¿Existió el teniente de Farnesio de ‘La soledad de Alcuneza’?

Por un callejón, desembocó [en la plaza] el escuadrón de Farnesio de mi amigo el teniente. Se apoyó el escuadrón a un costado de la plaza, el capitán echó pie a tierra y entró en el Ayuntamiento, dejando al mando a mi amigo. Levantóse un viento huracanado y un fuerte chaparrón barrió la plaza. Buscamos cobijo todos. Los jinetes del escuadrón se pegaban a la pared de un viejo y ruinoso palacio, que ocupaba el costado donde habían hecho alto, para resguardarse. En una esquina próxima, un canalón dejaba caer en el irregular suelo de tierra un chorro gordo de agua. El teniente de Farnesio se encaminó a la esquina y se puso debajo del chorro, el busto erguido y la cabeza alta. El chorro le calaba y le mojaba pero el teniente no se movía. Tenía ambas manos en las riendas, con los pulgares mirando a las orejas del caballo y los pies correctamente estribados. Le miró su gente, y poco a poco, como avergonzado de su comodidad fueron separándose de la pared, que muy a medias les protegía, aguantando la dura lluvía que batía los tejados y degradaba el suelo. En la destartalada plaza, daba el teniente de Farnesio con el ejemplo una lección de moral militar.

Esta descripción pertenece a la novela “La soledad de Alcuneza”, obra de Salvador García de Pruneda, publicada en Madrid en 1962. El relato es un recuerdo de las vivencias militares del autor durante la Guerra Civil (1936 – 1939), en la que combatió como oficial del escuadrón de Zapadores de la División de Caballería del bando franquista. En la novela, el ‘alter ego’ de García de Pruneda es el teniente Alcuneza, quien a lo largo de las páginas nos va presentando a otros protagonistas de la campaña, entre ellos a un teniente del Regimiento Farnesio, cuyo escuadrón forma parte del Grupo al que Alcuneza está agregado. La novela no tiene ninguna referencia temporal, apenas alguna para poder ubicar las acciones que describe y ningún nombre propio con el que identificar a los protagonistas. Entre ellos, destaca el teniente de Farnesio, del que siempre habla Alcuneza en términos elogiosos, como paradigma del soldado de Caballería, de esa Caballería (a caballo) que en la contienda está ya desapareciendo para siempre.

La soledad de Alcuneza
La soledad de Alcuneza

En ocasiones, en algunas charlas en el Regimiento, salía alguna vez a colación la novela y la pregunta evidente: ¿quién sería el teniente de Farnesio? Así que hace unos meses, me decidí a tratar de responder, a poner nombre a ese teniente de Farnesio que, con el ejemplo, daba una lección de moral militar.

De la lectura de la novela, se desprenden varias conclusiones para centrar al personaje. De unos 40 años, natural de la provincia de Valladolid, que toda su vida ha estado en Farnesio, donde empezó de soldado. En la Guerra Civil, ha participado en las batallas del Jarama y de Brunete… Sin embargo, hay otros datos que no concuerdan; por ejemplo, dice haber sido testigo del desastre de Annual -el Regimiento no estuvo en esa trágica ocasión-; o una escenas de combates en el sur de Salamanca, teatro en el que no combatieron los escuadrones 1º y 4º de Farnesio, que son los que participaron en las batallas antes mencionadas. Quizás, empecé a sospechar, el teniente de Farnesio no es alguien en concreto, sino un personaje ficticio construido sobre varios reales.

Caballería

El Farnesio de hoy día se pone manos a la obra, y tras una metódica investigación -¡que Dios se lo pague a los dos amigos del Farnesio que la llevaron a cabo!- de las listas de revista de la Guerra Civil, me proporciona una relación de nombres de los oficiales que formaron parte de ambos escuadrones, 1º y 4º, durante la Guerra Civil. Y con esa lista, y previa autorización, me presento un día en la sala de estudio del Archivo General Militar de Segovia para revisar las hojas de servicio de esos oficiales. Y en efecto, ninguno cumple con todos los requisitos: uno había entrado de soldado, pero no era de Valladolid. Otro era de Valladolid, pero había estado destinado en más regimientos. Otro era de Valladolid, había hecho toda la Guerra en Farnesio, pero en un escuadrón de depósito en Aragón…

Alcazar Segovia
El alcázar de Segovia es la sede del Archivo General Militar.

Tengo que reorientar la investigación por otro “eje de progresión”. Gracias a las redes sociales, consigo localizar y ponerme en contacto con un nieto de Salvador García de Pruneda, quien comunica mi petición de ayuda a su padre, también Salvador García de Pruneda, a quien le hago la consulta.

Teniente de Zapadores

Don Salvador, muy amablemente, se pone a mi disposición para tratar de desentrañar el misterio. Se ofrece a revisar la documentación que guarda de su padre; y unos días más tarde, por correo electrónico, me da la respuesta. En efecto, el teniente existió pero no era de Farnesio, sino de zapadores, se llamaba José Utrilla Utrilla. Y en las notas de García de Pruneda, figura la siguiente mención: “Un teniente del Regimiento de Farnesio que conocí una madrugada en el frente del Segre (octubre 1938). Algunas veces, las mas, don Jesús Utrilla Utrilla, natural de Ruguilla, partido judicial de Cifuentes, provincia de Guadalajara. De profesión guarnicionero; se quedó en el Ejército cuando le tocó servir y acabó sus días como comandante de Ingenieros, procedente de tropa. Espejo de virtudes castrenses, de amor al servicio y de entusiasmo por el oficio de las armas. Tiene un rico anecdotario que un día pienso utilizar. Serví con él en el 1er Regimiento de ingenieros donde le conocí íntimamente. Era sargento en Guadalajara cuando yo era niño.

Regimiento Farnesio

En la hoja de servicio de Jesús Utrilla, figura en efecto que comenzó como soldado y alcanzó el empleo de comandante en el Arma de Ingenieros. Fallecido en 1948, consta que tenía el valor acreditado, mucha aplicación y capacidad, buena conducta, mucha puntualidad en el servicio y buena salud.

Por el mismo camino que habíamos traído llegaron a poco dos escuadrones de Farnesio, a cuya retaguardia debía marchar mi sección. Sus caballos, escasos de carnes y pletóricos de barro iban rebasando la masía a buen paso de andadura. Cabalgaban los jinetes en buen orden y sosiego, ambas manos en las riendas, con los espinazos algo encorvados. Los sables traían barro hasta la empuñadura y notábase a primera vista que, sin darles tiempo a nada, habían emprendido los dos escuadrones la marcha inmediatamente después de haber llegado su relevo a la línea. Pasaron delante de nosotros con una grave apostura que la sencillez de sus arreos, cubiertos de lodo, acentuaba más. Casi todos los caballos eran castaño oscuro y sobre aquella masa ocre de uniformes, corceles y barro, sólo se destacaba el azul celeste de un estandarte en el que campeaba la roja cruz de Santiago sobre unas lanzas de plata. Al lado de su capitán, venía el teniente de Farnesio que aquella madrugada había tenido el encuentro singular con el legionario desertor. Erguido en su silla, con militar tesitura y triste mirada, me saludó y me ofreció un trago de vino de una bota que traía. El sol se ponía detrás de unos lejanos surcos.

Reseña de la novela: “La soledad de Alcuneza. Historia de espuela y de espada”.

 

Ejercicio “LAGEX 2017” – San Gregorio (Zaragoza)

Jueves, seis menos diez de la madrugada. En Salamanca, donde estudia, David vuelve a casa después de una noche de fiesta. A esa misma hora, en Elche Juan Andrés prepara un nuevo biberón para su pequeño, hoy ha tocado noche toledana. En Soria, Patricia y Fernando duermen por fin en casa tras su viaje de una semana por Rumanía con ‘El Club de los 60’. Marta, en Guadalajara, termina de darse un toquecito de maquillaje en los pómulos antes de salir a coger el tren que le llevará a su trabajo en Madrid. Y en Badajoz,  Hakim sigue aún repasando temas para la oposición. Todos ellos viven bajo las estrellas del mismo cielo, en el mismo territorio y con la tranquilidad de saberse protegidos, incluso sin saberlo.

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Revisando el Centauro para que todo esté a punto. © Carlos Molero

Porque a esa misma hora, en medio de la noche, en un lugar remoto de Zaragoza, azotado por un viento gélido que no da tregua, Héctor, Luismi, Alberto, Sonia, Cris, Álvaro… hace rato que, un día más, están ya en marcha, ocupando sus posiciones frente a un enemigo imaginario, para repetir de nuevo procedimientos, tácticas, movimientos que engrasen la máquina que garantiza la seguridad de los españoles.

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El amanecer nos trae la incertidumbre del nuevo día, desplegados en una línea de posiciones en las “Casas Altas del Castellar”. © Carlos Molero

El lugar es un paraje conocido como “Casas Altas del Castellar”, en el Centro Nacional de Adiestramiento “San Gregorio”; el viento se llama cierzo y es la pesadilla invisible que se cuela a esta hora -y todas las horas- en esta inhóspita llanura de 33.000 hectáreas, antiguas tierras de pastoreo. Y allí desplegada, en “Casas Altas del Castellar”, está la máquina, el Grupo de Caballería “Santiago” I/12, el elemento de maniobra de nuestro Regimiento.

Ejercicio “LAGEX 17” de la Brigada Galicia VII

Pero no estamos solos. Si uno sobrevolase el campo de maniobras, encontraría por aquí y por allá a los zapadores, los batallones de infantes, la Artillería, el Grupo Logístico y el Cuartel General de nuestra Brigada, la “Galicia” VII, que entre el 5 y el 14 de noviembre ejecuta el ejercicio “LAGEX 17”.

Quizás Hakim, Marta, Fernando, Patricia, Juan Andrés o David no sepan muy bien, o no lo sepan en absoluto, qué supone “jugar a la guerra” durante nueve días, nueve días -uno tras otro- en los que el viento no deja de soplar, con una fuerza tal que los meteorólogos avisan, nivel amarillo, pues temen que se dispare hasta los 70 kilómetros por hora. Y de eso parece vanagloriarse ese vanidoso invisible, que te empuja, te rodea, se te mete en las entrañas, lo llena todo de polvo y tierra, azota metódicamente tu tienda de campaña por la noche, te arroja encima las lonas para que te golpeen mientras intentas dormir, obliga al matorral a inclinarse una y otra vez a tu paso; por todas partes, allá donde mires en ese infinito campo desolado, aliagas, tomillos, romeros te saludan como peleles empujados por el viento, y a ratos, parece incluso que el chaparral se carcajea de ti.

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En las “Casas Bajas del Castellar”, preparados ya para empezar con las actividades de día. © Carlos Molero

Y el viento es, digamos, la guinda del pastel que ya, hace cientos de años, describió en uno de sus momentos de lucidez el ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha en su “curioso discurso de las letras y las armas”: Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno se suele reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa, con solo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vacío, tengo por averiguado que debe de salir frío, contra toda naturaleza. Pues esperad que espere que llegue la noche para restaurarse de todas estas incomodidades en la cama que le aguarda, la cual, si no es por su culpa, jamás pecará de estrecha: que bien puede medir en la tierra los pies que quisiere y revolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las sábanas.

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“Adelante, jinetes de Farnesio, altas las frenes y alto el corazón”. © Carlos Molero

Son nueve días -uno tras otro- de comer en algún momento, quizás bajo la lona de la tienda comedor, quizás al amparo de un mísero chozo de pastor derruido en medio de ninguna parte, con frío y viento. De añorar el agua caliente, de intentar ducharse en algún momento. De subir y bajar de los vehículos acorazados, de moverte de acá para allá no importa la hora del día o de la noche, de dormir cuando sea posible, de tratar de solucionar mil y una averías que surgen un día tras otro, pues los “caballos”, los pobres, ya están mayores y tienen sus achaques. Y es que hay que hacer más con menos, ésa es la consigna. Quizás con más presupuesto… Sí, pero San Gregorio está muy lejos de los oídos que podrían atender esas palabras, el viento es muy fuerte y, por qué no decirlo, ni David, ni Patricia, ni Juan Andrés, Marta o Hakim, que no saben lo que aquí se hace, verían probablemente con buenos ojos invertir más presupuesto en la máquina que garantiza su seguridad, habiendo como hay otras necesidades, que es esa especie de mantra que todo lo aparca.

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Al caer la tarde, siempre hay un momento para recordar a quienes nos precedieron en el servicio a España. © Carlos Molero

¿Y cómo consigue uno sobrevivir tan en precario? ¿De dónde sale la comida que a uno le sirven en la bandeja?¿Qué pasa con el combustible?¿Cómo se puede reparar la mecánica de un monstruo de decenas de toneladas de acero en medio de la nada?¿Y si uno cae enfermo, sufre un accidente, se tuerce un tobillo o se rompe una muñeca? Para eso está el Escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que tiene preparado el comedor para que, cuando vuelvan de sus misiones, los jinetes de los escuadrones ligeros acorazados puedan sentarse a comer; que mantiene el taller de mantenimiento -el segundo escalón en la jerga- ‘non stop’ 24/7 para que puedan salir al día siguiente con sus vehículos, que se encarga de la asistencia sanitaria, que garantiza el enlace radio. Y como además es responsable de la protección del puesto de mando, pues se apunta en esta ocasión el tanto de realizar con éxito el primer disparo del nuevo misil contracarro ‘Spike’.

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VRCC-105 “Centauro” del Regimiento, junto a la “Caseta de Curdi”, momentos antes de iniciar un ejercicio de tiro en el asentamiento de “Tres Poyetes”. © Carlos Molero

Pero si Plana Mayor y Servicios está que no para, los dos escuadrones ligeros acorazados tampoco están holgazaneando, ni mucho menos, que a San Gregorio no hemos venido a pasar los días sin más. Tiro de mortero, tiro con las armas de dotación de los vehículos acorazados: cañón de 105 mm. del Centauro, cañón de 25 mm. del VEC, ametralladoras de 7,62 mm., lanzadores fumígenos… Durante un par de horas, en el asentamiento de ‘Tres poyetes’ se suceden las detonaciones, el tableteo de las armas automáticas, las entradas y salidas de posición de los VEC y los Centauro.

Y despliegues de líneas de posiciones, zonas de reunión, zonas de espera, pasos de línea a vanguardia, cruce de brechas… piezas del catálogo de misiones que tienen asignadas los hombres y mujeres que, dentro de nuestro Ejército, lucen en el parche las lanzas y los sables. Y esperas, muchas esperas, porque como dicen los guerreros viejos, la guerra es un 95 por ciento de espera y un cinco por ciento de tiros.

En el ‘poblado afgano’

Hay, además, visita VIP, nada menos que el general jefe de la Fuerza Terrestre, que viene a comprobar de primera mano el nivel de adiestramiento de la Brigada. Así que nos vamos al ‘poblado afgano’, el polígono de combate en población levantado en las “Casas Altas del Castellar”, donde al parecer la insurgencia, o los rebeldes, o los terroristas, o el enemigo -póngale el nombre que prefiera- se ha hecho fuerte, y va a haber que sacarlo de ahí, tiene toda la pinta de que por las malas.

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Pelotón de Caballería de nuestro Regimiento proporciona apoyo a una sección de Infantería que progresa por el polígono de combate en población -el ‘Poblado afgano-‘ en un ejercicio ejecutado ante el teniente general jefe de la Fuerza Terrestre, el FUTER Juan Gómez de Salazar. Por cierto, a esto se le denomina DVD: Distinguished Visitor Display. © Carlos Molero

De ello se va a encargar una sección de Infantería del batallón “Zamora”, apoyada en proximidad por un pelotón del Farnesio, con dos Vehículos de Exploración de Caballería. Nuestro grupo táctico permanece en anillo alrededor del poblado, un cerco que evite la huida del ‘enemigo’. Con los vehículos acorazados desplegados en desenfilada de torre, se sigue con atención cada movimiento en el poblado. Nos acompañan equipos OFA (observadores de fuegos aéreos) de Artillería, que se encuentran agregados al grupo, y en algún momento se les hará saltar a pista, cuando el rival se ponga cabezón y haya que ablandarlo.

Y así es, serpenteando a ras de suelo, no tardan en dejarse ver a retaguardia de nuestro despliegue dos helicópteros de ataque Tigre de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, nos sobrepasan como una exhalación y se lanzan en vuelo imposible sobre las casas del poblado, todas ellas tan iguales de forma y color que es difícil orientarse. Aunque bien pensado, de eso se trata, de hacer que las cosas, en los ejercicios, sean difíciles. ¿Cómo era aquello que decía el general Patton? “Una pinta de sudor te ahorra un galón de sangre”.

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Durante el tema ejecutado ante el general de la Fuerza Terrestre en el polígono de combate en población, intervienen helicópteros Tigre de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET). © Carlos Molero

“Valquiria para Lince, endex, endex”. El final del ejercicio se recibe con júbilo, tras más de siete horas rodando por el campo, y nos lleva en un repliegue en columna por una vaguada hasta el vivac en “Casas Bajas del Castellar”, unos minutos colmados de todo lo que uno pueda asociar con el concepto de la Caballería: velocidad, movimiento, viento, sol, polvo, arena, ruido, potencia… Hasta un águila real parece querer unirse a este escuadrón de acero y nos sobrevuela con su amenazadora silueta.

Conseguir que todo esto funcione requiere de paciencia, planificación, dosis de flexibilidad para adaptarse con rapidez a los cambios de programación de actividades que se van produciendo sobre la marcha. Eso supone que a todo este ir y venir se añadan reuniones de coordinación con el cuartel general de la Brigada, exposiciones de los temas tácticos que se ejecutarán en las próximas horas, diarios sitrep -puntos de situación- en los que se informa del estado de la Unidad -cuánta gente estamos, dónde y qué se come mañana, cuánto combustible hace falta, plan de actividades, a quién se ha evacuado al hospital-,  de las modificaciones en previsiones, horarios, despliegues… y de la previsión meteorológico, que anuncia que al huracán de la Caballería le va a seguir haciendo sombra el maldito cierzo hasta que el Regimiento vuelva, algún día de éstos, a la Base Militar “El Empecinado” tras concluir el LAGEX 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los tiradores de precisión

Desde 1649, muchos y de muy diversos tipos han sido los medios con los que nuestro Regimiento Farnesio ha contado para hacer la guerra, para combatir al enemigo. Petos, espaldares, cascos, pistolas de chispa, lanzas, carabinas, sables de variado diseño… Y del caballo, pasamos a mediados del siglo XX a los vehículos acorazados.

Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12

La renovación es más rápida o más lenta en el tiempo, pero constante, eso sí. Y mientras aguardamos la llegada de los nuevos Vehículos de Exploración y Reconocimiento Terrestre (VERT) o el futuro sustituto del VEC, hoy te presento una de las últimas incorporaciones a las capacidades del Regimiento, los fusiles de precisión.

Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12

El Ejército de Tierra dispone, entre sus materiales, de dos tipos de fusil de precisión: el Barrett M95, del calibre 12,7 mm.; y el Accuracy AW308, calibre 7,62 mm. El primero de ellos tiene un peso de 11 kilogramos y un alcance eficaz de 1.850 metros, mientras que el Accuracy pesa, por su parte, un poco más de seis kilos, y tiene un alcance superior a los 1.000 metros.

Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12

El despliegue de estos fusiles de largo alcance se realiza por binomios, con un tirador y un observador, que se encarga además de proporcionar información básica al tirador para la eficacia del impacto, en especial sobre las condiciones meteorológicas.

Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12

Dejando a un lado la imagen que las películas dan sobre los tiradores de precisión, sus misiones van bastante más allá de la simple de abatir enemigos. Y así, por ejemplo, los equipos de tiradores son un valiosísmo elemento de reconocimiento sigiloso, prácticamente invisibles al ojo humano una vez desplegados, que puden proporcionar al Mando información muy precisa. Sirven, también, para dar seguridad discreta y de largo alcance en un “checkpoint”, por ejemplo. Y así mismo, son de gran eficacia para batir objetivos de importancia táctica o, incluso, estratégica, como pueden ser antenas de radar, instalaciones eléctricas, o elementos ópticos de vehículos acorazados, que quedan de esa manera “cegados”.

Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12

En ese carácter sigiloso, furtivo de la acción de los tiradores de precisión del Regimiento, son fundamentales las medidas de camuflaje sobre el terreno, entre las que destaca el empleo de los trajes “ghillie”, que transforman a los tiradores en una especie de “hombres de musgo” de la leyenda bejarana. Eso sí, la seguridad y la eficacia tienen un coste: el traje pesa lo suyo, y da un calor…

Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12
Tiradores de precisión
© RC “Farnesio” 12

 

El otro Regimiento Farnesio

Sí, hubo otro Regimiento Farnesio. Pero no en España, sino en la actual Italia. Pero no de Caballería, sino de Infantería.

El nuestro, el Farnesio de Caballería, participó en el siglo XVIII en la campaña italiana de la Guerra de Sucesión Polaca -lo puedes ver en este enlace-, cuya victoria para las armas españolas trajo consigo el ascenso del futuro rey Carlos III al trono de Napoles, el antiguo reino de las Dos Sicilias.

Mapa del Reino de Napoles

En 1734, el rey Carlos de Napoles ordena la creación del Real Ejército, formado en parte con tropas veteranas españolas que habían tomado parte en la Guerra de Sucesión Polaca. Dentro de ese Ejército, se crea en el Arma de Infantería el Regimiento Real Farnesio, bajo el mando de Orazio Arezzo, que llegaría a ser más tarde capitán general del Reino y caballero de la orden de San Genaro.

06-Rgto. Infª Farnesio

El Regimiento Real Farnesio estaba formado por dos batallones, cada uno de ellos con 13 compañías de 35 hombres. La fuerza total del Real Farnesio llegaba a los 910 hombres. El Real Farnesio formó parte del Real Ejército de Nápoles hasta la defintiva desaparición de éste en 1861, con la excepción del periodo comprendido entre 1805 y 1815 bajo dominación del Emperador Bonaparte.

 

Farnesio en los cuadros del pintor Augusto Ferrer-Dalmau

Ayer viernes, el consejo de ministros acordó la concesión de la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco al artista barcelonés Augusto Ferrer-Dalmau, al “pintor de batallas” como es conocido desde hace años en España.

La marcha de los Ingenieros
“La marcha de los ingenieros” © Augusto Ferrer-Dalmau

Desde hace más de 10 años, Ferrer-Dalmau ha volcado todo su trabajo en la historia militar de España, y se reconoce como un apasionado de los caballos y de la Caballería. Fruto de esa pasión es una extensísima colección de óleos en los que el ‘noble bruto’ y la Caballería son protagonistas indiscutibles. Y dentro de ella, hay un puñado de obras firmadas por el pintor catalán dedicadas al Regimiento Farnesio, del que es “Lancero de Honor”. En esta entrada, te las voy a presentar.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

En este óleo, vemos representada la carga que los escuadrones 1º y 2º de Farnesio dieron el 23 de enero de 1860 junto al reducto ‘La Estrella”, a las afueras de Tetuán (Marruecos), durante la Guerra de África.  A la derecha del portaestandarte, desde nuestro punto de vista, galopa el cabo del 2º Pedro Castillo Ramírez, que será recompensado con la cruz de San Fernando por su actuación en este combate. Otro día te cuento la historia de este héroe farnesiano.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

Éste es uno de mis favoritos. Comandante del Regimiento Farnesio, 5º de Lanceros, con el uniforme reglamentario de 1856.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

En muchas de sus obras, Augusto refleja no sólo la elegancia de los uniformes o el terror del combate, sino también el alma de los soldados. En este caso, por ejemplo, vemos la despedida de uno de los lanceros de nuestro Regimiento antes de partir a la Guerra de África (1859 – 1860)

Augisto Ferrer-Dalmau
© Augsuto Ferrer-Dalmau

Otro magnífico jinete de nuestro Regimiento, nacido de los pinceles de Don Augusto. En este caso, un veterano lancero de Farnesio, con el uniforme reglamentario de 1850.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

De nuevo volvemos al siglo XIX. El coronel jefe del Regimiento Farnesio -en esa época era Fernando de Arce Villalpando-  y el portaestandarte, en este caso vestidos según el reglamento de 1862, en el que se sustituía el caso a la romana por el ros, que es la prenda de cabeza que aparece en este óleo.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

¡Venga ahí, ese Farnesio a la carga! en 1861.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

Otra escena costumbrista ambientada también en el siglo XIX. El cruce de un vado, Regimiento Farnesio, 5º de Lanceros.

Augusto Ferrer-Dalmau
© Augusto Ferrer-Dalmau

Éste último ya es posterior, teniente del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, con el uniforme reglamentario de 1909, de la época de Alfonso XIII.

Si estás interesado en conocer algo más de la obra de este genio español de la pintura, nacido en Barcelona en 1964, puedes verla en estos dos enlaces: Augusto Ferrer-Dalmau  Arteclasic

 

Así se nos reconoce

Si en una entrada anterior, te contaba cómo se ve al Regimiento en un plano de situación táctica, hoy toca hacer un poquito de historia tomando como motivo los distintos identificadores que el Regimiento ha lucido desde que, en los años 50, comenzase su conversión en unidad acorazada.

M-47 en la Acera de Recoletos
Un carro de combate M-47, en la Acera de Recoletos de Valladolid, finales de los años 60, supongo.

 

Desde esa época, y hasta la desactivación en 1997 consecuencia de la aplicación del Plan NORTE, los vehículos acorazados de nuestro Regimiento lucían en los laterales el emblema de Farnesio. Ya sabes, la cruz de Borgoña rodeada de una corona de laurel, normalmente sobre dos lanzas cruzadas.

Escudo del RCAC "Farnesio" 12
@JJavier Carrera en Facebook: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10202617063724005&set=g.54760954815&type=1&theater

Tras la organización en 1965 de la Brigada de Caballería “Jarama” I, de la que nuestro Regimiento formó parte durante más de 30 años, se añadió en el glacis de los medios acorazados el emblema de esta gran Unidad de Caballería, como puede observarse en esta fotografía:

Escudo de la BRC "Jarama" I
Un TOA M-113 muestra el escudo de la BRC “Jarama ” I © JJavier Carrera en Facebook: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10202617063724005&set=g.54760954815&type=1&theater

 

Y ahora avanzamos en el tiempo, y nos situamos a caballo entre 2002 y 2003, en la reactivación del Farnesio, como Regimiento de Caballería Ligero Acorazado perteneciente a la División Mecanizada “Brunete” 1. En esta nueva época, nuestros vehículos lucían el emblema de la División, que era un escudo de fondo rojo -gules- con la figura de un carro de combate Panzer IV en color blanco, y las letras D.A. en recuerdo de la antigua denominación de la división como acorazada, asimismo en blanco.

Escudo de la División Mecanizada "Brunete" 1
© Carlos Molero

Por debajo, el rótulo RCLAC 12 en color azul. Cabe recordar que la Brunete estaba formada por tres brigadas – la X, la XI y la XII- y un núcleo de tropas divisionario (NTD), cada uno con un color distintivo: rojo, amarillo, blanco y azul, respectivamente. Puesto que el Farnesio 12 formaba parte del NTD, los rótulos y la numeración iban en su color distintivo, el azul. Del mismo color era el emblema del Arma a la que pertenecía la unidad en concreto, y que se mostraba también en el glacis. A la foto me remito:

Escudo de la División Mecanizada "Brunete" 1
© Carlos Molero

 

Nos vamos ahora al año 2006, en que se publica un Real Decreto de organización y despliegue de las Fuerzas Armadas. ¿Qué consecuencia tiene para nuestro Farnesio? Dado que queda disuelta la División “Brunete”, el Regimiento pasa a depender de la Brigada de Caballería “Castillejos” II, con cuartel general en Zaragoza, aunque continúa acuartelado en la Base Militar “El Empecinado”, en Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

A partir de aquel año, comienza la moda de los distintivos de baja visibilidad -en negro, vamos- que taaaan aburridos son, je, je. Y así, veremos a nuestros vehículos luciendo el emblema de la Gran Unidad (Brigada Castillejos) y debajo las siglas RCLAC 12. El escudo de la Castillejos era el del antiguo Trozo de Milán, heredado por el Regimiento de Lanceros del Rey y, de éste, posteriormente por el de Castillejos. Representa a una serpiente coronada que engulle a un hombre desnudo dentro de una corona entrelazada de laurel. Si eres aficionado a los coches, te sonará, pues está en el escudo de los Alfa Romeo. Se trata del escudo de la familia Sforza, una estirpe de nobles guerreros afincada en Milán a partir del siglo XIV. Aquí lo puedes ver:

Escudo de la BRC "Castillejos" II
© Carlos Molero
Escudo de la BRC "Castillejos" II
© Carlos Molero

 

Un par de años más tarde, en 2008, una modificación en la anterior estructura supone la reasignación del Regimiento, cuya denominación cambia además a Regimiento de Caballería de Reconocimiento, al Mando de Fuerzas Pesadas (FUPER), con cuartel general en Burgos. Seguimos con los aburridos distintivos en negro, dejamos el escudo de la familia Sforza y recuperamos el de la “Brunete”, sin letras y en negro, debajo del cual mostramos ahora el rótulo RCR.12:

Escudo de Fuerzas Pesdas
© Carlos Molero
Escudo de Fuerzas Pesadas
OLYMPUS DIGITAL CAMERA© Javier Lazagabáster / RC “Farnesio” 12

 

El último cambio es de finales de 2016. El Regimiento Farnesio, ahora denominado simplemente Regimiento de Caballería, pasa a convertirse en la unidad de reconocimiento de la Brigada “Galicia” VII, de Pontevedra, que forma parte a su vez de la División “Castillejos”. Así que cambiamos el Panzer IV de las Fuerzas Pesadas por el azor que identifica a la antigua Brigada Aerotransportable. La rapaz va sobre la cruz de Borgoña, que en este caso, si no recuerdo mal, hace referencia a su pasada adscripción (allá por 1992) a la ya desaparecida Fuerza de Acción Rápida (FAR). Pues eso: el azor con la cruz de Borgoña, y por debajo las siglas RC 12.

Escudo de la Brigada "Galicia" VII
© Carlos Molero

Sobre ese escudo, existe una variante, para aquellos vehículos que están asignados a la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad de la OTAN, y que te muestro aquí debajo. El rótulo VJTF-RC 12 viene de Very High Readiness Joint Task Force.

Escudo de la Brigada "Galicia" VII (VJTF)
© Carlos Molero

 

“El hijo del trueno” es nuestro patrón

El 25 de julio es una fecha especial para los que visten el uniforme con las lanzas y los sables al cuello, y para los que sentimos como propio el ‘espíritu jinete’. El apóstol Santiago, el Zebedeo “hijo del trueno” forma parte de la españolidad de España, de su esencia fundacional. Es el patrón de España, el patrón de Galicia. Y el patrón de la Caballería, de nuestra Arma.

La designación de Santiago como patrón de la Caballería se sitúa a mediados del siglo XIX, en 1846, y se le toma como modelo para el militar de Caballería por su acometividad y su carácter fogoso, aquél que viene representado en el mito o en la leyenda del ‘Santiago Matamoros’ que se le aparece en un sueño al rey Ramiro I en la víspera de la batalla de Clavijo descendiendo de los cielos sobre un caballo blanco y acometiendo a las tropas sarracenas espada en mano. Muchos historiadores dudan de la existencia de la misma batalla de Clavijo…; pero, bueno, como decía John Ford: “Print the legend”, hagamos que la leyenda se tome como realidad.

Y en ese fecha, el 25 de julio, las unidades de Caballería celebran su fiesta. En Valladolid, la organización de la parada militar se alterna entre la Academia de Caballería, nuestro Regimiento y el Grupo de Caballería Acorazado “Villaviciosa” XII. La de este año le corresponde a la Academia.

Y hay una parada militar, y se entregan condecoraciones -siempre hay algún amigo o conocido al que felicitar por la recompensa-, y nos acordamos de nuestros caídos, y cantamos el himno de la Caballería (“Caballero español, centauro legendario…“), y desfilan los jinetes; y al final, nos tomamos un vino y charlamos, comentamos anécdotas, nos preguntamos por la vida y recordamos momentos y sucedidos.

Ahí te dejo unos vídeos de la celebración de ayer:

La entrada de la fuerza en el patio de armas de la Academia de Caballería.-

El himno de la Caballería.-

Y el desfile. De nuestro Regimiento es la escuadra de batidores -los siete primeros militares, con las manoplas, las bandas y los ceñidores blancos y los cordones azules-, algunos de los integrantes de la banda de guerra, y el primero de los escuadrones que desfila, tras el banderín rojo, que identifica al 1er escuadrón del Regimiento.