a un ventorrillo, y a sus expensas se les suministró vino, pan y queso, siendo conducidos desde allí a Cádiz 15 de ellos. Fueron socorridos igualmente y por otra patrulla 2 náufragos que el alférez Don José Fernández de Castro, sin estar destinado a este servicio por entonces, compareció y se halló en tan buena razón que, recogidos los náufragos, los condujo al cuartel que ocupa su compañía, poniéndoles en carros y dándoles alimentos. De estos primeros acaecimientos, di parte el día 23 al excelentísimo señor comandante general de la provincia, cuya superior atención ocupada en gran cúmulo de asuntos, ni le permitieron contestarme ni tenido presente este particular servicio (aunque propio de su deber) con que ha contribuido dicho Regimiento; bien notorio al excelentísimo señor comandante general de dicho departamento, a los demás generales que aquí residen, y toda esta población, como diariamente me lo han manifestado, en elogio de la oficialidad y tropa, como testigos oculares de su incesante trabajo en la playa, conduciendo en sus caballos y calesas cuantos lograron salir a la orilla del mar y custodiando los fragmentos y efectos de los navíos perdidos, que hasta este día continúan en este encargo. Y aunque estos hechos por su publicidad no necesitan de prueba, el adjunto oficio del excelentísimo señor Don Juan Joaquín Moreno, comandante general de este departamento, dará idea a Vuestra Excelencia de lo que expongo en esta única representación para conocimiento de vuestra excelencia y que tenga la bondad de elevarla al del excelentísimo señor generalísimo para los efectos que gradúe la alta penetración de vuestra excelencia, y no carezca este Cuerpo que tengo la honra de estar a su cabeza (como vuestra excelencia a la de todos) de la satisfacción que le resultaría no viendo sepultado en el olvido o silenciado el cumplimiento en sus deberes en crédito de su celo para el mejor servicio del Rey y del Estado. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. En la Isla de León, 13 de noviembre de 1805.

Carta del coronel Jose Manso
Copia de la carta del coronel del Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea al inspector de la Caballería, Diego Godoy, con fecha 13 de noviembre de 1805. Se encuentra depositada en la biblioteca de la Real Academia de la Historia.

Posteriormente, el 22 del mismo mes, es el comandante militar del departamento de Cádiz, Juan Joaquín Moreno de Mondragón y D’Hontlier, quien dirige un escrito, en este caso, al mismísimo “Príncipe de la Paz”, Manuel Godoy, en el que se refiere a las labores desempeñadas por los oficiales y tropa de los Cuerpos de Infantería y Caballería del Ejército, y destaca que “todas las tropas que se emplearon en el socorro de los náufragos en estas costas, han desempeñado a porfia sus deberes con la mayor actividad, constancia, patriotismo y humanidad”. Entre ellas, cita a las patrullas del Regimiento de Farnesio, 6º de Línea, en Sancti-Petri.

Gracias a la colaboración del Archivo Militar de Segovia, es posible acceder a las hojas de servicio de tres de aquellos ocho hombres que componían la patrulla del Farnesio que socorrió a los franceses supervivientes del “Fogoso” en tan infernal jornada, así como la del alférez Fernández de Castro:

Antonio María Manso.- Nacido en el país de Castilla La Vieja en 1784, ingresa en el Regimiento Farnesio, 6º de Línea como cadete el 16 de julio de 1796. Asciende a portaestandarte el 28 de enero de 1801, a alférez el 16 de marzo de 1804 y a teniente, el 23 de julio de 1808. Obtiene el grado de capitán el 11 de agosto de 1808 y el empleo de ayudante el 30 de abril de 1809. Obtiene el grado de teniente coronel el 3 de julio de 1809 y el empleo de capitán efectivo el 26 de septiembre de 1809.

En su hoja de servicio fechada en 1812, se dice que era de calidad conocida y buena salud. De valor acreditado, de mucha capacidad y aplicación, y de buena conducta.

Toma parte en la Guerra de las Naranjas en Portugal en 1801; y posteriormente en la Guerra de la Independencia contra los franceses. Su hoja de servicio detalla que, en esta campaña, participa en los primeros combates contra el invasor en julio de 1808 en Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar y en la victoriosa batalla de Bailén. Estará además en las operaciones en La Mancha en 1809, incluida la batalla de Ocaña. Forma parte del escuadrón maniobrero del Regimiento, que protege a las fuerzas españolas que se repliegan por el Camino Real hacia Sierra Morena, en especial un batallón de las Reales Guardias Españolas que, en formación de cuadro, viene defendiéndose de la Caballería francesa. Siguió en el repliegue del Ejército español hacia los reinos de Jaen y Granada, desde donde, sin recibir ninguna orden en concreto, se traslada a la isla de León para quedar como agregado en el Regimiento de Caballería de Calatrava.

Bailén 1808
La batalla de Bailén, de Augusto Ferrer-Dalmau

Obtuvo el retiro en clase de agregado en la plaza de Cartagena, con un sueldo mensual de 336 reales y 22 maravedíes, causando baja en el Regimiento Farnesio en la revista de agosto de 1812.

Antonio Salamanca.- Este soldado de Farnesio nace en Santaella (Córdoba), e ingresa como soldado el 10 de junio de 1799. Siempre en el Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea, asciende a cabo 2º el 15 de febrero de 1803, y a cabo 1º poco más de un año después, el 24 de noviembre de 1804. Su último ascenso, a sargento 2º, tiene fecha de 1 de mayo de 1809.

Consta en su hoja de servicio que era de calidad honrada y tenía buena salud.

Entre sus méritos de guerra, figura su participación también en la Guerra de la Independencia, que comienza en mayo de 1808. Está presente en las mismas batallas iniciales que su alférez Manso: Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar, Bailén. Sigue con el Regimiento hacia Madrid y Navarra, y posteriormente combate en numerosas acciones y reconocimientos en La Mancha (Minaya, Yebenes, Ciudad Real, Consuegra, Mora, Villamanrique del Tajo, San Clemente, Almonacid, Ocaña…) Forma parte del escuadrón maniobrero del Regimiento, y asiste a la sorpresa de Torralba el 28 de junio de 1809. Además, participa también en las operaciones de protección de la retirada hacia Sierra Morena y los reinos de Jaén, Granada y Murcia, de las que se menciona su participación en la acción de Baza el 3 de noviembre de 1810.

Figura en su hoja de servicio que deserta con armas, caballo e intereses el 13 de marzo de 1812.

Florentino Aguirre.- Nacido en Rueda (Valladolid) en 1782, sienta plaza como soldado del Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea el 14 de abril de 1800. Asciende a cabo 2º el 17 de marzo de 1804 y a cabo 1º el 13 de marzo de 1806. Su siguiente promoción, a sargento 2º, está fechada el 14 de septiembre de 1808, pero ya como integrante del Regimiento de Granaderos a Caballo de Fernando VII, en el que también asciende a sargento 1º el 14 de mayo de 1809.

Caballería
Oficial de Caballería de Línea (1807), de Augusto Ferrer-Dalmau

De él, se informa en su hoja de servicio que era de calidad honrada y salud robusta. De valor acreditado, regular aplicación, suficiente capacidad y buena conducta. En 1810, andaba soltero.

De sus méritos militares, habla su hoja de servicio que participa en la Guerra de las Naranjas de 1801, y en la Guerra de la Independencia, también en los combates de Villanueva de la Reina, Mengíbar y Bailén, en los que fue herido dos veces. En esta campaña, toma parte también en las operaciones en La Mancha.

Vuelve al servicio en Valladolid en el año 1834, tras ser nombrado de oficio por el marqués de Nevares como teniente para el mando de una compañía de Caballería de los Cuerpos Francos de Seguridad para perseguir a las facciones carlistas en Castilla La Vieja. En este servicio, permanece durante dos años, antes de ser propuesto para tomar el mando como comandante del Escuadrón Franco de Burgos del Ejército de Operaciones del Norte en 1837, tras la revista de inspección que le pasa el brigadier D. Antonio González Anleo, que encuentra al escuadrón en estado de “completa desorganización patentemente demostrada por la revista de inspección.”

…los empleos de Plana Mayor de los cuerpos francos han de recaer en individuos que hayan servido en el Ejército, y que tras consultar su hoja de servicio, pasada por el capitán general de Castilla La Vieja, se observa que sólo lo ha hecho en el escuadrón franco de Castilla La Vieja.

Entre la documentación anexa a la hoja de servicio de Florentino Aguirre, se conserva la respuesta, con fecha 27 de mayo de 1837,  que el Inspector General de la Caballería, Valentín Ferraz, da a la propuesta del nombramiento hecha por el General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte, denegándolo con el argumento de que los empleos de Plana Mayor de los cuerpos francos han de recaer en individuos que hayan servido en el Ejército, y que tras consultar su hoja de servicio, pasada por el capitán general de Castilla La Vieja, se observa que sólo lo ha hecho en el escuadrón franco de Castilla La Vieja.

Bataille_d'Ocaña,_19_novembre_1809
La batalla de Ocaña

No obstante, da la impresión de que finalmente sí fue nombrado comandante jefe del escuadrón de Burgos, pues se conserva otro escrito, en este caso del Ministerio de la Guerra, dirigido al capitán general de Castilla La Nueva, que dice:

“He dado cuenta a Su Majestad la Reina Gobernadora del expediente instruido en este Ministerio de mi cargo sobre la instancia de Doña Juana de Raxoy, viuda de D. Florentino Aguirre, comandante que fue del escuadrón franco de Burgos, en solicitud de que se le expida el Real Despacho de aquel empleo, que debió ser extendido  a favor de su citado esposo. Enterada Su Majestad, y en vista de la propuesta que hizo el Señor General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte consultando al expresado D. Florentino Aguirre para el referido empleo de comandante de dicho escuadrón, se ha dignado Su Majestad aprobar este empleo y mandar se expida a la interesada el competente Real Despacho con la antigüedad de 17 de marzo de 1837. De Real Orden, lo traslado a Vuestra Excelencia para su conocimiento a su oficio del 17 del actual. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid, 27 de marzo de 1839. Alaix.”

José Fernández de Castro.- Nacido en Tarrasa (Cataluña), en 1785, ingresa como cadete el 16 de junio de 1797 en el Regimiento de Caballería del Algarve, para pasar al de Farnesio tras su ascenso a portaestandarte el 21 de agosto de 1802. Alférez el 6 de noviembre de 1804, adquiere el grado de teniente el 11 de agosto de 1808 para serlo efectivo el 16 de septiembre siguiente. El 9 de marzo de 1809 logra el grado de capitán, y asciende a ayudante el 30 de abril de 1809. Como capitán efectivo es nombrado el 19 de octubre de 1809. Aparece en su hoja de servicio como retirado el 30 de septiembre de 1809 y vuelto al servicio el 1 de julio de 1814.

A finales de 1814, se le reconoce como oficial de valor acreditado, mucha aplicación y capacidad y buena conducta. Un hombre casado, de calidad noble y robusta salud.

1808
Este era el aspecto de los jinetes del Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea en 1805

En cuanto a sus méritos militares, figura su participación en la Guerra de la Independencia de 1808, al igual que sus compañeros de peripecia en las playas de Cádiz. En las primeras acciones en Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar y Bailén, así como en las operaciones en el Ebro y posteriormente también en La Mancha, siendo en las más de las ocasiones comandante de la guerilla del Regimiento. Gravemente herido en la batalla de Ocaña el 19 de noviembre de 1809, es cogido prisionero y trasladado a un hospital de Madrid, desde el que posteriormente se escapa y se reintegra al Ejército.

Anexo a su hoja de servicio, figura un documento fechado en 1819 del que se deduce que José Fernández de Castro, por aquel entonces teniente coronel, solicitaba su ascenso a coronel, justificándolo en que no se había tenido en cuenta su comportamiento en la acción de Villamanrique, en la víspera de la batalla de Ocaña, en la que se le dio por muerto.

Según la documentación de la época que se cita en el expediente, el coronel del Farnesio informa de la muerte en Ocaña de Fernández de Castro al general Lacy, a cuyas órdenes se hallaba en ese momento; y que posteriormente, el 5 de junio de 1810 da el coronel un nuevo parte según el cual “el dicho oficial arribó a la playa de Valencia habiéndose fugado de entre los enemigos en Madrid, y se hallaba curando de las heridas que recibió.” Añade que la vacante de ayudante de Fernández de Castro está ya ocupada por el capitán Gaspar Fernández de Bobadilla, pero que puede, sin embargo, pasar a mandar la tercera compañía del Regimiento, que es la que tenía antes de caer prisionero, y así fue aprobado.

La marcha de los Ingenieros
“La marcha de los ingenieros”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El Regimiento de Ingenieros Minadores fue la primera unidad militar española que se levantó en mayo de 1808 contra la invasión francesa.

En agosto de 1811, por estar inútil de resultas de sus heridas en acción de guerra, solicita el retiro, para lo que se le apoya la instancia con el sueldo y grado de teniente coronel, empleo éste último que sin embargo, no obtiene.

El caso es que, bien porque hubiese mejorado de sus heridas o no disfrutase en esa situación de retiro, se presenta de nuevo ante el general Lacy, quien lo agrega a su ejército en calidad de capitán vivo de Caballería y lo elige como su ayudante de campo, decisión que aprueba posteriormente el Gobierno por Real Orden de 27 de mayo de 1813.

En 1814, solicita se le expida un nuevo real despacho de capitán del Regimiento Farnesio; sin embargo, el Gobierno entiende que no se encuentra ya en estado de continuar en servicio, por lo que se considera muy conveniente, por el contrario, que se le expida de nuevo su real despacho de retiro, con destino en la ciudad de Burgos, “con opción también a la futura del empleo de Administrador de Correos de dicha ciudad, conforme tenía solicitado”. A consecuencia de este informe, en 3 de junio de 1815 obtuvo Castro el retiro y agregación al Estado Mayor de Palma, en Mallorca, como también el grado de teniente coronel. Y después se le dio esta gracia al Estado Mayor de Valladolid, con permiso de residencia en Burgos.

Por todo ello, el Ministerio de la Guerra, con fecha 13 de diciembre de 1819, entiende que ya se han reconocido los méritos de guerra del teniente coronel José Fernández de Castro al pasarle a la situación de retiro con el sueldo de 900 reales mensuales y el ascenso a teniente coronel, no considerándose, pues, de justicia su ascenso a coronel.

Cruz de San Fernando de 1ª clase

Finalmente, figura un apunte en la hoja de servicios de Fernández de Castro, fechado en 1821, según el cual el 1 de agosto, “reclamó la Asamblea de la Orden de San Fernando la hoja de servicios de este oficial para poder calificar el mérito que había contraído para hacerse acreedor a la cruz de dicha orden que pedía.”

Cruz de San Fernando
Cruz de San Fernando, de 1ª clase, sencilla. La foto es de la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa. http://bibliotecavirtualdefensa.es/BVMDefensa/i18n/consulta/registro.cmd?id=40073

Y en efecto, en la recopilación de caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando, publicada en 2011 por el Ministerio de Defensa, aparece en el volumen I del Arma de Caballería el capitán José Fernández de Castro, como poseedor de la cruz de 1ª clase, sencilla, concedida por Real Cédula de 19 de octubre de 1822, por su valor y las heridas recibidas durante la Guerra de la Independencia.

Jose Napoleon
El rey José Bonaparte en Cádiz, de Augusto Ferrer-Dalmau

El coronel José Manso continuaría unos años más al mando del Farnesio, 6º de Línea, hasta febrero de 1809, en que aquejado de una grave enfermedad, pasa a convalecer en Linares (Jaén), donde moriría pocos días después.

En cuanto al navío Fogoso, en los años 90 un buceador se topó por casualidad con lo que terminó por ser el pecio a nueve metros de profundidad. En estos años, se han realizado varias campañas de arequeología submarina que han sacado a la superficie objetos variados del buque. Lo puedes ver en este enlace de la revista National Geographic.

Por último, una petición personal. Si te animas, tal vez podías hacer realidad aquel deseo para su Regimiento Farnesio que el coronel Manso expresaba en su carta de 1805 -“la satisfacción que le resultaría no viendo sepultado en el olvido o silenciado el cumplimiento en sus deberes “- y difundir esta pequeña historia dentro de tus posibilidades 😉

 

 

 

“Farnesio, por España, cabalga y carga”

Ese es el título del último cuadro que ha pintado el gran Augusto Ferrer-Dalmau. Lo ha entregado hace unas horas al centenario Casino de Madrid, de una de cuyas paredes cuelga ya para siempre. Una vez más, Ferrer-Dalmau ha dedicado sus pinceles al Regimiento Farnesio, en este caso a un lancero del Regimiento de Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, con el uniforme reglamentario de 1860, a poco de concluir la Guerra de África. Puedes leer aquí una reseña del acto, del diario ABC

Así que aprovecho este momento para, por una parte, destacar la espléndida presentación organizada por el Casino de Madrid, llena de elegancia y de buen gusto. Por otra parte, la vibrante exposición que el coronel Soto hizo de su Unidad, el Regimiento Farnesio, que arrancó una prolongada ovación del público a su conclusión. Y por supuesto, el espectacular lancero a la carga que Don Augusto ha inmortalizado ya para siempre con el número 5 del Regimiento en el cuello de este veterano de guerra que, desafiante, embraza la lanza dando frente al enemigo.

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Presentación del cuadro “Farnesio, por España, cabalga y carga” en el Casino de Madrid. @ Embajada de Rusia en Madrid

Y ya de paso, pues recupero una carta de aquella época, de aquella guerra, que aparece mencionada en la página 187 de libro “Crónica de la Guerra de África”, que firman los señores D. Emilio Castelar, D. Francisco de Paula Canalejas, D. Gregorio Cruzada Villaamil y D. Miguel Morayta:

“El bravo coronel del regimiento de Caballería de Farnesio, marqués de Casa-Alta, ascendido a brigadier, ha recibido la siguiente carta, que con la mayor complacencia publicamos:

«Señor coronel del Regimiento de Farnesio, quinto de caballería, primero de lanceros.- África.- Muy señor mío y de todo mi respeto: Espero será V.S. tan amable que me dispensará al tener la osadía de molestarle; pero teniendo un hijo en el tercer escuadrón de su respectivo mando, que con el mayor placer mío está blandiendo su lanza contra las huestes musulmanas y al lado de su valiente y aguerrido coronel, el que con tanta bravura, decisión y arrojó cargó dichas huestes por varias y reiteradas veces, siendo el asombro y terror de los agarenos, llenando de gloria nuestras armas españolas y el reinado de nuestra escelsa  reina Isabel II.

Mi hijo Juan Martín, que, como dije a V.S., se halla en el tercer escuadrón, hace mes y medio no tengo noticia de si es vivo o muerto, pues desde la batalla del 1º de enero no he vuelto a saber nada de él, y espero de su bondad se sirva (si es vivo) decirle que escriba a su padre, y si es muerto, tendrá V.S. la bondad de participármelo: que si bien es cierto que al amor de padre es natural el sentimiento y desgracia de un hijo, no por eso crea V.S. me arredraré. Sí, lo sentiría, como que es un hijo de mis entrañas; pero al menos tendré el orgullo de manifestar que murió con gloria en los campos de Tetuán, defendiendo a su reina y a su patria, vilmente ultrajada por esos caribes africanos.

Tengo setenta y cuatro años, y si llegase el caso me vería V.S. ocupar el puesto vacante de mi querido hijo (dado caso fuera muerto), y acometer a la morisma con tanto ardor y arrojo como pudiera hacerlo un joven de veinticinco años; pues aunque sexagenario, corre por mis venas la sangre de los Cides y Pelayos, y ayudado de mis pocas fuerzas tendría el honor de contribuir a la realización del testamento de la augusta reina Isabel I para ayudar a su cumplimiento a nuestra soberana Isabel II.

Creo, señor coronel, será V.S. tan amable que me contestará lo más pronto que le sea posible, pues si V.S. tiene hijos y están ausentes, puede echar una ojeada y ver lo que padecerán al no saber de su señor padre.

Con este motivo, etc.- Alejo Martín.- Cantalapiedra, 14 de febrero de 1860.»

Apenas leyó este patriótico y sentido escrito el valeroso Marqués de Casa-Alta, a quien iba dirigido, contestó al desconsolado padre diciéndole que su hijo Juan Martín, no sólo continuaba en el mejor estado de salud, sino que se había portado tan bravamente que estaba propuesto para una cruz.”

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“Farnesio, por España, cabalga y carga”. © Embajada de Rusia en Madrid

22 de julio. El día que cayó la posición de Annual

El 22 de julio se conmemora una de esas fechas negras de la Historia militar de España, la caída en 1921 de la posición de Annual, en el Rif español, que daría lugar a uno de los episodios más importantes del siglo XX español, el conocido como “Desastre de Annual”.

En pocos días, se vendría abajo el despliegue militar español en aquella zona ante la acometida de las tribus rifeñas sublevadas, con el consiguiente colapso de la Comandancia General de Melilla. En aquellos días, la actuación del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, en la protección de la retirada se convirtió en una gesta, reconocida finalmente en 2012 con la concesión de la cruz laureada colectiva al Regimiento. El epílogo del desastre se escribiría el 9 de agosto de 1921, con la masacre de los 3.000 últimos supervivientes tras su rendición en la posición de Monte Arruit.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Fotografía del coronel Selgas (segundo por la derecha), con algunos oficiales del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, hacia 1921. (Colección particular)

¿Y qué tiene que ver todo esto con nuestro Regimiento Farnesio? Pues unos pocos días después de lo de Monte Arruit, en concreto el 12 de agosto, en plena movilización de fuerzas militares en toda España, salen del cuartel “Conde Ansúrez” de Valladolid los primeros escuadrones del Regimiento hacia Málaga, donde embarcan en los vapores “Monte Toro” y “Antonio Lázaro”, en los que se trasladan a Melilla. Entre los días 12 y 13 de agosto, el regimiento al completo, con sus tres escuadrones de sables y el de ametralladoras, arribará a Melilla, para tomar parte de inmediato en las operaciones para la reconquista de los territorios perdidos.

Lanceros de Farnesio en el Rif
El general Sanjurjo preside un festival deportivo en la posición de Bugardain, en marzo de 1922. Entre los oficiales fotografiados, se ve a dos del Farnesio: el segundo por la izquierda, y el tercero por la derecha.

En la edición del diario ABC del día 15 de agosto, en concreto en la página 10, puede leerse el siguiente breve: “Las tropas que van a Marruecos son aclamadas. Valladolid 13, 8 mañana. Han marchado a Melilla los escuadrones primero y segundo del Regimiento de Lanceros de Farnesio, siendo despedidos por las autoridades y numeroso público. El gobernador civil obsequió a los oficiales con cigarros habanos, y a los soldados con cantidades en metalico.”

El despliegue en África se prolongaría hasta agosto de 1924, con una progresiva reducción de las fuerzas del Regimiento, que se irían replegando sobre su acuartelamiento conforme avanzaba la pacificación del territorio. Cabe destacar que fuerzas de los lanceros de Farnesio fueron las primeras en entrar, allá por el mes de noviembre, en la posición de Monte Arruit, en la que descubrirían los cuerpos aún insepultos de los defensores asesinados por los rifeños. De aquel momento es esta fotografía de aquí debajo, firmada por Lázaro, del páter del Regimiento mientras rezaba un responso ante algunos cadáveres, antes de su inhumación.

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EL páter del Farnesio reza un responso ante el cadáver de uno de los defensores de la posición de Monte Arruit, en noviembre de 1921. (Foto: Lázaro)

Además, en ese mes de noviembre de 1921, el Regimiento, junto con el de Infantería de Isabel II, recibiría la visita de una comisión de la ciudad de Valladolid, encabezada por su alcalde Federico Santander, que llevó hasta el Rif no solo el cariño y el reconocimiento de la ciudad, sino también obsequios varios donados por los vallisoletanos para las tropas. De aquella visita, se descubrió hace unos meses un vídeo inédito, tal y como informó en su momento el diario El Norte de Castilla.

Lanceros de Farnesio en el Rif
Portada de “La Unión ilustrada” que informa de la visita de una comisión de Valladolid a los soldados destacados en el Rif, en noviembre de 1921.

¿Quién fue Jorge Cristián, el “Príncipe de Hersemburgo”?

Entre los miles de documentos de los Archivos Generales del Reino de Bélgica, en Bruselas, se conserva una conformidad que dice haberse despachado “otra patente al Príncipe de Ombergh en Mons a 7 de marzo de 1649 de Maestre de campo de un tercio de Caballería que se ha de formar con cinco compañías de caballos, a saber, la del dicho maestre de campo, la del capitán La Haut, su sargento mayor, y las de los capitanes Croy y Andres Coog”.

Patente Ombergh
Conformidad para la patente de maestre de campo al príncipe de Ombergh.

Y de Bruselas, saltamos a Madrid, a la Real Academia de la Historia, entre cuyos fondos se custodia la colección “Salazar y Castro”, un gigantesco archivo de documentos oficiales que abarca desde la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XVIII. Entre esa infinidad de papeles, nos interesa fijarnos en uno en concreto, una carta con fecha de 3 de agosto de 1653, archivada en el volumen A-94 -dedicado a la correspondencia del landgraviato de Hessen-Homburg-, que en el índice viene resumida de esta manera: “Carta de Jorge Cristián, landgrave de Hessen-Homburg, a Luis Méndez de Haro, en la que se queja de que el archiduque de Austria, Leopoldo Guillermo, haya dispuesto del mando de su regimiento de Caballería de Flandes”.

Retrato del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg. Fuente: Wikipedia

Ambos documentos nos pueden interesar porque, de alguna manera, marcan el comienzo y el final del servicio a las armas reales de este príncipe alemán, Jorge Cristián, primer maestre de campo de aquel tercio que se iba a crear en Flandes con cinco compañías de caballos y que, con el tiempo, se ha convertido en nuestro actual Regimiento de Caballería “Farnesio” 12. Y de paso, nos permiten rectificar la identidad de ese “Príncipe de Ombergh”, al que durante muchos años se ha identificado como Federico II de Hessen-Homburg, primer maestre de campo del “Farnesio”. No fue a Federico, sino a su hermano mayor, Jorge Cristián, a quien se concedió la patente para el mando del tercio de Caballería.

El landgrave Jorge Cristián fue un personaje peculiar, muy de su época, y tenemos la suerte de que una historiadora alemana, Margarete Hintereicher, dedicase en 1985 un minucioso estudio a su biografía, lo que nos permite conocer muchos detalles y vicisitudes de la vida de este príncipe protestante que sirvió bajo las banderas de los Austrias en Flandes, se convirtió al catolicismo en 1651, viajó a España en busca de mejorar su posición, y por discrepancias sobre el tratamiento que había de recibir por parte del rey Felipe IV, terminó alistándose en el bando francés.

Caballería en Flandes, siglo XVII. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau

Conozcamos, pues, a quien fue el primer jefe que tuvo nuestro Regimiento Farnesio. Jorge Cristián de Hesse-Homburg nace el 10 de diciembre de 1626 en la actual ciudad de Bad Homburg vor der Höhe, que se encuentra a unos kilómetros al norte de Frankfurt (Alemania). Es el cuarto de los seis hijos del matrimonio formado por Federico, primer landgrave de Hessen-Homburg, y Margarita Isabel de Leiningen-Westerburg. Jorge Cristián no ostenta el título de landgrave de Hessen-Homburg hasta el año 1669, fecha en que le compra el landgraviato a su hermano mayor Guillermo Cristóbal, si bien en la documentación española aparece siempre mencionado como príncipe de Omburch, de Ombergh, o de Omburgh.

Es Hessen-Homburg, en su origen, un pequeño landgraviato surgido en 1622 por decisión del landgrave Luis V de Hesse-Darmstadt, estado vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico, de ceder a su hermano Federico la autoridad civil sobre esa parte del territorio de Hesse. Federico I es landgrave de Hessen-Homburg hasta su muerte en 1638, quedando entonces al frente del principado su viuda Margarita Isabel hasta 1648, en que es nombrado landgrave su tercer hijo, el ya citado Guillermo Cristóbal.

Con poco más de 20 años, Jorge Cristián pasa a servir en el Ejército del rey Felipe IV en Flandes. Su biógrafa Margarete Hintereicher sostiene que su alistamiento se debe a las gestiones que su primo Jorge II de Hesse-Darmstadt hace ante el gobernador de los Países Bajos, Leopoldo Guillermo de Habsburgo. Tal vez pueda extrañar la presencia de hombres de armas alemanes en los Ejércitos de los Austria, mas hay que tener en cuenta que el Sacro Imperio pasó por herencia a la Corona de España con Carlos I.

En esas tierras, desde entonces, se van reclutando tropas para las guerras que sostiene el emperador y sus descendientes. Con el paso de los años, y en especial en el siglo XVII, la recluta se ampliará a zonas del norte de Alemania, en los principados y obispados de religión protestante. Recluta que dará lugar a la distinción entre alemanes “altos” (los procedentes de zonas católicas) y “bajos”, de religión protestante, tal y como explica el historiador italiano Davide Maffi en su libro “En defensa del Imperio”.

Esa captación tiene dos objetivos. Por una parte, reforzar el dispositivo militar de la Corona de España; y por otra, evitar que esas fuerzas militares puedan ser puestas al servicio del rey de Francia, el principal enemigo de España. La presencia de alemanes en las filas del Ejército de Flandes no es, ni mucho menos, testimonial. El mismo Maffi explica que en diciembre de 1649, por ejemplo, la Infantería en Flandes está formada por 46.176 soldados, de los cuales 14.607 -es decir el 31,63 por ciento- son de origen alemán.

Patente de capitán

Pero volvamos a Jorge Cristián. El primer documento oficial que se conserva de su vida militar al servicio de España es la patente de capitán que se le concede en Bruselas el 21 de diciembre de 1648, para el mando una compañía de cien caballos-corazas que se encuentra vacante tras el deceso de su titular, el conde de Estrée. Este conde era Claude François d’Ongnies, uno de los muchos jefes de Caballería muertos en la batalla de Lens, en agosto de ese mismo año. Precisamente el deficiente empleo del Arma en esa batalla animará definitivamente al rey Felipe IV a agrupar sus compañías de Caballería en tercios, uno de los cuales -como veíamos al principio- queda al mando de Jorge Cristián de Hesse-Homburg. Tiene en ese momento 22 años.

Firma autógrafa del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg

El tercio de nuestro príncipe de Hessen-Homburg formará parte de la que, en las relaciones y documentos de la época, se denomina Caballería de Saint Omer y Aire, por tener sus acuartelamientos en las ciudades de Saint Omer y Ayre-sûr-la-Lys, en el actual departamento francés del Paso de Calais. Incluso en la relación de la campaña de Flandes del año 1650, que el secretario de avisos secretos de guerra Juan Antonio Vincart envía al rey Felipe IV, se puede leer una mención al tercio de Hessen-Homburg entre las primeras fuerzas que acuden a sitiar la plaza de Mouzon: “En esto, el marqués de Molenguien, habiéndose separado del Ejército, con la brigada de Don Baltasar Mercader, los Regimientos de Caballería del Príncipe de Omburch, del Príncipe de Guildeben…” Como curiosidad, dicho lugar, Mouzon, aparece mencionado en el himno del Regimiento Farnesio, compuesto en 1949, y si algún lector se lo sabe o lo ha cantado alguna vez, le resultará familiar: “¡Vivan los escuadrones de Farnesio, que triunfaron en Flandes y en Monzón!” (sic).

Relacion 1650
Página 70 de la “Relación de los sucesos de las Armas de Su Majestad en Flandes” del secretario Juan Antonio Vincart, correspondiente al año 1650. En el párrafo derecho, hay una mención al Regimiento de Cavallería (sic) del Príncipe de homburch

En 1651, y por motivos que nunca se aclararon, el príncipe Jorge Cristián se convierte al catolicismo, tomando los servicios espirituales de un jesuita francés, el canónigo Jean Arnauld. En noviembre de ese mismo año, Jorge Cristián envía una carta al rey Felipe IV, fechada en el campo cerca de Mons, en la que le informa de su conversión y le insiste en su voluntad de servir al Rey Católico: “Si bien es verdad que me he preciado siempre de muy obediente servidor de Vuestra Majestad, ahora me queda mayor confianza y eficacia de servirla, con los felices sucesos y gloriosos efectos que me puedo prometer de la divina que por su misericordia infinita me tiene alumbrado con la Santa Fe Católica Apostólica y Romana […] necesito de suplicar a Vuestra Majestad sea el norte, y amparo mío, y me haga dichoso en todo, mandome con especial favor en las ocasiones que siempre estimare las que se me olviden en este servicio a Vuestra Majestad y que puedan descubrir que para lo que importare, la de ser mi voluntad conforme a la de Vuestra Majestad, cuya Católica y Real Persona Guarde Dios… Animado por la respuesta que recibe de la Corte de Madrid, y pese a las recomendaciones familiares en contrario, Jorge Cristián decide viajar a España en el verano de 1652 en busca de favores y de mejorar su situación personal. Lo hace acompañado por el canónigo Arnauld y un sirviente.

El joven Hessen-Homburg es, desde luego, un príncipe ambicioso, puesto que a la pregunta que le dirige el Consejo de Estado sobre sus pretensiones al viajar a España y ser recibido por el rey, no duda en responder que ansía ser nombrado general de la Caballería de Milán. Y así puede leerse en la carta, que con fecha 28 de agosto de 1652, dirige al secretario de Felipe IV, Luis Méndez de Haro, y que se conserva aún en la Real Academia de la Historia: “…y como he sabido después que estaba vaco el de general de la caballería de Milán, que teniendo experiencia de cuan frecuentes son por allí las ocasiones del real servicio de Su Majestad, confiado como debo en la magnanimidad que Vuestra Excelencia me hace, y en su amparo, ya que no puedo valerme de otro medio si no es el de éste, vengo a significar a Vuestra Excelencia que sería para mí de suma estimación y gusto si Su Majestad fuese servido de hacerme merecedor de él…” Además, manifiesta ser el único Hessen-Homburg que sirve en ese momento al rey español: “Que yo soy hoy el solo de mi casa que tengo la honra de militar debajo de las banderas de Su Majestad”.

Sin embargo, las gestiones ante el Consejo de Estado para conseguir sus pretensiones comienzan a torcerse tras manifestar el príncipe Jorge Cristián su interés en ser recibido en audiencia pública por Felipe IV y en serle permitido permanecer cubierto ante el rey, tal y como el archiduque de Austria le había autorizado durante una cena en Bruselas. El asunto, que tal vez visto con los ojos de hoy nos puede parecer baladí, tenía en aquellos tiempos su importancia, ya que sólo a los Grandes de España se les permitía estar cubiertos en presencia del Rey.

Y como señala en sus deliberaciones el Consejo de Estado, y menciona Hintereicher, permitir que Jorge Cristián se mantuviese cubierto supondría un agravio comparativo con otros landgraves del Sacro Imperio. Que los príncipes eran un tanto peculiares y miraban mucho por su reputación, lo que suponía más de un quebradero de cabeza para el gobernador de Flandes, queda manifestado en una carta de Leopoldo Guillermo a Felipe IV fechada el 20 de febrero de 1653: “ya he dicho a Vuestra Majestad cuan embarazosos son aquí estos cadetes de Príncipes del Imperio, y el landgrave no lo será poco.”

Caballería en Flandes. Óleo de Augusto Ferrer-Dalmau

Van pasando los meses de 1652, y Jorge Cristián no logra ver realizada su intención de tratar al rey en audiencia, pese a que el Consejo de Estado le propone como alternativa una, pero privada, con Felipe IV, algo que el de Hessen-Homburg entiende como poco digno para el nombre de su Casa, y así se lo expone, en otra misiva de 29 de enero de 1653, al arzobispo de Rodas y nuncio del Papa Inocencio X en España, monseñor Francisco Gaetano: “sería siempre en mí el pasar por ésta hacer yo un agravio manifiesto a mis parientes”.

Para esa fecha, 29 de enero, al pobre Jorge Cristián, si se me permite la expresión, ya le están creciendo los enanos, puesto que un mes antes, en concreto el 5 de diciembre de 1652, el canónigo Arnauld es detenido en la localidad zamorana de Villalcampo, bajo la sospecha de estar tratando de alcanzar la frontera de Portugal. Al ser arrestado, se le intervienen diversos documentos, algunos de ellos en blanco, pero ya con la firma del príncipe Jorge Cristián. Hay que recordar que, en esas fechas, la Corona de España combate en cuatro frentes: Flandes, Italia, Cataluña y Portugal, lo que acrecienta la sospecha de las autoridades españolas de que se hallan ante un espía.

Consulta al Gobernador de Flandes

A esto se une la respuesta que recibe del Consejo de Estado, en el sentido de que no habrá audiencia con Su Majestad hasta no recibir contestación a una carta que Felipe IV ha enviado al Gobernador de Flandes, Leopoldo Guillermo de Habsburgo, sobre los honores que debe tributarle el rey. Apenas tarda dos días Jorge Cristián en ponerse en contacto con el secretario Méndez de Haro, mediante misiva de 17 de enero, en la que “le pide que le recomiende al archiduque Leopoldo Guillermo, para que no haga caso a sus enemigos”.

Algo debía de sospechar nuestro príncipe de Hessen-Homburg, ya que a la pregunta de Felipe IV sobre los honores que podría merecer Jorge Cristián, responde también el Gobernador de las Armas de Flandes, el conde de Fuensaldaña, en una carta que lleva fecha de 23 de febrero de 1653, y en la que Don Alonso Pérez de Vivero no se muerde la lengua al expresar su opinión sobre el landgrave: “no sé si cuando el landgrave fue a España, informó a Vuestra Majestad el señor Archiduque de su Juicio y partes, pero bien puedo asegurar a Vuestra Majestad que no es a propósito para que Vuestra Majestad se sirva de él en España ni aquí, y que la acción del canónigo Arnauld no es la primera que ha hecho de esta Calidad, y así sería de parecer que si no ha salido de España, mandare Vuestra Majestad se le castigase con más rigor del que se hace, y por lo menos debo decir a Vuestra Majestad de ninguna manera conviene que venga aquí”.

La suerte de Jorge Cristián, pues, parece echada, pero él no cede al desaliento y continúa insistiendo en ser recibido por los miembros del Consejo de Estado para explicarles cuáles son sus pretensiones, como se deduce de los encabezados de las cartas que recoge el índice “Salazar y Castro”: el 27 de febrero se queja ante el secretario de Luis Méndez de Haro por no haber recibido respuesta a una suya anterior. El 18 de marzo, se lamenta de no haber sido recibido por el secretario de Su Majestad. El 15 de abril se ofrece a entrevistarse con el Consejo de Estado para explicar verbalmente sus pretensiones.

Pero ya no hay nada que hacer. El 6 de mayo, el secretario Gerónimo de la Torre firma el documento en el que se le comunica a Jorge Cristián de Hessen-Homburg que el rey no encuentra puesto adecuado para él en España y que, por tanto, pase rápidamente a Flandes, donde se le concederá. En la decisión, pesarán no sólo las palabras del Conde de Fuensaldaña, sino también la actitud y la vida licenciosa a la que parece haberse aficionado el landgrave en Madrid, y a la que discretamente pero con preocupación, se refiere el Consejo de Estado en documentos fechados el 26 de abril de 1653 dirigidos al monarca: “por las cartas de Su Alteza el Archiduque y del Conde de Fuensaldaña se reconoce la poca estimación que en Flandes ha hecho y haga este caballero, y cuan embarazoso será allá como también lo sería en España que siendo así que no tiene caudal con que poder asistir aquí ni haber recibido el socorro que de parte de Vuestra Majestad se le ofreció, excusándose de tomarle, se ha sabido que son grandes los gastos que hace en materia de banquetes y no buenos los pasos en que anda […] Se ha sabido que son grandes los gastos que hace y se puede recelar que reciba de otro, y quizás de portugueses, y particularmente en materia de banquetes, y no buenos los pasos en que anda ni sus entretenimientos…”

General de Artillería del Ejército de Flandes

Obviamente, a la Corona no le interesa dejar en la estacada a un príncipe del Sacro Imperio por el efecto llamada que puede suponer para otros landgraves, quienes pueden optar, visto el trato de la Monarquía hispana, por poner sus tropas al servicio de Francia. En consecuencia, y de acuerdo con el archiduque Leopoldo Guillermo, el 3 de julio de 1653, Felipe IV firma la patente por la que se nombra General de Artillería en Flandes a Jorge Cristián de Hessen-Homburg: “Por cuanto teniendo consideración a la calidad grande, del Príncipe Jorge Christiano Landgravio de Hassia, a las muchos y buenas partes que concurren en su Persona, y a lo que me ha servido de años a esta parte, con un Regimiento de Caballería en mis estados de Flandes, con toda aprobación y satisfacción mía y al deseo que muestra de continuarlo en ocasiones de guerra viva, y confiando en que en todas cumplirá con sus muchas obligaciones, He tenido por bien de elegirle, y nombrarle como en virtud de la presente le elijo y nombro por mí Capitán General de la Artillería de mi Exercito…” Por otra carta de 22 de julio a Luis Méndez de Haro, Jorge Cristián le agradece “su intercesión, por la que ha obtenido el puesto de general de artillería en el ejército de Flandes, y que espera sus órdenes para marchar a su puesto”.

Unos días antes, el 25 de junio, Leopoldo Guillermo debía de haber expedido otra patente, ésta de Maestre de campo, para Jean Charles de Wateville, marqués de Conflans, para hacerse con el mando del tercio de Caballería de Hessen-Homburg. Esta decisión no resulta ser del agrado del landgrave, y molesto, así lo expresa en la última de las misivas que, con su firma, se conservan en la Real Academia de la Historia, a la que aludía al comienzo del artículo: “Si en Flandes no se miraba de buen ojo la continuación de mi servicio se ‘podría’ reformar, o suprimir, o despedir el mismo Regimiento. Mas quitarlo a mí y darlo en la misma manera y forma a otro, es querer quitarme la reputación y dar a entender al mundo que yo haya cometido graves y muy enormes delitos contra el real servicio de Su Majestad, y en consecuencia querer difamarme en ojos de las naciones […] y particularmente con la alemana, cuyo propio estilo es este, imposibilitándome de esta manera a poder parecer jamás no entre hombres de mi esfera solamente, pero entre los de mucha menos”.

Epitafio del landgrave Jorge Cristián de Hessen-Homburg, en la catedral de Maguncia (Alemania). Fuente: Wikipedia

¿Qué fue finalmente del primer jefe que tuvo el “Farnesio”? Pues no llegó a tomar posesión de su generalato, ya que, desairado, pasó a servir al Rey de Francia, nación para la que desarrolló una intensa actividad diplomática. Falleció en 1677, y a diferencia de otros landgraves de la Casa, no está enterrado en la cripta del castillo de Bad-Homburg, sino en una tumba en la catedral de Maguncia, en el actual estado alemán de Hesse.

Publicado en la revista “Memorial de Caballería”, num. 86

Que 370 años no es nada…

“Que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra”. Y te halla formado en el patio de armas de la Base Militar “El Empecinado”. Y te nombra: Regimiento Farnesio.

CCCLXX aniversario de la fundación del RC Farnesio 12
Por España, todo ppor España.

Una vez más, como todos los 7 de marzo, se conmemoró la fundación del más viejo de los regimientos de la Caballería, aquél que por una conformidad de 7 de marzo de 1649 quedaba en Mons (Bélgica) al mando del príncipe Jorge Cristián de Hessen-Homburg.

Ya sabes que los actos militares tienen un guión muy matizado, que facilita las cosas. El coronel del Regimiento, Juan José Soto, presidió el acto, en el que se entregaron condecoraciones y distinciones, se concedió al soldado José María Ferrer, del ELAC 2º, el premio “Pedro Castillo” que distingue al mejor jinete de tropa del Regimiento. Y se nombraron nuevos lanceros de honor; en esta ocasión, al general de Caballería Andrés Chapa y al anterior coronel del Regimiento, Álvaro de Zunzunegui.

CCCLXX aniversario de la fundación del RC Farnesio 12
“Somos soldados de la España grande, en cuyas tierras no se puso el sol.”

Habló el coronel Soto a los componentes del Regimiento, a quienes recordó que el Regimiento forma parte de la Caballería, de un arma de combate, y que la misión final del jinete es ésa, el combate: vencer o morir.

CCCLXX aniversario de la fundación del RC Farnesio 12
El acto militar lo presidió el coronel jefe del Regimiento, Juan José Soto.

A los caídos, por supuesto, se les tuvo un recuerdo especial con el siempre emotivo toque de oración con los clarines de Caballería. Luego se entonaría el himno del Regimiento (“Somos soldados de la España grande, en cuyas tierras no se puso el sol“) y desfilaría el Regimiento por la avenida del zar Nicolás II.

CCCLXX aniversario de la fundación del RC Farnesio 12
El recuerdo a los que ya están en la eternidad.

En el vino español, brindis por el primer jinete de España, el Rey, y una sorpresa final: el regalo por parte de D. Alfonso Rojas Salcedo, otro lancero de honor del Farnesio, de una guerrera de tropa reglamentaria de la época de Alfonso XIII para su exhibición en el museo del Regimiento.

CCCLXX aniversario de la fundación del RC "Farnesio" 12
Guerrera de tropa del Regimiento Farnesio, reglamentaria del reinado de Alfonso XIII, donada al muso del regimiento por el lancero de honor D. Alfonso Rojas

Uniforme del Regimiento Farnesio, 5º de Lanceros (1856 – 1860)

Si en esta anterior entrada, te mostraba cómo vestía el Regimiento a partir del año 1852, hoy te explico el uniforme de lanceros que sustituyó a aquél, y que estuvo vigente, con algunas variaciones, desde 1856 hasta 1873. En esta entrada, presento el uniforme aprobado en 1856, y en una posterior, haré una relación de las diversas modificaciones que se fueron introduciendo en esos 17 años.

clonard 1856
A la derecha, lancero con el uniforme de 1856. “Álbum de la Caballería”, del conde de Clonard

En 1856, como decía, se aprueba un nuevo reglamento de uniformidad, por el cual los regimientos de Lanceros pasan a vestir de la siguiente manera:

  • Casco a la inglesa, con el número del regimiento en una placa frontal, con llorón de cerda negra
  • Levita de color turquí (azul oscuro) con cuello, carteras y vivos granas, y el número del regimiento bordado en el cuello
  • Dragonas de metal en lugar de charreteras
  • Pantalón gris celeste con bandas encarnadas

Éste es el uniforme con el que los regimientos de lanceros toman parte en la Guerra de África (1859 – 1860).

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

 

 

Relevo de mando en el Regimiento

El primer coronel que, con tal denominación, tuvo el Regimiento Farnesio fue el barón Ignacio de Fourneau, quien estuvo al mando del tercio de Caballería entre 1693 y 1703. Fue en 1701 cuando dejó de ser maestre de campo para convertirse en coronel. A él, le han sucedido en estos siglos otros muchos. El último de ellos es Juan José Soto Rodríguez, al frente del viejo Hessen-Homburg desde el 13 de diciembre de 2018.

13DIC18.- Toma de posesión del coronel Soto
© Carlos Molero

El relevo de coronel al frente de la Unidad es uno de esos variados rituales que tiene la Milicia para conducir de manera ordenada su vida diaria. Es una ceremonia bastante simple, con una secuencia rápida y simbólica para representar la continuidad en el mando.

Los coroneles entrante y saliente se sitúan a ambos lados de la autoridad que preside el acto -en este caso el coronel Sánchez Hérraez, del RI “Isabel La Católica” 29- y se lee públicamente la orden de nombramiento (“De orden de Su Majestad el Rey…”) con el Regimiento en la posición de firmes. El coronel saliente ordena “Sobre el hombro”, y de seguido, el entrante, “descasen armas”.

13DIC18.- Toma de posesión del coronel Soto
© Carlos Molero

El relevo se completa con el coronel saliente entregando el guión de mando del Regimiento al coronel entrante; y el primero de ellos, finalmente, despidiéndose del estandarte. Para entonces, ya ambos habrán intercambiado sus lugares junto al podio.

13DIC18.- Toma de posesión del coronel Soto
© Carlos Molero

El relevo continúa con la secuencia habitual de un acto militar: se retira el estandarte, se recita el decálogo de la Brigada “Galicia” VII -a la que pertenece en estos momentos el Regimiento-, se entona el himno del Farnesio (“Adelante, jinetes de Farnesio, altas las frentes y alto el corazón…”) y tras abandonar el patio de armas a paso ligero, se termina con un desfile de la Unidad ante la autoridad y su nuevo coronel en la avenida del Zar Nicolás II.