¿Sirvió un descendiente de Mahoma en las filas del Farnesio?

La lectura del historial del Regimiento Farnesio depara, a veces, curiosas sorpresas. Releo una vez más lo que en él se narra sobre el año 1808, y en la víspera de la batalla de Bailén, al relatar el combate de Mengíbar, surge un detalle que recoge el conde de Clonard, en los fastos militares del Farnesio, páginas 298 y 299 del tomo XIV: “El diez y seis, muy de madrugada, emprende la división el movimiento con dirección a Bailén, para reconocer los vados de Andújar, y pasan casi por frente del enemigo los tiradores, las compañías de lanceros de Jerez y Utrera y una fuerte guerrilla de Farnesio, al mando del capitán de este cuerpo, D. Miguel Cherif.

Pronuncian los franceses la retirada, dejando en poder de los lanceros una porción de carruajes, salvándose solo su jefe por la velocidad del caballo. Obtiénese este feliz resultado con poca pérdida aunque muy sensible, siendo el bravo Cherif víctima de una bala de los fugitivos, que le rompió ambas muñecas, y le causó la muerte al día siguiente. Era este capitán muy valiente, instruido y apreciable, y nieto de uno de los dos principales próceres marroquíes que viniendo a España, se bautizaron y obtuvieron del rey Carlos III, una especial protección.

Clonard

Sobre ese combate, hay un relato que firma Teodoro Baró en el semanario ilustrado “La velada”, número 9, publicado el 30 de julio de 1892, que proporciona más pistas sobre el valiente capitán Cherif: “Los de Utrera y Jerez alzaron las picas y encima de ellas, los sombreros y dieron vivas tan fuertes que nadie hubiera dicho que estaban en ayunas, como todos. En la parte opuesta, vi a los franceses que se alejaban con mucho orden, haciendo nutrido fuego de fusilería para apoyar la retirada.

El capitán don Miguel Cherif, nieto de los Cherifes de Tafilete, cuyos abuelos se habían acogido a España, mandaba algunos jinetes de Farnesio; se volvió a nosotros y dijo:- Voluntarios andaluces, ¡a ellos!¡Viva el rey!- Estaba hermoso cuando dijo eso. Los de Utrera y Jerez metieron espuelas a los caballos y yo arrimé al mío unas cuantas patadas, y la caballería se echó encima de los franceses, quienes nos hicieron frente y nos soltaron tal granizada de balas que varios de los voluntarios andaluces quedaron en el campo, y mortalmente herido don Miguel Cherif.

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Lancero de Utrera, armado con la garrocha. © José María Bueno Carrera

En La Gazeta de Madrid (hoy Boletín Oficial del Estado) del día 26 de agosto de 1808, aparece publicado el nombre del capitán de Farnesio en la página 1.087: “En el día 19, murieron el teniente coronel graduado D. Francisco Cornet, sargento mayor del Regimiento de Caballería Farnesio, y el capitán D. Gregorio Prieto; y heridos los ayudantes D. Josef Daguino y D. Antonio Angulo; al teniente D. Joaquín Tornos y D. Nicolás (sic) Cherif, que se hallaba de comandante de la compañía de lanceros, les fueron atravesadas las dos muñecas con una bala de fusil.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el profeta Mahoma, te preguntarás? La clave se encuentra en esa referencia a los “Cherifes de Tafilete”, que así de primeras probablemente te suene a chino. Pero mira qué curioso.

Tafilete, también escrito como Tafilalet o Tafilat, es un oasis enorme que se encuentra al sur de Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, y que ha estado habitado desde antiguo, por encontrarse ubicado en una ruta caravanera que unía el Mediterráno con el centro y oeste de África.

Tafilalet
Oasis de Tafilalet. Foto de http://culturaoasis.blogspot.com/2013/03/los-oasis-de-tafilalet.html

Allí, en el siglo XIII, se estableció un sabio musulmán llamado Muley Hassan-ben-Kassen, cuya historia cuenta Rafael Mitjana en “En el Magreb-el-Aksa. Viaje por Marruecos”, publicado en 1905. Dice Mitjana: “Hacia el año 1266, se había establecido en Sichilmesa, capital de los territorios de Tafilete, un sabio musulmán llamado Muley Hassan-ben-Kassen, que oriundo de la Arabia, se decía descendiente de Hassan-es-Sebt, hijo de Alí y de Fátima y, por consiguiente, de la sangre del profeta (Fátima era una de las hijas de Mahoma, añado yo). Llevaba Muley Hassan una vida retirada dedicada al estudio y la oración, por lo que era tenido en gran consideración y respeto hasta por los mismos Merinidas que habitaban en Sichilmesa. Sus hijos, primero, y después sus nietos, supieron explotar hábilmente la fama de santidad que dejara, y aprovechando el fanatismo de los árabes, se proclamaron señores independientes de Tafilete, y poco a poco fueron extendiendo sus conquistas, llegando a apoderarse de Fez y más adelante, de casi todo el Magreb. Muley Alí Sherif, que murió en 1632, fue el verdadero fundador de esta nueva dinastía de los Sherifes Filalis, que aún hoy día reina en Marruecos, y su nieto Muley Erraxid llegó a reunir bajo su dominio todos los territorios que se encuentran entre el cabo Nun y el río Muluya, pues hasta la misma ciudad de Marrakesh, último baluarte de los Sherifes Hasaníes, se le entregó en 1668.

El término árabe cherife, jerife o xerife se emplea para referirse a los  descendientes del profeta Mahoma, en especial de Fátima y su marido Alí. De ahí que se denominen a veces como fatimíes o alauíes. Y por eso, muchas veces oirás que a Marruecos se le denomina también el “reino alauíta”.

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Chupa y casaca de Caballería de Línea, de la época de la Guerra de la Independencia.

Cabe hacer mención, por otra parte, al Tratado de Paz y Comercio firmado el 28 de mayo del año 1767 entre el marino Jorge Juan, en su condición de embajador del rey Carlos III, y el sultán Mohamed III, de los reinos de Fez, Mequinez, Tafilete y Dráa, lo que nos lleva a relacionarlo con esa mención que hace el Conde de Clonard a Carlos III en su relación de fastos militares que citaba al comienzo.

Bien, pues de esos descendientes de Mahoma (“cherifes”) que se establecieron en el siglo XIII en la ciudad bereber de Sichilmesa -también llamada Siyilmasa, hoy en ruinas- procedía nuestro valiente capitán Cherif, que mandaba a aquellos lanceros de Utrera y Jérez en el combate de Mengíbar, los célebres garrochistas que tanto impresionaron a los franceses días más tarde en la batalla de Bailén, hasta el punto de convertirlos en el elemento que decidió la victoria para las armas españolas.

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Concesión del mando de una compañía del Regimiento de Caballería de Farnesio al ayudante, graduado de capitán, D. Miguel Cherif. En La Gazeta de Madrid, 1807.

En el blog “Cuadernos de Casa Alta”, puedes leer una entrada que, bajo el título de “Memoria del desarraigo – 1808 La guerra“, nos presenta una descripción -entiendo que novelada- del capitán Miguel Cherif: “La cercanía de Don Miguel le daba confianza. Montado en una yegua ruana recorría las filas dando instrucciones. Aquel hideputa los adiestró hasta la extenuación de hombres y bestias durante diez días en el Campo de Consolación. Evolucionando, cargando y retrocediendo para cargar de nuevo. Cuando la artillería disparó salvas por primera vez a fin de que los caballos se hicieran al ruido, el morcillo coceó, intentó derribarlo y sólo la segunda rienda clavándole el serretón hasta hacerlo sangrar consiguió quitarle el pronto cerril. Con maldiciones entre dientes los caballistas se preguntaban cómo podía resistir tanto aquel manojo de nervios, casi una menudencia sobre la ruana. Lejana su juventud militar, esperaba la vejez entre el campo y las mancebías que se extendían por toda la banda morisca. La vida de trueno se llevó sus dientes dejándole una boca tan consumida que los pómulos amenazaban con romper en cualquier momento el cuero de su rostro, donde lucían dos ojillos claros y maliciosos. Los hombres de las marismas y las dehesas admiraban aquel aire entre distinguido y jaquetón de Don Miguel que sabía administrar, con viejo arte, una marchosería autoritaria y paternal.

Comparto, finalmente, un par de menciones más en distintos documentos sobre el capitán Miguel Cherif. Una de ellas aparece en un documento fechado en San Lorenzo el 3 de diciembre de 1798, dirigido al gobernador del Supremo Consejo de Castilla La Real, en el que se le comunica que “el alcalde de Corte Don Luis Meléndez y Bruna me manifestó que, en la causa que está formada sobre las heridas hechas en la noche del 18 de Noviembre último al primer teniente del Regimiento de Caballería de Farnesio Don Miguel Cherif, se necesitaba de la declaración de Don Francisco Carrión…

La otra cita tiene fecha de 27 de febrero de 1807, una publicación de nuevo de La Gazeta de Madrid en la que se informa de que “el Rey se ha servido conceder empleos […] en el de Farnesio compañía al Ayudante, graduado de Capitán, Don Miguel Cherif […]”

 

 

Veteranos – Convocatoria de Asamblea General

El próximo sábado 14 de diciembre, a las 10:00 horas en primera convocatoria y a las 11:00 en segunda, se celebrará la asamblea general ordinaria de la Asociación de Veteranos de Farnesio.

Entre los puntos del orden del día, figuran entre otros la aprobación para dotar la beca del premio “Pedro Castillo”, la colaboración con la revista Memorial de Caballería, publicación institucional del Arma, la propuesta de actividades para el año 2020 o la propuesta de la junta directiva para la modificación de los actuales estatutos.

Si eres socio, te habrá llegado la convocatoria por correo electrónico. Si no lo has recibido, por favor contacta con la asociación en esta dirección: info.veteranosdefarnesio@gmail.com

El día que el Regimiento salvó a los náufragos franceses de Trafalgar

Lunes, 21 de octubre de 1805. Al atardecer, una terrible tempestad se desata en el Golfo de Cádiz, tal y como habían anunciado los marinos españoles. Los buques que horas antes han estado cañoneándose con furia frente al cabo Trafalgar, tratan de capear el temporal o hacerse a algún puerto en el que fondear.

Uno de ellos es un francés, el Fogoso (Fougueux), un navío construido en 1785, de dos puentes y tres palos, 55 metros de eslora, casi tres mil toneladas de desplazamiento y artillado con 74 cañones, con una tripulación de 750 hombres bajo el mando del capitán Louis Alexis Baudouin. En realidad, para esas horas de la tarde, poco queda de ese Fogoso. Situado en la vanguardia del despliegue táctico de la flota combinada hispano-francesa, ha sufrido tremendos daños en el combate de Trafalgar, hasta el punto de quedar completamente desarbolado y sin maniobra. Restan a bordo más de 500 hombres, heridos, además de 30 británicos pertenecientes a la dotación del navío de línea HMS Temeraire, que está tratando de remolcar al Fogoso hacia Gibraltar.

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La batalla de Trafalgar, del pintor francés Auguste Mayer (1805 – 1890)

En un momento determinado, la amarra se suelta; y el Fogoso, sin capacidad de maniobra, queda a merced de la tempestad, sin rumbo, hasta terminar estrellándose contra el islote del castillo de Sancti Petri, que dista poco más de mil metros de la costa. Con el casco destrozado, y numerosas vías de agua, el Fogoso se hunde irremediablemente, llevándose consigo la vida de alrededor de 560 hombres.

Cerca de allí, en lo que hoy es la playa de Camposoto, a las afueras de Cádiz, ocho hombres son testigos impotentes de la tragedia. Son Manuel Quimones, Gabriel Martínez, Manuel Cárdenas, Rafael Moras, Miguel Ponce, Antonio Salamanca, Florentino Aguirre y Antonio María Manso. Manso es alférez, manda una patrulla del Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea. Ponce, Aguirre y Salamanca son cabos, y Quimones, Martínez, Cárdenas y Moras, soldado del Farnesio. Se hallan desplegados, con otras patrullas del Regimiento, en las playas que van desde Sancti Petri hasta Torregorda, prácticamente a las afueras de Cádiz, en cumplimiento de las órdenes de las autoridades militares del departamento, para proporcionar ayuda a los supervivientes de la batalla que puedan lograr llegar a tierra.

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Islote y castillo de Sancti Petri, junto al que permanece hundido el buque francés “Fogoso”. Arriba, a la izquierda la playa de Camposoto, en la que permanecían desplegadas patrullas del Regimiento Farnesio, 6º de Línea. La foto es del blog “Castillo de Sancti Petri”. http://castillosanctipetri.blogspot.com/2015/10/c.html

En medio de la furiosa tormenta que a esas horas descarga implacable en el mar y en la costa, los ocho hombres de Farnesio observan atónitos cómo milagrosamente una balsa improvisada, una jangada, se acerca maltrecha hacia la playa con algunos supervivientes del Fogoso.

El alférez Manso, entonces, ordena a su patrulla introducirse a caballo en las bravas aguas del Atlántico, que en ese momento baten con toda su furia, hasta donde las olas lo permiten, y logran -arriesgando su propia vida- rescatar a dieciocho tripulantes del hundido Fogoso, a quienes llevarán a tierra a lomos de sus cabalgaduras, y una vez allí, les abrigarán con sus propias ropas antes de trasladarles en caballo y calesas a un ventorrillo de las inmediaciones (quizás el Ventorrillo del Chato tal y como sugieren en este enlace), donde a expensas del alférez, se les proporcionará algo de queso, pan y vino. Otros dos supervivientes son rescatados en semejantes circunstancias por otra patrulla, que en este caso manda el alférez José Fernández de Castro.

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¿Fueron auxiliados aquí los supervivientes del “Fogoso” el 22 de octubre de 1805? Vista aérea de las playas de La Cortadura y de Camposoto (al fondo), con el Ventorrillo del Chato en primer plano. La foto viene publicada en Cadiznoticias.es https://cadiznoticias.es/ciudadanos-propone-se-ejecute-sendero-peatonal-ventorrillo-chato-molino-del-rio-arillo/

Días más tarde, el 13 de noviembre de 1805, el coronel del Farnesio, José Manso, que ha estado en la costa de la isla de León dirigiendo a sus hombres, remite un escrito al inspector de la Caballería, Diego Godoy, en el que le explica con detalle las labores que, guiadas por el sentimiento de humanidad, ha ejecutado su Regimiento en la costa gaditana:

Cuando veo dado al público y elevado al superior conocimiento del Señor Generalísimo de Su Majestad el aprecio que ha merecido el Regimiento de Infantería de Zaragoza por la parte con que contribuyó en auxilio de los náufragos de resultas del combate del 21 del próximo mes pasado, y que no se hace mención de la eficacia y esmero con que el Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea que está a mi cargo, no solo fue el primero, sino el único que prestó los socorros más oportunos en favor de los infelices náufragos en toda la extensión de la playa de Levante, que media desde el castillo de Sancti-Petri hasta pasada Torregorda, con dirección a Cádiz: creo de mi obligación deber noticiar a Vuestra Excelencia que todo el Regimiento no descansó en los días y noches subsiguientes al combate, con el muy piadoso de socorrer a sus semejantes y custodiar los efectos que el mar arrojó, según mis prevenciones como jefe del Cuerpo y Comandante de las Armas de que estoy encargado, y que felizmente empezaron a tener efecto en la medianoche del día 22 en que el alférez Don Antonio María Manso, con una de las patrullas que corría la playa, logró sacar de entre las olas, y cuanto permitían meterse con los caballos en el mar, a 18 hombres de la tripulación del navío francés “el Fogoso” o Caballo Blanco, que fue el primero que naufragó en dicha costa, saliendo exánimes, y en cueros los más de ellos, los abrigó con la ropa de los soldados y la suya, conduciéndolos en los caballos a un ventorrillo, y a sus expensas se les suministró vino, pan y queso, siendo conducidos desde allí a Cádiz 15 de ellos. Fueron socorridos igualmente y por otra patrulla 2 náufragos que el alférez Don José Fernández de Castro, sin estar destinado a este servicio por entonces, compareció y se halló en tan buena razón que, recogidos los náufragos, los condujo al cuartel que ocupa su compañía, poniéndoles en carros y dándoles alimentos. De estos primeros acaecimientos, di parte el día 23 al excelentísimo señor comandante general de la provincia, cuya superior atención ocupada en gran cúmulo de asuntos, ni le permitieron contestarme ni tenido presente este particular servicio (aunque propio de su deber) con que ha contribuido dicho Regimiento; bien notorio al excelentísimo señor comandante general de dicho departamento, a los demás generales que aquí residen, y toda esta población, como diariamente me lo han manifestado, en elogio de la oficialidad y tropa, como testigos oculares de su incesante trabajo en la playa, conduciendo en sus caballos y calesas cuantos lograron salir a la orilla del mar y custodiando los fragmentos y efectos de los navíos perdidos, que hasta este día continúan en este encargo. Y aunque estos hechos por su publicidad no necesitan de prueba, el adjunto oficio del excelentísimo señor Don Juan Joaquín Moreno, comandante general de este departamento, dará idea a Vuestra Excelencia de lo que expongo en esta única representación para conocimiento de vuestra excelencia y que tenga la bondad de elevarla al del excelentísimo señor generalísimo para los efectos que gradúe la alta penetración de vuestra excelencia, y no carezca este Cuerpo que tengo la honra de estar a su cabeza (como vuestra excelencia a la de todos) de la satisfacción que le resultaría no viendo sepultado en el olvido o silenciado el cumplimiento en sus deberes en crédito de su celo para el mejor servicio del Rey y del Estado. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. En la Isla de León, 13 de noviembre de 1805.

Carta del coronel Jose Manso
Copia de la carta del coronel del Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea al inspector de la Caballería, Diego Godoy, con fecha 13 de noviembre de 1805. Se encuentra depositada en la biblioteca de la Real Academia de la Historia.

Posteriormente, el 22 del mismo mes, es el comandante militar del departamento de Cádiz, Juan Joaquín Moreno de Mondragón y D’Hontlier, quien dirige un escrito, en este caso, al mismísimo “Príncipe de la Paz”, Manuel Godoy, en el que se refiere a las labores desempeñadas por los oficiales y tropa de los Cuerpos de Infantería y Caballería del Ejército, y destaca que “todas las tropas que se emplearon en el socorro de los náufragos en estas costas, han desempeñado a porfia sus deberes con la mayor actividad, constancia, patriotismo y humanidad”. Entre ellas, cita a las patrullas del Regimiento de Farnesio, 6º de Línea, en Sancti-Petri.

Gracias a la colaboración del Archivo Militar de Segovia, es posible acceder a las hojas de servicio de tres de aquellos ocho hombres que componían la patrulla del Farnesio que socorrió a los franceses supervivientes del “Fogoso” en tan infernal jornada, así como la del alférez Fernández de Castro:

Antonio María Manso.- Nacido en el país de Castilla La Vieja en 1784, ingresa en el Regimiento Farnesio, 6º de Línea como cadete el 16 de julio de 1796. Asciende a portaestandarte el 28 de enero de 1801, a alférez el 16 de marzo de 1804 y a teniente, el 23 de julio de 1808. Obtiene el grado de capitán el 11 de agosto de 1808 y el empleo de ayudante el 30 de abril de 1809. Obtiene el grado de teniente coronel el 3 de julio de 1809 y el empleo de capitán efectivo el 26 de septiembre de 1809.

En su hoja de servicio fechada en 1812, se dice que era de calidad conocida y buena salud. De valor acreditado, de mucha capacidad y aplicación, y de buena conducta.

Toma parte en la Guerra de las Naranjas en Portugal en 1801; y posteriormente en la Guerra de la Independencia contra los franceses. Su hoja de servicio detalla que, en esta campaña, participa en los primeros combates contra el invasor en julio de 1808 en Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar y en la victoriosa batalla de Bailén. Estará además en las operaciones en La Mancha en 1809, incluida la batalla de Ocaña. Forma parte del escuadrón maniobrero del Regimiento, que protege a las fuerzas españolas que se repliegan por el Camino Real hacia Sierra Morena, en especial un batallón de las Reales Guardias Españolas que, en formación de cuadro, viene defendiéndose de la Caballería francesa. Siguió en el repliegue del Ejército español hacia los reinos de Jaen y Granada, desde donde, sin recibir ninguna orden en concreto, se traslada a la isla de León para quedar como agregado en el Regimiento de Caballería de Calatrava.

Bailén 1808
La batalla de Bailén, de Augusto Ferrer-Dalmau

Obtuvo el retiro en clase de agregado en la plaza de Cartagena, con un sueldo mensual de 336 reales y 22 maravedíes, causando baja en el Regimiento Farnesio en la revista de agosto de 1812.

Antonio Salamanca.- Este soldado de Farnesio nace en Santaella (Córdoba), e ingresa como soldado el 10 de junio de 1799. Siempre en el Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea, asciende a cabo 2º el 15 de febrero de 1803, y a cabo 1º poco más de un año después, el 24 de noviembre de 1804. Su último ascenso, a sargento 2º, tiene fecha de 1 de mayo de 1809.

Consta en su hoja de servicio que era de calidad honrada y tenía buena salud.

Entre sus méritos de guerra, figura su participación también en la Guerra de la Independencia, que comienza en mayo de 1808. Está presente en las mismas batallas iniciales que su alférez Manso: Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar, Bailén. Sigue con el Regimiento hacia Madrid y Navarra, y posteriormente combate en numerosas acciones y reconocimientos en La Mancha (Minaya, Yebenes, Ciudad Real, Consuegra, Mora, Villamanrique del Tajo, San Clemente, Almonacid, Ocaña…) Forma parte del escuadrón maniobrero del Regimiento, y asiste a la sorpresa de Torralba el 28 de junio de 1809. Además, participa también en las operaciones de protección de la retirada hacia Sierra Morena y los reinos de Jaén, Granada y Murcia, de las que se menciona su participación en la acción de Baza el 3 de noviembre de 1810.

Figura en su hoja de servicio que deserta con armas, caballo e intereses el 13 de marzo de 1812.

Florentino Aguirre.- Nacido en Rueda (Valladolid) en 1782, sienta plaza como soldado del Regimiento de Caballería Farnesio, 6º de Línea el 14 de abril de 1800. Asciende a cabo 2º el 17 de marzo de 1804 y a cabo 1º el 13 de marzo de 1806. Su siguiente promoción, a sargento 2º, está fechada el 14 de septiembre de 1808, pero ya como integrante del Regimiento de Granaderos a Caballo de Fernando VII, en el que también asciende a sargento 1º el 14 de mayo de 1809.

Caballería
Oficial de Caballería de Línea (1807), de Augusto Ferrer-Dalmau

De él, se informa en su hoja de servicio que era de calidad honrada y salud robusta. De valor acreditado, regular aplicación, suficiente capacidad y buena conducta. En 1810, andaba soltero.

De sus méritos militares, habla su hoja de servicio que participa en la Guerra de las Naranjas de 1801, y en la Guerra de la Independencia, también en los combates de Villanueva de la Reina, Mengíbar y Bailén, en los que fue herido dos veces. En esta campaña, toma parte también en las operaciones en La Mancha.

Vuelve al servicio en Valladolid en el año 1834, tras ser nombrado de oficio por el marqués de Nevares como teniente para el mando de una compañía de Caballería de los Cuerpos Francos de Seguridad para perseguir a las facciones carlistas en Castilla La Vieja. En este servicio, permanece durante dos años, antes de ser propuesto para tomar el mando como comandante del Escuadrón Franco de Burgos del Ejército de Operaciones del Norte en 1837, tras la revista de inspección que le pasa el brigadier D. Antonio González Anleo, que encuentra al escuadrón en estado de “completa desorganización patentemente demostrada por la revista de inspección.”

…los empleos de Plana Mayor de los cuerpos francos han de recaer en individuos que hayan servido en el Ejército, y que tras consultar su hoja de servicio, pasada por el capitán general de Castilla La Vieja, se observa que sólo lo ha hecho en el escuadrón franco de Castilla La Vieja.

Entre la documentación anexa a la hoja de servicio de Florentino Aguirre, se conserva la respuesta, con fecha 27 de mayo de 1837,  que el Inspector General de la Caballería, Valentín Ferraz, da a la propuesta del nombramiento hecha por el General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte, denegándolo con el argumento de que los empleos de Plana Mayor de los cuerpos francos han de recaer en individuos que hayan servido en el Ejército, y que tras consultar su hoja de servicio, pasada por el capitán general de Castilla La Vieja, se observa que sólo lo ha hecho en el escuadrón franco de Castilla La Vieja.

Bataille_d'Ocaña,_19_novembre_1809
La batalla de Ocaña

No obstante, da la impresión de que finalmente sí fue nombrado comandante jefe del escuadrón de Burgos, pues se conserva otro escrito, en este caso del Ministerio de la Guerra, dirigido al capitán general de Castilla La Nueva, que dice:

“He dado cuenta a Su Majestad la Reina Gobernadora del expediente instruido en este Ministerio de mi cargo sobre la instancia de Doña Juana de Raxoy, viuda de D. Florentino Aguirre, comandante que fue del escuadrón franco de Burgos, en solicitud de que se le expida el Real Despacho de aquel empleo, que debió ser extendido  a favor de su citado esposo. Enterada Su Majestad, y en vista de la propuesta que hizo el Señor General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte consultando al expresado D. Florentino Aguirre para el referido empleo de comandante de dicho escuadrón, se ha dignado Su Majestad aprobar este empleo y mandar se expida a la interesada el competente Real Despacho con la antigüedad de 17 de marzo de 1837. De Real Orden, lo traslado a Vuestra Excelencia para su conocimiento a su oficio del 17 del actual. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid, 27 de marzo de 1839. Alaix.”

José Fernández de Castro.- Nacido en Tarrasa (Cataluña), en 1785, ingresa como cadete el 16 de junio de 1797 en el Regimiento de Caballería del Algarve, para pasar al de Farnesio tras su ascenso a portaestandarte el 21 de agosto de 1802. Alférez el 6 de noviembre de 1804, adquiere el grado de teniente el 11 de agosto de 1808 para serlo efectivo el 16 de septiembre siguiente. El 9 de marzo de 1809 logra el grado de capitán, y asciende a ayudante el 30 de abril de 1809. Como capitán efectivo es nombrado el 19 de octubre de 1809. Aparece en su hoja de servicio como retirado el 30 de septiembre de 1809 y vuelto al servicio el 1 de julio de 1814.

A finales de 1814, se le reconoce como oficial de valor acreditado, mucha aplicación y capacidad y buena conducta. Un hombre casado, de calidad noble y robusta salud.

1808
Este era el aspecto de los jinetes del Regimiento de Caballería de Farnesio, 6º de Línea en 1805

En cuanto a sus méritos militares, figura su participación en la Guerra de la Independencia de 1808, al igual que sus compañeros de peripecia en las playas de Cádiz. En las primeras acciones en Villanueva de la Reina, Arjona, Mengíbar y Bailén, así como en las operaciones en el Ebro y posteriormente también en La Mancha, siendo en las más de las ocasiones comandante de la guerilla del Regimiento. Gravemente herido en la batalla de Ocaña el 19 de noviembre de 1809, es cogido prisionero y trasladado a un hospital de Madrid, desde el que posteriormente se escapa y se reintegra al Ejército.

Anexo a su hoja de servicio, figura un documento fechado en 1819 del que se deduce que José Fernández de Castro, por aquel entonces teniente coronel, solicitaba su ascenso a coronel, justificándolo en que no se había tenido en cuenta su comportamiento en la acción de Villamanrique, en la víspera de la batalla de Ocaña, en la que se le dio por muerto.

Según la documentación de la época que se cita en el expediente, el coronel del Farnesio informa de la muerte en Ocaña de Fernández de Castro al general Lacy, a cuyas órdenes se hallaba en ese momento; y que posteriormente, el 5 de junio de 1810 da el coronel un nuevo parte según el cual “el dicho oficial arribó a la playa de Valencia habiéndose fugado de entre los enemigos en Madrid, y se hallaba curando de las heridas que recibió.” Añade que la vacante de ayudante de Fernández de Castro está ya ocupada por el capitán Gaspar Fernández de Bobadilla, pero que puede, sin embargo, pasar a mandar la tercera compañía del Regimiento, que es la que tenía antes de caer prisionero, y así fue aprobado.

La marcha de los Ingenieros
“La marcha de los ingenieros”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El Regimiento de Ingenieros Minadores fue la primera unidad militar española que se levantó en mayo de 1808 contra la invasión francesa.

En agosto de 1811, por estar inútil de resultas de sus heridas en acción de guerra, solicita el retiro, para lo que se le apoya la instancia con el sueldo y grado de teniente coronel, empleo éste último que sin embargo, no obtiene.

El caso es que, bien porque hubiese mejorado de sus heridas o no disfrutase en esa situación de retiro, se presenta de nuevo ante el general Lacy, quien lo agrega a su ejército en calidad de capitán vivo de Caballería y lo elige como su ayudante de campo, decisión que aprueba posteriormente el Gobierno por Real Orden de 27 de mayo de 1813.

En 1814, solicita se le expida un nuevo real despacho de capitán del Regimiento Farnesio; sin embargo, el Gobierno entiende que no se encuentra ya en estado de continuar en servicio, por lo que se considera muy conveniente, por el contrario, que se le expida de nuevo su real despacho de retiro, con destino en la ciudad de Burgos, “con opción también a la futura del empleo de Administrador de Correos de dicha ciudad, conforme tenía solicitado”. A consecuencia de este informe, en 3 de junio de 1815 obtuvo Castro el retiro y agregación al Estado Mayor de Palma, en Mallorca, como también el grado de teniente coronel. Y después se le dio esta gracia al Estado Mayor de Valladolid, con permiso de residencia en Burgos.

Por todo ello, el Ministerio de la Guerra, con fecha 13 de diciembre de 1819, entiende que ya se han reconocido los méritos de guerra del teniente coronel José Fernández de Castro al pasarle a la situación de retiro con el sueldo de 900 reales mensuales y el ascenso a teniente coronel, no considerándose, pues, de justicia su ascenso a coronel.

Cruz de San Fernando de 1ª clase

Finalmente, figura un apunte en la hoja de servicios de Fernández de Castro, fechado en 1821, según el cual el 1 de agosto, “reclamó la Asamblea de la Orden de San Fernando la hoja de servicios de este oficial para poder calificar el mérito que había contraído para hacerse acreedor a la cruz de dicha orden que pedía.”

Cruz de San Fernando
Cruz de San Fernando, de 1ª clase, sencilla. La foto es de la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa. http://bibliotecavirtualdefensa.es/BVMDefensa/i18n/consulta/registro.cmd?id=40073

Y en efecto, en la recopilación de caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando, publicada en 2011 por el Ministerio de Defensa, aparece en el volumen I del Arma de Caballería el capitán José Fernández de Castro, como poseedor de la cruz de 1ª clase, sencilla, concedida por Real Cédula de 19 de octubre de 1822, por su valor y las heridas recibidas durante la Guerra de la Independencia.

Jose Napoleon
El rey José Bonaparte en Cádiz, de Augusto Ferrer-Dalmau

El coronel José Manso continuaría unos años más al mando del Farnesio, 6º de Línea, hasta febrero de 1809, en que aquejado de una grave enfermedad, pasa a convalecer en Linares (Jaén), donde moriría pocos días después.

En cuanto al navío Fogoso, en los años 90 un buceador se topó por casualidad con lo que terminó por ser el pecio a nueve metros de profundidad. En estos años, se han realizado varias campañas de arequeología submarina que han sacado a la superficie objetos variados del buque. Lo puedes ver en este enlace de la revista National Geographic.

Por último, una petición personal. Si te animas, tal vez podías hacer realidad aquel deseo para su Regimiento Farnesio que el coronel Manso expresaba en su carta de 1805 -“la satisfacción que le resultaría no viendo sepultado en el olvido o silenciado el cumplimiento en sus deberes “- y difundir esta pequeña historia dentro de tus posibilidades 😉

 

 

 

“Farnesio, por España, cabalga y carga”

Ese es el título del último cuadro que ha pintado el gran Augusto Ferrer-Dalmau. Lo ha entregado hace unas horas al centenario Casino de Madrid, de una de cuyas paredes cuelga ya para siempre. Una vez más, Ferrer-Dalmau ha dedicado sus pinceles al Regimiento Farnesio, en este caso a un lancero del Regimiento de Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería, con el uniforme reglamentario de 1860, a poco de concluir la Guerra de África. Puedes leer aquí una reseña del acto, del diario ABC

Así que aprovecho este momento para, por una parte, destacar la espléndida presentación organizada por el Casino de Madrid, llena de elegancia y de buen gusto. Por otra parte, la vibrante exposición que el coronel Soto hizo de su Unidad, el Regimiento Farnesio, que arrancó una prolongada ovación del público a su conclusión. Y por supuesto, el espectacular lancero a la carga que Don Augusto ha inmortalizado ya para siempre con el número 5 del Regimiento en el cuello de este veterano de guerra que, desafiante, embraza la lanza dando frente al enemigo.

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Presentación del cuadro “Farnesio, por España, cabalga y carga” en el Casino de Madrid. @ Embajada de Rusia en Madrid

Y ya de paso, pues recupero una carta de aquella época, de aquella guerra, que aparece mencionada en la página 187 de libro “Crónica de la Guerra de África”, que firman los señores D. Emilio Castelar, D. Francisco de Paula Canalejas, D. Gregorio Cruzada Villaamil y D. Miguel Morayta:

“El bravo coronel del regimiento de Caballería de Farnesio, marqués de Casa-Alta, ascendido a brigadier, ha recibido la siguiente carta, que con la mayor complacencia publicamos:

«Señor coronel del Regimiento de Farnesio, quinto de caballería, primero de lanceros.- África.- Muy señor mío y de todo mi respeto: Espero será V.S. tan amable que me dispensará al tener la osadía de molestarle; pero teniendo un hijo en el tercer escuadrón de su respectivo mando, que con el mayor placer mío está blandiendo su lanza contra las huestes musulmanas y al lado de su valiente y aguerrido coronel, el que con tanta bravura, decisión y arrojó cargó dichas huestes por varias y reiteradas veces, siendo el asombro y terror de los agarenos, llenando de gloria nuestras armas españolas y el reinado de nuestra escelsa  reina Isabel II.

Mi hijo Juan Martín, que, como dije a V.S., se halla en el tercer escuadrón, hace mes y medio no tengo noticia de si es vivo o muerto, pues desde la batalla del 1º de enero no he vuelto a saber nada de él, y espero de su bondad se sirva (si es vivo) decirle que escriba a su padre, y si es muerto, tendrá V.S. la bondad de participármelo: que si bien es cierto que al amor de padre es natural el sentimiento y desgracia de un hijo, no por eso crea V.S. me arredraré. Sí, lo sentiría, como que es un hijo de mis entrañas; pero al menos tendré el orgullo de manifestar que murió con gloria en los campos de Tetuán, defendiendo a su reina y a su patria, vilmente ultrajada por esos caribes africanos.

Tengo setenta y cuatro años, y si llegase el caso me vería V.S. ocupar el puesto vacante de mi querido hijo (dado caso fuera muerto), y acometer a la morisma con tanto ardor y arrojo como pudiera hacerlo un joven de veinticinco años; pues aunque sexagenario, corre por mis venas la sangre de los Cides y Pelayos, y ayudado de mis pocas fuerzas tendría el honor de contribuir a la realización del testamento de la augusta reina Isabel I para ayudar a su cumplimiento a nuestra soberana Isabel II.

Creo, señor coronel, será V.S. tan amable que me contestará lo más pronto que le sea posible, pues si V.S. tiene hijos y están ausentes, puede echar una ojeada y ver lo que padecerán al no saber de su señor padre.

Con este motivo, etc.- Alejo Martín.- Cantalapiedra, 14 de febrero de 1860.»

Apenas leyó este patriótico y sentido escrito el valeroso Marqués de Casa-Alta, a quien iba dirigido, contestó al desconsolado padre diciéndole que su hijo Juan Martín, no sólo continuaba en el mejor estado de salud, sino que se había portado tan bravamente que estaba propuesto para una cruz.”

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“Farnesio, por España, cabalga y carga”. © Embajada de Rusia en Madrid

Veteranos – Visita al RC “Farnesio” 12

El viernes 14 de junio, un grupo de integrantes de la Asociación de Veteranos del Regimiento Farnesio visitó las instalaciones del Regimiento en la Base Militar “El Empecinado”, en Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

Visita de veteranos al Regimiento

Los veteranos fueron recibidos por el coronel del Regimiento Farnesio, Juan José Soto, quien hizo una exposición pormenorizada de aspestos relacionados con el personal, la orgánica y los materiales con que cuenta actualmente el Farnesio, así como las expectativas a medio plazo.

Además, personal del Regimiento Farnesio presentó a los veteranos de la Unidad los distintos sistemas de simulación para instrucción del combatiente con los que cuenta el viejo Tercio de Hessen-Homburg, y los proyectos en que, sobre esta materia, se trabaja en la actualidad, siendo de gran interés para los allí reunidos.

Visita de veteranos al Regimiento

V Carrera de combate “Lanceros de Farnesio”

Dentro de los actos organizados con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, el Regimiento de Caballería “Farnesio” 12 desafió a medio millar de deportistas a tomar parte en la quinta edición de su Carrera de combate, en los terrenos de la Base Militar “El Empecinado” de Santovenia de Pisuerga (Valladolid).

V Carrera de combate "Lanceros de Farnesio"
La foto es de uso libre. © Carlos Molero

Se trata de un recorrido de unos 6 kilómetros, que puede hacerse de manera individual o por binomios (masculino, femenino y mixto), jalonados por distintos obstáculos que ponen a prueba la habilidad, resistencia, sufrimiento (y también la paciencia) de los corredores, bajo el lema “Tierra, agua, fuego… acero”. En este enlace, puedes conocer en qué consiste la prueba y a qué te reta el Regimiento más antiguo de la Caballería española:

V Carrera de combate “Lanceros de Farnesio”

V Carrera de combate "Lanceros de Farnesio"
La foto es de uso libre. © Carlos Molero

Ahí va la galería de imágenes, ¡que las disfrutes!

Escuadrón “Deus ex machina” en San Gregorio

Deus ex machina: según el diccionario de la Real Academia Española, “persona o cosa capaz de solucionar, sin dificultad aparente, todo tipo de situaciones.”

Esta entrada del blog está dedicada a esas personas precisamente. Y va dirigida a aquellas otras que no están puestas en la materia o a quienes, como yo, les sorprende que, en medio de la nada, parezca haber solución para todo tipo de situaciones. Doy por hecho que a quienes visten el uniforme, lo que cuente aquí ahora no les llamará la atención, por cotidiano. O incluso les hará gracia que me llame la atención. Bueno, ahí vamos.

Y vamos, lo primero, a comer. A las 14:30 más o menos. En medio de ninguna parte, literal. Me suena que debemos de estar cerca de la caseta de Cativiela, o de Antolín, pues alguien lo ha mencionado en algún momento. Una hondonada solitaria, áspera y desapacible en la que, por contraste, se destaca un almendro ya en flor a cuyo alrededor se oye el zumbido de un enjambre de abejas. Y uno se pregunta: ¿qué diablos comeremos aquí? ¿Nos caerá el maná del cielo, como a extraviados israelitas en el desierto?

CNMT "San Gregorio" 2019
Primero, segundo y postre. © Carlos Molero

Nada de eso. Aparece un vehículo ligero, un Aníbal del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, cuyos rancheros han echado la mañana preparando las alubias blancas, la carne con arroz y la fruta que todos, en fila disciplinadamente, recogemos en esas típicas bandejas de metal que forman parte de la iconografía de unos días en el campo de maniobras.

CNMT "San Gregorio" 2019
Municionando los Centauros.

O nos vamos al Puig Amarillo, a un ejercicio de tiro. Pero para disparar, hace falta munición. ¿Se ha acordado alguien de traerla? Por supuesto que sí. Cuando el escuadrón ligero acorazado se concentra en la caseta de Curdi para municionar, allí están ya los camiones del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que se ha encargado además previamente de pasarse por el polvorín del campo de maniobras a por los lotes correspondientes.

O volvemos ya con la noche encima al vivac, con una cierta preocupación por todo el combustible que hemos gastado moviéndonos el día entero de acá para allá. ¿Quien dijo preocupación? En el mar de luces que nos acoge ya desde lejos en la Hoya del Borracho, se distinguen, aisladas a unas decenas de metros lejos de las tiendas de campaña, las naranjas laterales de una de las cisternas del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, que envuelta en el paisaje negro aguarda para dar de beber a los sedientos blindados.

CNMT "San Gregorio" 2019
¿Marte?¿Venus? No, San Gregorio. © Carlos Molero

Y cuando uno de ellos se pone malo, o no puede arrancar, o su motor carraspea o se ve envuelto en una humareda de origen incierto, para allá que van los especialistas del escuadrón de Plana Mayor y Servicios, a hacerle el diagnóstico y tratar de dar solución a otra situación inesperada en medio de esta nada. Y si quien necesita ayuda es un humano, ¿qué? Pues también hay solución, por supuesto. El personal sanitario del escuadrón de Plana Mayor y Servicios tiene un dispensario -que tendrá un nombre técnico en la jerga militar, seguro- para atender achaques, enfermedades, traumatismos… Y si la cosa se complica, al hospital militar de Zaragoza.

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Una de las ambulancias de que dispone el RC “Farnesio” 12 © Carlos Molero

Y tras un día de campo, hasta se agradece entrar en una de esas tiendas de campaña que sirven para todo que monta el escuadrón de Plana Mayor y Servicios, y sentarte en un banco de liso, gris y frío metal para que la memoria comience a decantar lentamente, como los buenos vinos de reserva, los recuerdos, los momentos, las emociones, las imágenes…

La Psicología suele vincular el color azul con las ideas de serenidad, de calma, con el control de las situaciones, con la protección, con la seguridad. Tal vez por eso sea el azul el color con el que se identifica al escuadrón de Plan Mayor y Servicios.

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Banderín azul, del escuadrón de Plana Mayor y Servicios © Carlos Molero